Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


miércoles, 19 de julio de 2017

SIN NOMBRE NI CARA



Eres la chispa en la vela de cada tarta,

El rumor de risas en cada carcajada,
 
La deducción soslayada en lo inocente,

El guiño que solo no ve la interesada.

Eres el niño que se esconde tras la jugada,

El que guarda la mano y no hace nada.





Eres la calle repleta de algaradas,

El que saluda y sin decir nada no pasa.

Eres un suspiro de victima matada,

Y el verdugo que esconde su espada.

Eres el aire y el fuego para la tierra quemada,

El agua que se guarda en la sed encarnada.

Eres el ahora sin presente, el futuro sin mañana.

El rescoldo en la brasa y la inocencia enmascarada.

Eres ángel del infierno y demonio en la manada.

Viniste de la nada y te vas con todas las sacas,

Las de los corazones rotos y las miradas robadas;

Las que llevan tu nombre en su frente de agua,

Las que te dicen adiós sin hambre ni gracia.

Dulce por fuera y por dentro amargas.

Hombre o mujer, niño o adulto, siempre ganas.

Sálvate de tu red que al final sin quererlo tú, 

te ata.

lunes, 17 de julio de 2017

CUANDO ALGO TERMINA



Cuando algo termina parece que se cierran todas las puertas; no solo la que acaba de cerrarse, sino también el resto que ni siquiera vemos entonces.


Terminar algo es inherente al momento en el que empieza porque todo, y la propia vida es el mejor ejemplo, lleva la semilla del final en el comienzo.



Que algo acabe nos puede sumir en la más absoluta desesperanza, sobre todo si no lo esperamos. Nos parece imposible, nos preguntamos por qué, recordamos lo bueno y evitamos lo desagradable. Lo magnificamos, nos hacemos víctimas de golpe y ponemos sobre nuestros ojos una venda opaca a través de la cual no vemos nada.


Cerrar una puerta puede significar quedar al otro lado; una orilla diferente con multitud de posibilidades, un límite sin fronteras en el que nos esperan nuevos comienzos con diferentes finales. Porque lo que es seguro es que todo termina y esto no es un mensaje derrotista solamente coherente con el devenir de la propia vida.


Si pudiésemos ver que todo final es un nuevo principio saldríamos mejor parados de nuestros dramas. 


Hay que darse tiempo. ¿Cuánto?. La cantidad la marcará la calidad de nuestra forma de esperar. Del sosiego y la conexión que tengamos con nosotros mismos, de la capacidad de soñar con lo que deseamos, de la sensibilidad para percibir más allá de lo que vemos.



Si estás en un momento de espera, gózalo. Es un tiempo para estar contigo, para hablarte con cariño, para mimarte desde dentro. A veces, cuando llega alguien, nuestra vida cambia tanto que dejamos de dialogar con nosotros para convertir en único interlocutor a la otra persona.


Cuando termina su paso por nuestra vida nos quedamos tremendamente solos. Por eso, por no habernos dado cabida en este diálogo que en muchas ocasiones se convierte en un monólogo sostenido por nuestro silencio.


Escúchate. Quiérete. Serénate. 

Luego, vuelve a abrir la puerta.

sábado, 15 de julio de 2017

A LOS AMORES QUE NO FUERON…



Cuando más lo necesites, piensa en mí,

 en el color de la lluvia y en el olor de los besos.

Cuando más lo necesites, piensa en mí,

En las palabras ocultas y los códigos secretos.



Cuando más lo necesites, piensa en ti,

En lo que sentiste a mi lado y en lo que sientes lejos.

Cuando más lo necesites piensa en nosotros

Los que fuimos sin estar y sin serlo.

Cuando más lo necesites piensa en ello

En la casa que no tuvimos y en también en el perro,

El que no nos espera porque ni pudo conocernos.

Cuando más lo necesites piensa que lo tienes todo

aún sin tenerlo, porque nada necesitas,

Ni a mí, ni al nosotros, ni al ello.

Teniéndote a ti, te sobra y basta para entenderlo,

aquel tiempo escapándose por las rendijas

De un amor que no llegó a serlo.

jueves, 13 de julio de 2017

SI TU CUERPO SE QUEJA…



Los lamentos de tu cuerpo siempre tienen el origen en tus emociones, en las expectativas no cumplidas, en el sufrimiento generado por no encajar tus sueños con la realidad, en tus rechazos y resistencias, en tu indignación y tu rabia.





