Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


lunes, 25 de julio de 2016

QUERIENDO SALVARSE



Hay que querer salvarse para hacerlo o, al menos, creer que la salvación está fuera del problema. Lo peor es no ver más allá, enfangarnos en el lodo y creer que allí termina todo. Entonces, nuestro mundo se hace pequeño, nuestras horas rutinarias y el espacio se acorta. 

Tanto puede empequeñecerse el mundo que puede asfixiarnos al no ver que no hay paredes en nuestra cárcel y que solamente con iniciar el vuelo ganaremos las alas que se repliegan en nuestra espalda.

Otras veces, uno cree que la salvación está en lo que le consume y entonces se queda pegado al fuego que le quema y respira solamente con el humo que se desprende de él. 

En cualquier caso, todos tenemos alas. Todos podemos volar, todos marcar el territorio y elegirlo después.

Veamos este breve cuento.

"Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar ahí, comía gusanos del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo.

Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre, hasta que cierto día un gran ventarrón destruyó su guarida; el árbol podrido fue tragado por el cieno y el se dio cuenta de que iba a morir.

En un deseo repentino de salvarse, comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo, le costó mucho trabajo porque había olvidado como volar, pero enfrento el dolor del entumecimiento hasta que logró levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso."

Los problemas son como el ventarrón que ha destruido tu guarida y te están obligando a elevar el vuelo o a morir.

Nunca es tarde. No importa lo que se haya vivido, no importan los errores que se hayan cometido, no importa las oportunidades que se hayan dejado pasar, no importa la edad, siempre estamos a tiempo para decir BASTA, para oír el llamado que tenemos de buscar la perfección, para sacudirnos el cieno y volar alto y muy lejos del pantano.

domingo, 24 de julio de 2016

VIAJE A ÍTACA (Relato del domingo)



 (Parte anterior)

.-Amigo mío, cómo podré convencerte que no podeos hacer nada frente a ellos. Cada vez son más los implicados y nunca podremos confiar en quién está cerca de nosotros.

.- No puedo rendirme de esta forma. Es como si tirase la toalla después de toda una vida de sufrimiento en la que me he mantenido vivo con la esperanza de vengarme.

.-Ese odio que se acumula y crece en tu interior es solamente un veneno que bebes tú, mi querido Owen. No podremos con ellos. Necesitamos ayuda.

.-No confío en nadie. No, no. Estás equivocado. Es un delito de hace mucho tiempo.

.-¿De hace mucho tiempo?, ¿estás seguro?¿Cómo podemos saber si no lo han seguido haciendo?, ¿por qué si no están tan necesitados de esa información que está en tu poder?

Owen, sensiblemente emocionado, abrazó a su amigo en señal de agradecimiento. Ambos se fundieron en un entrañable y ceñido abrazo que hizo que el pequeño escorpión saltase de la espalda de Owen al brazo de Steven…

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Relato del Domingo ( 24/07/ 2016)

.-No se qué hacer en realidad, mi querido amigo.

.-No le des más vueltas. Subamos al coche y terminemos con este sucio juego que te está volviendo loco.-Steven sin percibir la presencia del escorpión, se dispuso a entrar en el coche para salir a toda velocidad.

Swa se había sentado atrás. Aún tenía el móvil de Owen. Le tomó en su mano con intención de entregárselo a su dueño. Mientras tanto, el doctor se acomodaba en la parte delantera del coche, junto a su amigo, para tranquilizarse e iniciar los trámites policiales que le devolviesen la calma.

Steven trató de serenarle iniciando una conversación distendida acerca de los años sin verse que les había separado hasta ese momento.

Swa notó una ligera vibración en la mano. La pantalla del móvil se encendió súbitamente y advirtió la llegada de un archivo de imagen. Un grito ahogado selló sus labios. Nadie notó nada. Owen y Steven continuaban su animada charla. 

