Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


lunes, 28 de mayo de 2012

EL VALOR DE LOS SUEÑOS

No hay más remedio que soñar. Hacemos la vida demasiado complicada para que podamos vivir sin sueños que nos ayuden a pasarla.
Muchas veces podemos pensar que enredarnos en los oníricos devaneos de la mente equivale a alejarnos de esa realidad cuyo apego ha constituido un valor añadido a la sensatez. Sin embargo, no nos damos cuenta que soñar es imprescindible para salvarnos del agotamiento que conlleva el sufrimiento.
Los sueños siempre son una vía creativa de reconstrucción de las emociones curativas que debemos manejar para sanar las enfermedades del alma.
Podemos mantener un coqueteo con la fantasía y soñar despiertos o jugar a media luz,  con la ilusión y recrear anhelos, rescatar  voluntades o sofocar desánimos. Podemos hacerlo a plena luz del día o en la intimidad de la noche con los ojos abiertos.
Para soñar no es necesario estar dormidos. Basta alejarnos de lo contingente  e idear un mundo solo nuestro donde dirigimos nosotros. Posiblemente, es el único espacio en el que los acontecimientos se suceden en cascada desde lo imposible hasta lo posible, desde lo estático a lo animado, desde el dolor hacia el placer.
Sin sueños no podríamos resistir la vida. La percepción de lo que sufrimos es tan poderosa e invasiva que si nos pidiesen que hiciésemos un balance sobre nuestra existencia, aun sin ser demasiado escabrosa, tendríamos la sensación de que lo bueno era más bien escaso.
Los otros sueños, los que se producen mientras dormimos, esos que parece que no podemos controlar, son grandes maestros si sabemos recibir sus mensajes.  
         Todo lo que en ellos aparentemente no tiene sentido, encaja a la perfección en el escenario de la biografía de nuestros temores, inseguridades e incertidumbres. Si logramos encontrar el hueco que les corresponde podremos entender el mundo y entendernos mejor cada día.
Aprender a soñar despierto,  debería ser una materia obligada desde la escuela. Seguro que lograríamos, a través de ello, sacudirnos los complejos, las trabas mentales y las ideas paralizantes que nos infravaloran tanto ante nuestros propios ojos.
Hay que atreverse a soñar y a hacerlo tanto como nos apetezca.
Es, sin duda, un medio seguro para deslizarnos por la felicidad.

domingo, 27 de mayo de 2012

CUANDO EL CORAZÓN NO ENTIENDE

Nada es peor que el corazón no comprenda, porque él también tiene su inteligencia y se rige por la lógica de los afectos, que no es menos razonable que la del intelecto.
Ante una situación dolorosa que no aceptamos, uno siempre debe comenzar por el dolor que causa en el interior. Por ese malestar del alma que se queda pegado a las entrañas como si quisiera absorberlas y desintegrarlas. Como si estuviese dispuesto a arrancarnos a pedazos la piel del corazón para hacerse un escudo de victoria frente al maltrecho órgano.
Cuando no comprendemos lo que nos está sucediendo damos rienda suelta a la ira, a la tristeza y al decaimiento y nos rendimos ante la soledad del que ha sido abandonado sin explicaciones ni piedad.
Entender el porqué, aunque nos duela, es menos trágico que asumir un dolor sin sentido. Por eso debemos esforzarnos en determinar lo que de nuestra parte hay en ese mal y sobre todo, advertir aquello que es ajeno a nuestra voluntad pero que los otros no han podido evitar en él.
A veces esta especie de digestión afectiva lleva un tiempo. Mucho tiempo, en algunos casos, pero siempre supone un avance en la percepción de lo válido y de lo inaceptable que hay en cada uno.
No se trata de cambiar el rumbo de los acontecimientos.   Lo que termina, termina irremediablemente, la mayoría de las veces. No podemos girar las manillas del reloj, ni desdoblar el calendario hacia atrás para volver a un tiempo que ya no es nuestro. Lo único que está de nuestra parte es la posibilidad de disponer el corazón para volver amar. Pero eso sí, cada vez con una incondicionalidad mayor; cada vez con un agujero menos por donde poder colarse la traición, el engaño o la falsedad.
Comprender significa volver a mirar lo que ya habíamos visto para divisar nuevos matices que habían quedado ocultos a nuestra percepción y con ellos formar un arco iris que dibuje una sonrisa abierta en nuestra alma. 
Aceptando lo que llegue; esperando lo que debemos aceptar.

