Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


martes, 26 de noviembre de 2013

FACTURAS PAGADAS



Todo pasa factura. La vida misma lo hace. Hay veces que estás facturas están dentro de nuestras posibilidades. Otras nos permiten holgadamente seguir adelante y en algunas ocasiones, nos sobrepasan.
Todo tiene un precio que se desprende del valor que tenga lo que nos sucede en el instante que lo vivimos. Nada queda sin pagar, tarde o temprano. Es sorprendente como la vida nos compensa o nos exige el pago. Éste puede aplazarse, a veces si estamos decididos a efectuar los cambios que la liquidación exige, otras no podemos con la carga y quedamos empeñados para siempre.
Ahí, en ese ámbito de débitos, están todos los que se refieren a las acciones en contra de otros. A los malos modos, a las zancadillas, a las traiciones y las formas mezquinas y deshonestas. Para algunas cosas la vida es corta, muy corta por larga que sea; para otras, demasiado dilatada.
Es curioso cómo nos demuestra que el que estaba arriba vuelve  a la base, que el que está en la ladera puede escalar deprisa, que quién fue menospreciado llega al valor que le negaron y que sobre todo, el que debe amor, empatía, solidaridad o compasión pagará seguro, de una forma u otra. Lo hará. Es una ley inexorable que no puede evitarse. No se trata de una revancha de la existencia, ni de un castigo caído del cielo. Consiste en pagar facturas que están pendientes y en la Ley de la compensación y la proporción simétrica.
Todo en la naturaleza y en el cosmos tenderá siempre a la armonía y el equilibrio homeostático. Por mucho que nos empeñemos en caminar por una línea equivocada, la vida nos devolverá a la nuestra y lo hará a través de lo que tenga a mano para encaminarnos de nuevo por aquello que fue diseñado por y para nosotros.
No podemos negarnos a contribuir con pedazos de emoción a lo que debemos al resto. Es sencillo. Miremos dentro de cada uno y en absoluto silencio, cerremos los ojos y repasemos el camino hasta donde nos encontramos. Mirémonos de frente. Repasemos nuestros fantasmas, los muertos dejados atrás y los heridos que caminan al lado.
Sepamos al instante qué responsabilidad tuvimos en ello. Ese reconocimiento pagará gran parte de las facturas debidas porque en él existe un principio de fusión en la comprensión de lo que nos ha pasado y con quién, que debemos y qué nos deben y si realmente estamos dispuestos a resarcir nuestra deuda y con eso nos sentimos sobradamente confortados. En definitiva, cada cual debe pagar las suyas por lo tanto es ridículo el rencor, la envidia o el resentimiento.
No vale la pena. Solo podemos y debemos ocuparnos de lo nuestro. Ya es bastante.

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