Swa había tapado la imagen con la otra mano fuertemente. No quería volver a mirarla. Sin embargo, unas lágrimas amargas y sordas rodaron por sus mejillas ahogándola en silencio. Allí estaba Liu atado de pies y manos y con la boca amordazada. El pequeño enroscado sobre sí mismo yacía en el suelo con los ojos entreabiertos y rodeado de desperdicios.

¡No podía ser cierto!, habían secuestrado a su hijo. Ahora estaba segura de que no podía desprenderse de aquel teléfono que sus amantes pretendían entregar a la policía.

 Inmediatamente, volvió a mirar la imagen antes de sacar la tarjeta del aparato. En ese mismo momento llegó un nuevo mensaje con las coordenadas de la hora y el lugar en el que debía dejar aquel móvil. Se apresuró a memorizarlo y a la mayor rapidez extrajo la sim del mismo.

Owen volvió la cabeza hacia ella.

.-¿Es así como digo?, seguro que tú lo recuerdas mejor que yo.- Swa con la cabeza agachada respondió, sin apenas abrir la boca, asintiendo. El psiquiatra se dio cuenta que no le estaba escuchando.- ¿Estás bien?.-La mujer china aclaró su voz como pudo. Tosió un par de veces y comenzó a buscar en el suelo del automóvil.

.-Se me ha caído un pendiente. No logro encontrarlo.

.-No te preocupes. Pararemos en un momento.
Íbamos hablando de cómo lograste recatar mi móvil. Qué alivio saber que lo tienes tú.- Swa palideció al instante.
.- Oh sí, sí. Está en mi bolso. Lo he cuidado hasta este momento con el mayor cuidado. 

.-Devuélvemelo, por favor.- La bella mujer oriental lo buscó largo rato. Owen nervioso y contenido comenzó a apretar sus manos cerradas sobre sus puños. 

.-¿Dónde está Swa?, por favor, ¿Dónde está?.- Alterada y frenética cogió el aparato y alargó su mano hacia delante sin mirarle.

.-Ahhh! Por fin. Estamos salvados. Aquí está toda la información que necesitamos para proceder a abrir la caja de seguridad donde están las pruebas. La policía nos ayudará a desmantelar a esa panda de desgraciados. -Swa temblorosa y esquiva se colocó las gafas de sol sin decir nada. 

Owen, convencido de la estrategia a seguir, miró a Steven con una sonrisa de agradecimiento.

.-Te debo mucho amigo. Te enseñaré lo que guarda este teléfono.- Apretó el botón de encendido y el dispositivo se iluminó. Pasados breves instantes, un mensaje apareció en la pantalla advirtiendo de que no existía tarjeta sim en su interior.

Owen dislocado y aturdido gritó desesperadamente…

.-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO….!


sábado, 23 de julio de 2016

ELOGIO A LA SOLEDAD SENTIMENTAL




Cuando uno necesita, busca. Leo mucho últimamente. Me encuentro con lecturas apasionantes, con audiciones relajantes y serenas caricias de letras y sonidos que alegran estos días de calor.
Hoy comparto esta reflexión que me gustó.

Es común ver cómo la presión de la sociedad, los amigos o la familia conllevan al afán por conseguir una compañía sentimental para ‘remediar’, dicen algunos, la soledad (como si eso fuera una enfermedad). Sin embargo, pocos se detienen a pensar en cuáles son las razones por las que es mejor mantenerse en soledad, disfrutarla y esperar a que la persona ideal llegue a sus vidas sobre precipitarse y “echar mano” de lo primero que aparezca solo por huirle al terrorífico título de “solterona”. 

En la siguiente composición te explicamos por qué la soledad es también una elección de vida y no un estado que necesita cambiarse (o remediarse): 

 “…No tengo miedo a estar sola ni a la abstinencia sexual, lo que en verdad me asusta es la dependencia emocional. No temo a expresar mis sentimientos libremente, pero me da pánico llegar a sentir, algún día, la necesidad imperiosa de amor transformada en adicción.

