Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


domingo, 14 de septiembre de 2014

LA VIDA: HECHOS ENCADENADOS

Muchas veces estamos angustiados con nuestra suerte, con la fortuna o la desgracia que nos toca vivir. No pensamos que cada circunstancia trae encadenadas otras nuevas que no sabemos cómo acabarán.
En casi todas nuestras adversidades hay un punto de renovación, de novedad, de nueva vida que nos aporta lo sucedido. Es difícil verlo cuando se está en el centro del huracán, sin embargo, si somos capaces de valorarlo después con perspectiva veremos que efectivamente, de algún modo, en algo…supuso un cambio transformador.
Veamos este breve cuento que nos habla de la serenidad ante lo que en un momento determinado parece una desgracia y de la actitud con la cual debemos recibir lo que a la vuelta de la esquina puede convertirse en nuestra suerte.
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El dueño de un caballo cierto día se despertó por la mañana, fue al establo y comprobó que el caballo, que acababa de comprar el día anterior, había desaparecido. Entonces vinieron los vecinos a condolerse y a decirle:
-¡Qué mala suerte has tenido! Para un caballo que tenías y se ha marchado.
Y el hombre dijo:
-Sí, sí, así es, así es.
Pasaron unos días y una mañana el buen hombre se encontró con que en la puerta de su casa no solamente estaba su caballo, sino que había traído otro. Vinieron los vecinos y dijeron:
-¡Qué buena suerte la tuya! Ahora eres dueño de dos caballos.
El hombre repuso:
-Sí, sí, así es.
Al disponer de dos caballos ahora el hombre podía salir a montar a caballo con su hijo. Pero un día, el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Vinieron los vecinos y dijeron:
--Mala suerte, muy mala suerte. ¡Si no hubiera venido ese segundo caballo...
El hombre dijo:
-Sí, sí, así es.
Pasó una semana y estalló la guerra. Todos los jóvenes fueron movilizados, menos el hijo herido al caerse del caballo. Y vinieron de nuevo los vecinos a ver al padre y le dijeron:
-¡Tú sí que tienes buena suerte! Tu hijo se ha librado de la guerra.
Y el hombre comentó:
-Sí, sí, así es.
La narración es un ejemplo de la ecuanimidad y también de cómo los propios hechos de la existencia (la rueda de la vida que gira y gira) habría que aprender a verlos desde la justa perspectiva.

DOMINGOS LITERARIOS



LO QUE SUPONE TU AMOR

Tu Amor supone destellos de fuego sobre la nieve, tonalidades rojizas en el horizonte, silencio en la algarabía, aromas de especias al atardecer, melodías que calan hondo en el corazón.

Tu amor eriza la piel y expande el alma. Deslumbra las pupilas y  desboca el deseo; se pega a los poros para que solamente respiren de ti. 

Abraza, quema, calma. Ríe, llora y se esconde. Se retuerce, avanza y se queda quieto. Mira de frente y calla. 

Tu amor es como  algodón rosado. Blando y suave. Dulce y aromático. Es lluvia en la sequía y viento fresco en las grietas de mi alma.

Tu amor también es incógnita desvelada. Negro sobre el blanco de los sueños. Final presente del instante único. Todo y nada en un suspiro. Inicio y final en lo cumplido.

Tu amor me lleva al filo de lo vivido y me deja sola para buscarme luego con sigilo. Me llama, me busca, me encuentra y arrastra. Me engulle, devora y disipa. Me eleva, me traga. Y me hago mil preguntas de las que ni tú sabes nada.

Tu amor es chocolate caliente sobre mi piel de nata que cuando roza mis labios se deshace y derrama. Es un instante eterno en la punta de mis ganas.

No sé qué hará el tiempo con este amor que se desbrava.

 No sé qué harás tú con todo lo que mi ser te ama.

sábado, 13 de septiembre de 2014

LA PASIÓN, CLAVE DE LA VIDA



No entiendo la vida sin pasión. El entusiasmo por cada instante, la exaltación de lo que  agrada, el goce por disfrutar cada momento!. Que no tengamos que decir más tarde…!Qué feliz fui!, dejando silenciada la otra parte de la oración ( qué pena que no me di cuenta).

Todo lo que comenzamos supone un nuevo reto. Levantarnos cada día es como volver a comenzar la vida. 

Siempre me ha gustado poco dormir; será porque sin ser consciente siento que al cerrar los ojos muero de alguna forma. Por eso duermo mal. Por eso necesito despertarme de vez en cuando para comprobar que sigo viva.