DOMINGOS LITERARIOS

PREGUNTAS...

No sé... dónde te has ido, ni sé que manos acariciarán las tuyas, ni que rostro te mostrará su sonrisa…
No sé... por qué te has ido, ni sé que preguntas te habrás hecho, ni que respuestas no te habrán llegado…
No sé... cuándo te he perdido, ni sé por cuántas horas me has dejado, ni siquiera cuántos minutos han pasado en tu ausencia…
No sé... cuánto te he extrañado, ni si tu vacío me lo he merecido, ni sé si sin jugar he perdido…
No sé... cómo te he tenido, ni si fuiste real o fuiste un mito, ni sé si llegaste ya o te has ido…
No sé... para qué soplaste sobre mi rostro la ternura, la eternidad y el infinito…
No sé... si te he soñado, si te imaginé o te idolatré porque ya no vivo…
Ya no sé nada de nada, ni  sé si quiero saberlo... porque me duele el sin sentido.
 FLOR Y NATA

viernes, 25 de mayo de 2012

¿DIALOGAS CONTIGO?

¿Te has sentado frente a ti a dialogar alguna vez?¿Has sentido la necesidad de responder a preguntas que aparecían de repente ancladas en tu pasado o que surgían como inmensas dudas sobre el futuro?. Si es así, no queda mejor camino que el diálogo contigo.
Hay que estar seguros de que las respuestas están todas con nosotros. Que las llevamos impresas en el tapiz del alma y que sin duda, quieren desvelarse cuando estamos dispuestos a escuchar.
Parece obvio que todos queremos encontrar el hilo de comunicación con lo desconocido. Entrar por la puerta de lo que se esconde tras el velo del olvido y encontrarnos con la verdad nuestra, la que a cada uno le corresponde, frente a frente. Sin embargo, a veces nos da miedo escucharnos. Miramos para otro lado y justificamos nuestra desgana, la tristeza, el cansancio o la desilusión que sentimos con argumentos que nunca han alcanzado a encontrar su sentido en el interior.
Dialogar con nosotros mismos supone valentía. Necesitamos hacer frente a viejos fantasmas que puedan aparecer por sorpresa y, que tal vez, creíamos vencidos. El coraje de preguntarnos debe estar acompañado de la fortaleza para resistir las respuestas. A veces, preguntamos para escuchar justo lo que queremos oír y no estamos preparados para aceptar lo que tenemos que comprender.
Basta encontrar el momento exacto para cuestionarnos sobre lo que nos preocupa y en él mantener una actitud serena de silencio interior propio para comenzar a recibir. Es como si estuviésemos frente a un telégrafo y percibiésemos que comienza a moverse sus teclas haciendo surgir las letras que componen el mensaje.
No podemos escondernos detrás de nuestra sombra. Estamos pegados a nosotros mismos y en ese ensamblaje perfecto todo encaja con precisión absoluta. Si hay preguntas que hacernos es porque sin duda están las respuestas para respondernos.
Pregunta! Da tiempo…escucha…oye!.
Te asombrarás.

jueves, 24 de mayo de 2012

FABULAS ORIENTALES

Comparto estas breves fábulas en las que seguramente encontraremos el sentido del ingenio, a demás de comprender lo pequeño de nuestra visión cuando no vemos más allá de nuestros muros.
Feliz tarde!!

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Un vecino de Nasrudín fue a visitarlo.

- Mulá, necesito que me preste su burro.
- Lo lamento - dijo el Mulá - pero ya lo he prestado.
No bien terminó de hablar, el burro rebuznó. El sonido provenía del
establo de Nasrudín.
- Pero, Mulá, puedo oír al burro que rebuzna ahí dentro - dijo
Mientras le cerraba la puerta en la cara, Nasrudín replicó con dignidad:
- Un hombre que cree en la palabra de un burro más que en la mía no merece que le preste nada.
Era una rana que había vivido siempre en un mísero y estrecho pozo, donde había nacido y habría de morir.Pasó cerca de allí otra rana que había vivido siempre en el mar.
Tropezó y se cayó en el pozo.
- ¿De dónde vienes? -preguntó la rana del pozo.
- Del mar.
- ¿Es grande el mar?
- Extraordinariamente grande, inmenso.
La rana del pozo se quedó unos momentos muy pensativa y luego preguntó:
- ¿Es el mar tan grande como mi pozo?
- ¡Cómo puedes comparar tu pozo con el mar! Te digo que el mar es excepcionalmente grande, descomunal.
Pero la rana del pozo, fuera de sí por la ira, aseveró:
- Mentira, no puede haber nada más grande que mi pozo; ¡nada! ¡Eres una mentirosa y ahora mismo te echaré de aquí
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Era una rana que había vivido siempre en un mísero y estrecho

