Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


viernes, 29 de agosto de 2014

LAS DOS CUALIDADES DEL ÉXITO



Un joven, preso de la amargura, acudió a un monasterio en Japón y le expuso a un anciano maestro:

—Querría alcanzar la iluminación, pero soy incapaz de soportar los años de retiro y meditación. ¿Existe un camino rápido para alguien como yo?

—¿Te has concentrado a fondo en algo durante tu vida? —preguntó el monje.
—Sólo en el ajedrez, pues mi familia es rica y nunca trabajé de verdad.

El maestro llamó entonces a otro monje. Trajeron un tablero de ajedrez y una espada afilada que brillaba al sol.

—Ahora vas a jugar una partida muy especial de ajedrez. Si pierdes, te cortaré la cabeza con esta espada; y si ganas se la cortaré a tu adversario.

Empezó la partida. El joven sentía las gotas de sudor recorrer su espalda, pues estaba jugando la partida de su vida. El tablero se convirtió en el mundo entero. Se identificó con él y formó parte de él. Empezó perdiendo, pero su adversario cometió un desliz. Aprovechó la ocasión para lanzar un fuerte ataque, que cambió su suerte. Entonces miró de reojo al monje. Vio su rostro inteligente y sincero, marcado por años de esfuerzo. Evocó su propia vida, ociosa y banal...

Y de repente se sintió tocado por la piedad. Así que cometió un error voluntario y luego otro... Iba a perder. Viéndolo, el maestro arrojó el tablero al suelo y las piezas se mezclaron.

—No hay vencedor ni vencido —dijo—, No caerá ninguna cabeza.

Se volvió hacia el joven y añadió:
—Dos cosas son necesarias: la concentración y la piedad. Hoy has aprendido las dos.

En un momento, el joven olvida su propio interés y empatiza de tal manera con su contrincante en el juego del ajedrez que se ve reflejado en él. 


La concentración y la piedad son, de este modo, las dos cualidades más importantes para el éxito en tu vida y contigo mismo.

jueves, 28 de agosto de 2014

AVE, CÉSAR! (Carta Póstuma a un alumno)



¡Qué extraña es la muerte, César!, no me puedo creer que no estés. Hoy, tu marcha ha sido una fuerte sacudida para mí y estoy segura que también para tus compañeras, tus amigas y amigos de clase, los que habían comenzado a ser la prolongación de tu familia a la que tanto querías. A ella, sobre todo, que tanto ha de extrañarte.
Llegaste tarde, a mediados de un curso. Lo hiciste tímidamente como eras tú. Hiciste, con tu presencia, que todos te echásemos de menos cuando faltabas. Pocas veces, eso sí, porque no querías nunca dejar de venir.
¡Tan bien! te sumaste a nuestra casa que incluso venías cuando no te tocaba para ampliar tu deseo de ser útil, de colaborar, de echar una mano acompañada siempre de una sonrisa.
Todo ha pasado muy deprisa. Yo no quise despedirme de ti para que volvieses el próximo curso. Y ahora nos acompañarás desde lo alto para enseñarnos los mil y un colores de tus power point, los extraordinarios dibujos en el paint y esa forma tuya de hacer las tareas con minuciosidad y paciencia que te hacía tan diferente.
¡Ave César! Habrán dicho las legiones de ángeles que te esperaban; de ese modo te darán la bienvenida a un reino de felicidad; de esa forma reconocerán a un hombre sincero, sereno y amable que siempre estaba dispuesto a ayudar.
No serán igual las tardes de informática sin ti. Ni tampoco las fiestas de fin de año o las comidas de verano. Logramos ver tu dulce corazón y alegrarnos con tu tímida sonrisa siempre defensora de tu saber.
Fuiste alumno y amigo. Fuiste compañero y colaborador incondicional. Fuiste y serás una persona especial.
¡Ave, César! Llegue hasta ti mi saludo de emperador porque estoy segura que serás un excelente embajador de los duelos de los que aquí quedamos y que desde tu trono de persona honesta y bondadosa, no dejarás de sonreírnos nunca.
Paz eterna para ti.

martes, 26 de agosto de 2014

SE TÚ A PESAR DE TODO



El maestro le dice al discípulo:
 -Acércate al cementerio. Una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.
El discípulo se dirige al cementerio. Una vez allí, comienza a decir toda suerte de elogios a los muertos y después regresa junto al maestro. 
-¿Qué dijeron los muertos? -pregunta el maestro. 
-No respondieron -contesta el discípulo. 
Y el maestro le ordena ahora:
-Volverás al cementerio y soltarás toda clase de insultos a los muertos. 
El discípulo acude de nuevo al cementerio y sigue las instrucciones del maestro. Vocifera toda suerte de imprecaciones contra los muertos y después se reúne con el maestro. 
-¿Qué dijeron los muertos? -pregunta por segunda vez el maestro.
 -No respondieron -con, testa el discípulo.
 Y el maestro concluye:
-Así debes ser tú: indiferente como un muerto ante los halagos o los insultos de las otras personas.

