Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


jueves, 27 de noviembre de 2014

LO QUE YO QUIERO...



Quiero creer que soy un resumen concentrado del Universo. Un polvo de estrellas maquetado en un plano definido. Un caldo de cultivo excelso de cualidades que desde el confín de los tiempos viven en mí.

Quiero creer que todo lo sé ya, aunque no lo recuerde de golpe. Que el tiempo solo es un lazo que se deshace en su transcurrir derritiéndose en mis manos. Que el espacio es continuo e infinito y que lo he compartido con todos los seres humanos que han poblado la historia.

Quiero creer que las emociones que me provocan algunas personas vienen de lejos. Que no siento la misma química con todas las que pasan por mi vida porque algunas solamente son parte de breves pasajes de ella y no integrantes de mi destino. 

Quiero creer que el amor late con fuerza ante la inmensidad de mi interior cuando tiene oportunidad de multiplicarse y expandirse. Y sobre todo, que la esperanza siempre está deseosa de ser llamada para reinar en el alma y reinventar la vida.

Quiero creer firmemente en mí, pero también en ti y en el otro y en los que aún no conozco y formarán parte de algunos de mis días. Quiero ser un ramillete fresco y esplendoroso de gratitudes. A todo y ante todo.

Quiero poder mirar a los ojos y derramar un mar de ternuras para aminorar la carga del resto. Quiero estar ahora por alguna razón y descubrirla. Quiero que la vida tenga un sentido y dárselo a cada instante.
Quiero vivir siempre descolgada de la crítica, la angustia y el desatino; y dejar un rastro, una estela de finísimas partículas de amor que se vayan pegando al resto de las almas que pasen cerca de mí o que venga a mi paso.

Por querer quiero que el universo que me constituye me guíe siempre por la inmensa satisfacción de vivir con pasión a cada instante y que cuando cierre mis ojos no sienta tras de mí una vida perdida, sino todo un coro de sensaciones infinitas de bienestar del amor que he sentido en cada momento, e irme plácidamente con el corazón estallando de dicha.

Todo esto que quiero es lo que por debajo de cada circunstancia escribe mi historia. 

Privilegiado destino saber lo que uno quiere.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

LOS TORBELLINOS DE LA EXISTENCIA



         Nos encontramos, en ocasiones, en el centro de un huracán sin darnos cuenta. Nos atrapan las emociones, nos desajusta la pasión, nos engulle el ego, la pertenencia y lo que nos atribuimos como nuestro, lo sea o no.

         Seríamos más felices pudiendo mirar por encima de la ira, del rencor, de los celos y las vendettas. 

         Desde Platón hasta el momento, muchas son las teorías existencialistas que nos hablan de la migración del alma de cuerpo en cuerpo. Elegimos una existencia concreta en la que nos presentamos, cada vez, con un vestido distinto. Distinto cuerpo, distintos rasgos, distinta forma de usar el libre albedrío…pero una sola alma decidiendo lo mejor para su evolución constantemente.
         Quienes así lo pensamos deberíamos tener el camino más fácil. Si efectivamente solo cambiamos de templo, entonces todo lo que nos suceda a través de él solo puede tener una misión y un destino: mejorarnos.

         Este crisol no debe empañarse nunca porque esa será la clave para relativizar lo que en un momento determinado parece invadirlo todo para destruirnos por dentro. Las circunstancias negativas solo son un pasaje más. Posiblemente de lo más eficaz para crecer y avanzar. Lo que duele no se olvida. La felicidad tampoco debería olvidarse pero la relegamos más pronto al cuarto de atrás en base a la ansiedad de volverla a vivir. Es como si se esfumase nada más que pasa dejando hueco de nuevo a una ansiedad perpetua de ella misma.

         Cada emoción negativa, cada dolor, cada vivencia escabrosa, cada retortijón del corazón es un paso adelante en el trabajo de la mirada amplia sobre la compasión y la benevolencia con unos mismo y con los demás. 

La comprensión, que nunca es gratuita pero que da unos exquisitos frutos, es el premio mejor cuando todo ha pasado ya porque no hay mejor preparación que ello para abrazar de nuevo la felicidad.

martes, 25 de noviembre de 2014

CONTRA LAS OFENSAS


“Había una vez en el antiguo Japón, un viejo samurai , ya retirado que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

        Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante.

              Nunca había perdido un combate.

          Sabiendo de la fama del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible.
            Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró. Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera tan cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido. 


-Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el samurai. 

-A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo. 

-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.”

domingo, 23 de noviembre de 2014

CÓMO TE ENTREGAS...

"Tu deber es descubrir tu mundo y después entrégate con todo tu corazón".
Buda


         He leído esta frase y me he visto reconocida en ella. Siempre he pensado que cuando nos dedicamos a algo, cuando apostamos por ello, cuando debemos emplearnos a fondo no cabe otra cosa que la entrega absoluta.

Posiblemente yo no soy una mujer que pueda situarse en la línea media de lo conveniente. Estoy llena de contrastes. Me entrego o abandono, paso a la otra orilla o me quedo en la mía, tomo la sopa caliente o prefiero un té frío. No puedo ubicarme en el beneficioso punto medio. Por eso cuando me entrego lo hago sin límites. Al menos mientras estoy en lo que me seduce. Si pierdo la magia de lo que me entusiasma y apasiona, entonces doy la vuelta y me voy.

No entiendo a las personas que siempre nadan y guardan la ropa. Las que emplean el …” por si acaso”…, las que usan mentiras “veniales” para mejorar el concepto que el otro tiene de ellas, las que pasan por encima de cualquiera con tal de obtener lo que desean, las que creen ganarse la autoridad en base al miedo…las que miden hasta el último milímetro antes de dar un paso. Que la precaución no sea indecisión.

A veces, caerse en el vacío no es tan malo. Muchas veces podría significar la salvación, como le sucedió al final del libro al Caballero de la armadura oxidada. 

Solo hay que querer salvarse y creer en ello. Lo demás está asegurado. Por eso cuando tengo que entregarme a lo que me toca el corazón, lo hago sin medida. Tal vez no sea todo lo cauta que debo pero eso, precisamente, es lo que me hace sentir viva.

DOMINGOS LITERARIOS



PARAÍSO

Quisiera tener un paraíso siempre contigo

Para beber el tiempo olvidando lo vivido

Para saciar la sed de ti en medio del olvido

Para sentirme tuya sin que pienses en nada de lo mío.

Quisiera entrar en un campo de juncos y lirios

Y buscarte con el corazón desnudo y sin frío

Entre las zarzas y  amapolas, entre los nardos dormidos.

Quisiera apartar la queja para beberme el ardor de tu mirada

Y batir tu vuelo interminable anidando en el amor dolido

Quisiera atrapar las horas en las que mi boca se ha perdido

En tus labios deseosos del sabor mío

Y compartir la gracia de la almohada

Cuando te des la vuelta y me mires con tus ojos de miel de olivo.

Quisiera guardar con celo el tiempo de este paraíso

Y regar tu cuerpo con mi aroma de rocío.

Quisiera regalarte siempre esta magia y este brío

Que enciende el alma mía y todo el amor a ti debido

Y que nunca se apague la llama de esta mecha sin fuego

Que arde sin que tú ni yo la hayamos prendido.