El cuerpo se deteriora así, pero te avisa. Muchas veces estamos sordos a las señales del cuerpo. Te duele algo y lo vas dejando. Te molesta en un punto determinado pero no lo das importancia. La cabeza te estalla, el estómago no resiste, el corazón se encoge…y vas tirando.


Es como si no quisiéramos hacer caso para no tener que reconocer que algo va mal. Para no tener que detenernos a escuchar y después actuar. Y aguantamos tanto que en un punto determinado la intensidad del malestar se acentúa y te hace parar. Te detiene y quieras o no, tienes que mirar dentro y atender su llamada. Pero en muchas ocasiones es tarde, o lo suficientemente retrasado como para que la solución sea más complicada.


El organismo necesita un equilibrio. Una estabilidad cuerpo-mente que impida que el cuerpo somatice las batallas de la cabeza y que se serene con el sosiego del corazón.


La vida es sencilla. La complicamos nosotros. La enredamos saliéndonos del momento presente y depositando nuestra atención en un pasado que no está más o en el futuro que no sabemos si llegará. 


Deberíamos poner en práctica el pensamiento budista que dice:


“…No te aferres a nada ni a nadie, no limites tu destino, solo suelta, deja ir, deja ser…verás que cuando nada es seguro, todo es posible.
Qué llegue quien tenga que llegar, que se vaya quien tenga que ir, que duela lo que tenga que doler…que pase lo que tenga que pasar.”


No es dejadez. No es desinterés. No es desidia.

Simplemente se trata de fluir con el devenir de la vida sin querer dirigirla a nuestro antojo desde el ego limitado y pequeño que todo lo confunde.

Comencemos a ponerlo en práctica.

Nuestro cuerpo nos lo agradecerá y nos lo hará saber.

miércoles, 12 de julio de 2017

LO QUE NO ME GUSTA DE TI, LO TENGO YO



Me ha costado mucho aceptar esto; aún me cuesta. He llegado a la conclusión, después de mucho resistirme, de que es cierto.

Los demás son un espejo, doloroso a veces, imposible otras. 

No nos gusta ver actitudes que nos molestan, conductas que arañan lo más íntimo de nuestro ser, palabras que nos destruyen y gestos que nos desmoronan.




Siempre me he negado a creer que lo que aborrezco del otro puede ser algo que tengo en mi misma y que cuando lo veo manifestado enfrente lo rechazo absolutamente.

Por eso precisamente, no me gusta lo que en ti veo porque lo tengo yo…muy guardado, casi olvidado. Es todo lo que  no quiero recordar. 

Frecuentemente, repetimos esquemas. Los hemos aprendido en la infancia. Incluso lo que en aquel momento rechazamos más tarde, inconscientemente, lo repetimos. 

Cuando veo en otro algo que rechazo se dispara el mismo dispositivo que cuando no quiero repetir lo que no me gustó en mis padres y lo hago.

Está ahí. Esa forma de contestar, la testarudez, la envidia, la avaricia, el desafecto, el humor ácido o la forma esquiva de recibir ayuda. En nuestro interior algo conecta con estas u otras actitudes que rechazamos desde la reflexión objetiva. Inconscientemente lo reconocemos como propio en algún punto y en ese momento es como no querer ver la cara del lobo.

En ese instante, lo primero que hacemos es un juicio de valor a nuestro favor. Yo no soy así. Nunca lo seré. Odio esa forma de actuar. Lo que no nos decimos a nosotros mismos es: “algo de eso tengo yo” por eso no me gusta lo que veo.


Lo que resiste persiste. Esta es una ley universal que se cumple siempre. 


Posiblemente, ver algo en otra persona que no nos gusta puede servirnos de barómetro para encontrar nuestros puntos negros.


Si quieres mirarte en un espejo y detectar los fantasmas que te acompañan solamente tienes que observar a los demás y analizar lo que en ellos rechazamos.

El resto queda de tu cuenta. 

Aceptarlo en el otro y remontarlo en ti.