         Ni los halagos te llevan a la gloria ni las críticas te condenarán al infierno. Se por encima de lo que aparenta ser bueno; se por debajo de lo parece ser malo. Se siempre tú mismo, se aunque no sepas lo que eres; vívete tú independiente y libre, más allá de todo bien y de cualquier mal.
         Nadie puede quitarte lo que eres; nadie repetirte porque eres único; nadie acabar contigo porque lo eres todo si confías en ti.

MUCHAS VIDAS EN UNA



Llevo mucho tiempo pensando que en realidad vivimos muchas vidas en una; simultáneas, sucesivas o alterativas. Incluso podemos estar viviendo una paralela a la que tildamos como “vida normal”.
Por otra parte, somos muchos en uno, también, y lo somos en función de quienes se encuentran con nosotros. Tenemos un comportamiento básico amasado entre los 5 ó 8 primeros años de nuestra vida que nos acompaña para siempre. De éste se derivan una multitud inmensa de distintas formas de actuar, en función de las circunstancias o de lo cómo los demás sacudan nuestra estructura interna.
En estos dos últimos años de mi vida he cambiado mucho. He a prendido que a dudar, a dejar la candidez como único camino para encontrarme con el resto de la gente, a confiar más en mi instinto, a dejarme llevar por mi intuición, a observar y relacionar datos, a detenerme y analizar. No sé si me encuentro mejor que antes. Creo sinceramente que no.
Posiblemente mi confianza ciega en el proceder de los demás, me protegía. Era como una especie de colchón en el que me sentía cómoda pensando que los otros actuarían como yo lo haría. Tal vez un infantilismo que tenía un alto precio pero un sabor dulce. Ahora pago menos pero la boca me sabe más amarga.
He entendido que hay mucha mentira detrás de algunas sonrisas; que cuando te hablan, algunas personas, no siempre te dicen lo que sienten o lo que piensan de verdad, que hay humo transparente que actúa como una cortina que a veces no se ve pero que distorsiona lo que vamos a conocer y he visto, por último, que entre el trigo también hay paja.
La buena noticia es que no todo el mundo es igual. Que estoy convencida que queda gente magnífica que está muy lejos de lo que he descrito, que por mucho malo que exista también hay mucho bueno que persiste. Que aún, alguna gente encantadora, sigue aferrada a la nobleza, la honradez y la honestidad consigo misma.
Ojalá éstos últimos puedan contagiar a los del otro lado, un poco de pasión por la verdad, la sinceridad y la transparencia. Y si no son capaces que al menos sirvan como ejemplo, aunque sea equivocado, para ayudarnos a saber qué es lo que, al menos, no queremos para nosotros ni los nuestros.
¡Feliz día!

domingo, 24 de agosto de 2014

TODAS LAS CREENCIAS SON OBSTÁCULOS




Nuestro sentido de lo que somos determina cuáles han de ser nuestras necesidades y las cosas a las cuales les atribuiremos importancia en la vida; y todo aquello que nos parezca importante tendrá el poder de perturbarnos e irritarnos. Esto se puede utilizar como criterio para descubrir hasta qué punto nos conocemos a nosotros mismos. Lo que nos importa no es necesariamente lo que expresamos ni aquello en lo cual creemos, sino aquello que se manifiesta como serio e importante a través de nuestros actos y de nuestras reacciones.

Entonces conviene preguntarnos: “¿Cuáles son las cosas que me irritan y me alteran?” Si las nimiedades tienen el poder para molestarnos, entonces eso es exactamente lo que creemos ser: un ser insignificante. Esa será nuestra noción inconsciente. ¿Cuáles son las cosas insignificantes? En últimas, todas las cosas son insignificantes, porque todas las cosas son transitorias.

Si la paz es realmente lo que deseamos, debemos elegir la paz. Si la paz fuera más importante para nosotros que todo lo demás y si supiéramos de verdad que somos espíritu en lugar de un pequeño yo, no reaccionaríamos sino que nos mantendríamos totalmente alertas frente a situaciones o personas difíciles.

El mundo siempre se encarga de que no nos engañemos durante mucho tiempo acerca de lo que pensamos ser, mostrándonos las cosas que realmente nos importan. La forma como reaccionamos ante las personas y las situaciones, especialmente en los momentos difíciles, es el mejor indicador del conocimiento real que tenemos de nosotros mismos.

No hace falta una creencia para saber lo que somos. En efecto, todas las creencias son obstáculos. Ni siquiera necesitamos alcanzar la realización, porque ya somos lo que somos.

http://abundanciainfinita.com/abundancia/creencias-son-obstaculos/