Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


miércoles, 25 de diciembre de 2024

UN DÍA ESPECIAL

 Hay muchos días que marcan en el calendario fechas especiales, buenas y malas. Posiblemente, las que consideramos negativas son aquellas en las que hemos sufrido pérdidas, nos han dejado, nos hemos equivocado o nos ha invadido la enfermedad o la tristeza. Pero eso, es también parte de la vida…o en su esencia más pura, la vida misma.




 

Lo cierto, es que no estamos preparado para ello. Solamente suponemos que el discurrir de los días tienen que ser idénticos, las fechas importantes repetirse del mismo modo y todos estar en su “sitio”. Obviamos que la vida no funciona así, que es cambio y movimiento; impermanencia y transformación. Mientras no entendamos que cada día hemos ya perdido ese tiempo, que las cosas y las situaciones se modifican y que de cualquier modo, nosotros mismos somos, hasta físicamente, otros en nuestro mismo sistema celular, no habremos entendido nada.

 

Celebramos, una y otra vez, las mismas fechas pero ya de otro modo. Hay ausencias o nuevas presencias pero, de cualquier modo,  todos somos diferentes.

 

Es importante venerar los ritos, porque ellos nos enraízan y nos dan seguridad. Nos anclan a un pasado en el que tenemos raíces; nos instalan, por algunos momentos, días o instantes, en un pasado que necesitamos para seguir con el futuro que manejamos en este presente continuo que es la existencia.

 

Por todo ello, hoy volvemos a sentarnos junto a los nuestros, nos sentimos unidos a los recuerdos y animados ante las gratificaciones instantáneas que conseguimos con ello, olvidando que dentro de unos días la vida vuelve a ser normal y que la fantasía, los brillos y las luces se apagarán para continuar con ella.

 

Aprovechemos estos instantes mágicos que como todo, terminarán. También lo hará aquello que te duele, que te angustia o que te mantiene fuera de ti en un estado de tristeza permanente. 

 

Por suerte, eso también pasará.

 

 

 

viernes, 20 de diciembre de 2024

QUID PRO QUO

 La vida normal se rompe estos días. Reuniones, despedidas, reencuentros, comidas, regalos…el exceso se instala en la mente de la mayoría y romper con la rutina es lo que aporta más entre noticias de desaparecidos, muertes domésticas, guerras inacabables o desgracias naturales.




 

Quizás esté bien que nos evadamos por un tiempo. Quizás sea conveniente que no pensemos demasiado en las crisis que vivimos a diario. Quizás todo esto se haga bueno si logramos no olvidarnos de aquellos otros para lo que este tiempo diferente en nada cambia sus desgracias. Quizás estuviese mejor si nuestra generosidad improvisada les amparara a los que menos tienen, en la proporción que nos fuese posible. Quizás fuese aún más interesante regalarnos tiempo de calidad para ser más compasivos, más flexibles y menos inquisidores.

 

No todo el brillo trae luz, no todos los regalos aportan felicidad. Todos los abrazos y los besos, que ahora se derrochan podrían repartirse más a lo largo del año. Repetirse sin razón, darse con espontaneidad, regalarlos para demostrar lo mismo, pero siempre.

 

Alzar la copa para brindar por la salud, el amor, la pareja o que nuestro mundo vaya bien debe hacerse extensible a algo más que nuestro entorno directo. No somos islas. No debemos serlo. Lo que en el mundo vaya mal…a nosotros nos afecta. Pidamos por todo ello. Salgamos del cascarón de “lo mío”y “lo tuyo”…y vayamos directos a expandir nuestros deseos más allá de los confines del ego de cada uno.

 

La Navidad son unos días… lo peor llega el resto del año.

 

Tengamos una actitud solidaria con el resto donde también estamos incluidos.

 

Hagamos algo. Lo que sea. Un poco. A penas nada. Un pasito adelante con nuestra generosidad. Mucha gente lo necesita y tal vez, aunque sea de otro modo, un día podamos necesitarlo nosotros.

 

“Quid pro quo “…aunque sea egoísta este pensamiento…al menos implica corresponder, en este caso, con la vida.

 

¡Feliz Navidad!

 

 

 

 

 

 

sábado, 14 de diciembre de 2024

AMOR VIVO

 Tus manos recorren los recuerdos de mi piel y en el silencio ronco de la trémula sensación de su roce, encuentras el hueco por el que colar tus labios hasta el borde de mi lengua, ansiosa de ti.

 

Miro a través de la ventana. Veo tus ojos de miel en el dulce brillo que los rayos de sol reflejan en ella. Cierro  los párpados y aprieto los dientes. 

 

Te quiero aquí y te quiero ahora, con tus delirios insufribles de realidad distorsionada, con tus locuras atadas al borde de mi cama, con aquellas palabras necias que sin ton ni son, me regalabas. Y saberte dentro, en el fondo de mi alma, jugando con efluvios que destellan y saltan al compás de tus feroces ganas.


