Solemos pensar que la base del éxito está, fundamentalmente, en la inteligencia. Creemos que si no se nos dan bien las matemáticas o cometemos faltas ortográficas e incluso nos expresamos con demasiada sencillez, estamos en la media del umbral de la inteligencia y por tanto nos consideramos en la base de la normalidad. Sin embargo, el concepto de inteligencia está cambiando sustancialmente. Una cosa es ser inteligente para estudiar, más capaz de retener, de evocar lo estudiado, de responder con rapidez etc…y otra muy distinta es la habilidad para movernos por la vida. Por ello, en la actualidad, el concepto de inteligencia no se liga a la memorización, a la rapidez lógica, ni a la grandilocuencia verbal, sino a la “capacidad de la persona para resolver problemas”.
Ahora se comienza a aludir al concepto de inteligencias múltiples. No es conveniente recurrir a una sola inteligencia global y definitoria, sino que podemos tener desarrolladas otras muchas dimensiones de lo inteligente y con ellas ser operativos en la vida y salir airosos de las dificultades que nos proponga.
Podemos no ser capaces de memorizar una larga serie numérica o de orientarnos en el espacio con lentitud y poca destreza, pero sin embargo, podemos tener muy desarrollada la inteligencia social, o la emotiva o la verbal. Todas aquellas cualidades que contribuyan a resolver con agilidad y acierto los problemas cotidianos, nos hacen inteligentes.
En muchas ocasiones, no hemos creído en nuestra capacidad mental y tememos enfrentarnos con situaciones nuevas pensando que no seremos capaces de superarlas con éxito. Puede incluso, que nos hayan convencido desde la niñez de que no somos inteligentes, de que nuestra normalidad raya la simpleza y de que nunca seremos nada importante. Puede que nuestra autoestima esté dañada por ello y nos hayamos creído que es así y convencidos …vivamos ejecutando ese papel.
Necesitamos una revisión del concepto de lo que somos. Examinémonos. Pensemos en nuestra capacidad de enfrentarnos a los problemas, en nuestra fortaleza para encontrar soluciones y llevarlas a cabo, en nuestra determinación para continuar en la lucha…y después convenzámonos de que poco importa saber más o menos matemáticas para saber a ciencia cierta que verdaderamente SOMOS INTELIGENTES. Todo nos irá mejor cuando estemos convenidos de ello.