 No, no me asusta carecer de alguien a quien amar, me aterra la idea de vivir con una persona que invada mi mente, mi corazón y los corroa; me asusta pensar que pueda organizar mi diario vivir alrededor de los gustos, preferencias e inquietudes de una pareja.

No le tengo miedo a salir a divertirme sola, tomarme un trago mientras puedo ser juzgada por el mundo, lo que me provoca escalofríos es el hecho de pensar que alguien me obligue a estar a su lado y prolongue el tiempo para forzar mi compañía. No le temo a permanecer en soledad ni a pasar ‘San Valentín’, el ‘Día de los Enamorados’ o cualquiera de esas fechas diseñadas para parejas con mi libro favorito como única compañía, me horroriza llegar al extremo de sentirme vigilada constantemente como si mi madurez y confiabilidad merecieran ser pisoteadas.


No tengo miedo a vivir nuevas experiencias, a conocer nuevos lugares, a probar platillos desconocidos o a caminar sola por donde nunca lo he hecho antes, me da pavor tener que dejar de ver a mis amigas y amigos de toda la vida o cohibirme de hacer lo que yo quiero con quien quiero, solo porque un hombre decidió, sin consultarme, que yo sería “sólo para él”, como si yo fuera un objeto que puede retener.

No me asusta ni la masturbación ni las noches vacías, a lo que sí temo es a tener que vivir pendiente de un hombre y sus caprichos. Me aterran los celos desmesurados, las infidelidades, las traiciones y la indiferencia mientras el corazón se derrite en deseos de ternura.

En realidad, mis más grandes temores yacen en la idea de perder el control sobre mí: mis comportamientos, mis conductas, mis reacciones y toda mi vida. Este es un elogio a la soledad porque la considero un tesoro; no le temo, no muerde, a veces acaricia, incluso hace cosquillas. Es verdad, a veces nos sobresalta, pero enseña. Quédate con ella unos días. Pruébala, a ver a qué te sabe.”


(Tomado de la Web de W. Riso)

viernes, 22 de julio de 2016

LA DESESPERACIÓN NUNCA ESTÁ EN EL PRESENTE



Esta frase la escuché ayer en una conferencia. Me gustó. Hay que pensarlo bien y si lo hacemos así, su contenido nos dará paz.

La desesperación, efectivamente, nunca está en el presente. Es del dolor del pasado o de la angustia por el futuro. Por eso, debemos centrarnos en el aquí y el ahora. Un presente que siempre nos ayuda. 

Dónde está tu cuerpo, está tu mente. Y donde ambos están, se concentra el punto de energía. No canalices la experiencia hacia el recuerdo, sino hacia el momento en el que te encuentras. Sea como sea. En ti y por ti.

A veces uno no tiene nada, o no tiene nada de lo que quiere. Pero siempre se tiene uno a sí mismo; y uno mismo es todo un universo.

Hay que comenzar por concentrarse en lo más profundo del ser propio. Ahí, en el templo del alma con suma calma. Hacer un espacio interior. Un silencio interno. Un momento de paréntesis donde entrarás en un paraíso solamente tuyo y en donde nunca estarás sólo.

Ahí en lo más íntimo, está tu dios. Una energía poderosa, compasiva y amorosa que te envuelve llenando de luz todo tu ser. Y ahí, en ese punto, en ese mismo momento, todo está bien. 

Absolutamente bien. Y no necesitas a nadie. Ni tienes nada pendiente, nada que resolver, nada por lo que sufrir, nada que atender, ni nada que reclamar.

Estás tú y tu energía. Tú y tu templo. Tú y tu dios.
Entra dentro, lejos, a lo más profundo, en ese reducto donde todo es posible y dónde estás cuidado; donde todo está bien. Donde nada te puede dañar. 

Desea esa luz. Búscala. Encuéntrala. Está ahí para ti. Es tuya. Disfrútala y disuelve tus dudas, tus temores, tus angustias en su fragancia. 

Dentro. En el silencio interior.