miércoles, 23 de mayo de 2012

EL ABRIGO QUE BUSCAMOS

Todos buscamos un refugio donde cobijarnos cuando llueve en el alma e incluso cuando el sol sale sobre nosotros. Arroparnos entre las sábanas es inmensamente placentero, por eso debemos buscar nuestro cobijo allí donde se halle.
Lo primero es encontrarlo. Saber qué es lo que nos proporciona esa serenidad que arropa el espíritu. Cómo, sin llamarla, llega hasta nosotros y en silencio nos abraza silenciosamente dejándonos un dulce calor entre los brazos.
Nuestro abrigo, el de cada uno, debe saber escuchar, debe llenar de caricias nuestro rostro cuando la pena llega, debe ir a nuestro encuentro sin necesidad de llamarlo, debe buscarnos cuando estamos perdidos y disimular el llanto cuando elegimos el camino que nos aparta de él. Debe sonreírnos cuando ganamos y mirarnos con firmeza cuando perdemos para demostrarnos que el mundo nos sigue esperando y que nada está perdido hasta que nos hemos ido definitivamente. Debe perdonarnos cuando nos equivocamos y tender su mano para evitar nuestra caída, al borde del precipicio.
Debe, en definitiva,  cobijarnos bajo su manto de espuma blanca, sutil, frágil y amorosa…y hacernos sentir que el universo entero nos pertenece y está a nuestro favor.
Esa sensación…única y maravillosa de sentir y saber que nos espera, que siempre está y que incondicionalmente nos apoya.
A veces, ese abrigo pasó por nuestra vida y ya no está presente. Pero aún en su ausencia quedará la cobertura que nos protege más allá del tiempo que duró junto a nosotros.
Si aún no tienes o no sabes cuál es tu abrigo…debes iniciar su búsqueda desde ahora mismo. Todos tenemos el nuestro. Si aún no ha llegado…espera sin condiciones a que se cumplan tus tiempos.
Llegará.

martes, 22 de mayo de 2012

PADECIMIENTOS FEMENINOS

Las mujeres padecemos más molestias orgánicas durante más tiempo. Posiblemente no tan importante como las del sexo masculino cuando les surgen, salvando las excepciones, pero sí con más frecuencia y de forma más continuada.
Esto no es casual. Nada lo es. La relación del organismo con las emociones es evidente. Las mujeres rendimos la vida misma ante la emoción pura y de cada pasaje  hacemos un duelo entre amor y desamor. Nos regimos por afectos, nos movemos por lo que nos gusta o disgusta, por aquello que nos hace sentir bien por dentro o lo que rechazamos nada más verlo. En ese trayecto, solo de ida, se nos queda pegado el corazón más a lo que nos suscita ternura que a lo que conviene o nos es afín.
Lo peor que tenemos es que nos quedamos enganchadas a los recuerdos, plagadas de objetos que simbólicamente rememoran actitudes, deseos o sentimientos que pueden haber pasado y a los que seguimos dando consistencia real.
No vivimos en tiempo real. Ese desfase tiene un precio y a veces lo pagamos caro.
Retenemos todo y no queremos que nada de lo que vivimos, y nos hizo felices, desaparezca de nuestra vida.
A veces, no entendemos que las situaciones cambian y que los sentimientos pueden brillar con toda su pureza en el recuerdo pero que deben quedarse ahí si ya no están.

Nuestro cuerpo se queja y lo hace al hilo de las emociones que vivimos.
Sería excelente dejar de digerir con el corazón, evitar el alma para respirar. Nos falta aire y los alimentos pueden convertirse en pesadas losas que nos abandonan en el caos.
El otro sexo conoce mucho mejor la estrategia de la vida de afuera y logra un mayor control de su equilibrio orgánico sostenible.
No podemos vivir cada situación con tanto empeño en pasar cada detalle por el rasero del corazón. Someter la vida a estos impulsos puede equivocarnos el camino… aunque a veces equivocarse es la única forma de llegar al lugar correcto.