Hace mucho tiempo, cuando mi hijo era muy pequeño me sorprendió con una pregunta que él mismo se contestó sin darme tiempo a responder. ¿Cómo es la muerte?...y se contestó a continuación: “morir es dormir pero sin soñar”.

Esa frase caló hondo en mi corazón; “dormir pero sin soñar”…y fue dando forma a mi aversión por el sueño. 

No sé si morimos un poco todas las noches. No sé si nos adentramos a otra dimensión, no sé si estamos con otras gentes en otros mundos. Tal vez sea esto también la muerte. Tal vez el sueño sea un ensayo. Posiblemente, cerrar los ojos no signifique la oscuridad eterna. Quizá, cuando los cerremos veremos de nuevo lo que ahora es imposible apreciar.
De todos los modos, de cualquier forma, sea como sea, he llegado a la conclusión de que la vida hay que vivirla gozando. Estimando cada rasgo de ella, apreciando cada gotita de tiempo; el intenso o el tranquilo.

Es siempre una pérdida lo que no se goza. Cada instante perdido no vuelve. Si esto lo entendiésemos bien no querríamos ver correr el reloj tan deprisa. No nos afanaríamos en pasar rápido por los días para alcanzar metas que al conseguirse se disuelven porque la única meta que vale la pena todo el tiempo es, precisamente, la de gozar intensamente cada momento, incluso los malos. 

El tiempo se encarga de borrarlo todo, de desteñir el odio, de aligerar la angustia, de borrar del alma hasta el más pequeño arañazo porque después de todo, hay muy pocas cosas que merezcan la pena. 

Yo al menos, así lo siento.

jueves, 11 de septiembre de 2014

EL PORTERO DEL PROSTÍBULO



No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.
         Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos. Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.
              Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.
Al portero, le dijo:
- A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.
                El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero.....
- Me encantaría satisfacerlo, señor -balbuceó- pero yo... yo no sé leer ni escribir.
- ¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto...
- Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo...
No lo dejó terminar.
- Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte. Y sin más, se dio vuelta y se fue.
                  El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez desocupado. ¿Qué hacer?
Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.
Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero recibido.
En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha.
A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.
- Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.
Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como
me quedé sin empleo...
- Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
- Está bien.
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.
- Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?
- No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.
- Hagamos un trato -dijo el vecino- Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?.
Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula.
Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
- Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
- Sí...
Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.
El ex - portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.
"...No todos disponemos de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes.
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.
Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.
Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón.
Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primer ferretería del pueblo.
Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.
Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos.
Y luego, ¿por qué no? Las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos.....
Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región.
Tan poderoso era, que un año, para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectura y escritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.
El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:
- Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela.
- El honor sería para mí -dijo el hombre-. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.
- ¿Usted? -dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo- ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?
- Yo se lo puedo contestar -respondió el hombre con calma-. Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería el portero del prostíbulo!.

martes, 9 de septiembre de 2014

LO IMPOSIBLE



Estoy segura que pocas personas no habrán tenido un deseo imposible, un objetivo imposible o un amor imposible.
 Creo que me está llegando el otoño antes de tiempo. Hoy estoy nostálgica. Llena de lo imposible. Resignada a ello. Convencida de ello.
Realmente, el amor que se vive en un  futuro imposible es, tal vez, el más vivo, el más explosivo, el que a base de perderse en el tiempo se encuentra en el momento. Lo absoluto de su dificultad supone un valor añadido de encanto, entusiasmo y desesperación que aporta todo el fuego que la serenidad de lo seguro apaga.
Sin embargo, lo imposible tiene también tonos oscuros. Lo impreciso de su figura, la bruma en su horizonte, las dioptrías en la lejanía.
“Hay que vivir el momento” …estamos acostumbrados a oír. “El presente es lo que importa”…exclaman todos los libros de autoayuda modernos. “Carpe diem” … alentaba la literatura clásica. “Aquí y Ahora”…mantienen los conferenciantes líderes en psicología conductual. 
Es verdad. Solamente tenemos el presente pero qué sería éste sin las ilusiones y esperanzas que están siempre proyectadas en el futuro. Posiblemente necesitamos un mañana cortito, un pasaje al más allá de lo inmediato que no se diluya en el farragoso tiempo  lleno de nada que ha de venir. 
He aprendido que solo el presente no sirve. Que hay que avanzar en los deseos, que progresar en las metas y tener algo por lo que seguir, también mañana.
Lo imposible es un enigma. La magia existe y si no es un hecho real, al menos, la inventaré para poder continuar porque de otra forma, si pienso en “mi insostenible” tomaría otro camino en cuya senda no volviese a encontrarme con lo irrealizable.
Está cerca el otoño. Lo presiento.