    



 

Entonces se abre una puerta, cerrando yo la ventana y desde el otro lado del río llega el sonido de los ecos de las hadas, que hace mucho que se han ido buscando nuevas damas. ¿Será que llega despacito otro caballero que asalte mi torre alta?.

 

Un aroma de azares acama y mece los vagos rasgos de tu cara. Es la vida que brota de nuevo, la llama del amor eterno que nunca acaba, el dormir silencioso del dolor amargo que se transforma en dulces sabores de caramelos y manzanas.

 

¡Tú, a ti…que vas a llegar con la boca callada; tú que lo dirás todo, sin decir nada.!

viernes, 6 de diciembre de 2024

EL DULCE SILENCIO DE LOS " HUECOS"

 Cuando la vida discurre por los años que te avanzan, descubres, como un niño que abre sus ojos al mundo nuevo que lo acoge, que necesitas encontrarte cuando te pierdes. Entiendes, que cuando el camino se acaba y la pared negra de tus días oscuros te aplasta, necesitas espacios llenos de ti y de nada más.

 

         Hay que hacerse “huecos” entre el sucederse de la vida diaria. Lugares y puntos de encuentro con lo más genuino de nuestro ser. Apartados de todo y de todos, pero junto a ellos.

 

         No es necesario que vayas a un rincón especial a meditar, como imaginas. No es preciso que te alejes para quedarte sólo; ni siquiera es conveniente que pases de la actividad a la calma por ver si te sosiegas. Hay que aprender un método, una herramienta que te mantenga dentro, estando fuera.

 

¡Tantas veces no conectamos con la persona que tenemos enfrente, tantas la rechazamos, tantas vemos que no encajamos en las situaciones que tenemos que vivir…tantas necesitamos soñar para poder con la realidad!.

 

Acostúmbrate a crear espacios dentro de ti aunque estés entre la multitud, aunque te hablen de frente, aunque te involucren de cara. Aíslate por unos instantes. Míralos con tus ojos vacíos de palabras y llenos de ti. Aíslate en tus adentros y que nadie lo note.

 

         Tu solo tú, contigo. Si estás en un momento o situación amarga visualiza algo magnífico o simplemente piensa que ahí dentro está la calma, está la paz de estar a solas contigo mismo y nadie, pero nadie, puede violar ese espacio ni contaminarlo.

 




Vuelve tu mirada al cielo y sella tu boca con la dulzura de saber que las respuestas siempre son más simples, que la vida siempre es más sencilla, que el mundo, tu mundo, siempre será tu mejor refugio y ahí…hazte un “hueco” lleno de luz que te haga sentir la plenitud y la belleza que te acompañará siempre.

sábado, 30 de noviembre de 2024

LO QUE MATA LA TRISTEZA


 

Lo que mata la tristeza no es el tiempo, como dicen los sabios, ni el olvido que prometen los años. La tristeza se desvanece en pequeños instantes, en fragmentos de vida que se cuelan entre las sombras del dolor, como rayos de sol atravesando una ventana empañada.

 

La tristeza muere cuando una sonrisa inesperada rompe la monotonía del día, cuando el aroma del café recién hecho despierta los sentidos dormidos, cuando una melodía olvidada nos transporta a momentos que creíamos perdidos. Muere en los abrazos sinceros, en las palabras susurradas al oído, en las miradas cómplices que no necesitan explicación.




 

Se ahoga la tristeza en las pequeñas victorias cotidianas, en el logro de levantarse cada mañana y enfrentar el espejo, en la valentía de dar un paso más cuando el camino parece interminable. Se disuelve en las risas compartidas, en los encuentros casuales, en las conversaciones profundas que se extienden hasta el amanecer.

 

La tristeza encuentra su antídoto en el movimiento del cuerpo, en el sudor que limpia el alma durante una carrera matutina, en la respiración consciente que ancla nuestro ser al presente. Se desvanece en la práctica del arte, en los pinceles que danzan sobre el lienzo, en las palabras que fluyen sobre el papel en forma de poesía sanadora. Muere en los viajes inesperados, en las aventuras que nos sacan de la zona de confort, en los encuentros con desconocidos que se convierten en amigos del alma. La tristeza se disipa cuando nos atrevemos a cambiar rutinas, cuando adoptamos un nuevo hobby, cuando nos permitimos explorar terapias que nos ayudan a entender nuestras emociones. Se esfuma en la meditación diaria, en el yoga que conecta cuerpo y mente, en las afirmaciones positivas que reprograman nuestros pensamientos.

 

La tristeza se desvanece cuando aprendemos a abrazar nuestra vulnerabilidad, cuando aceptamos que el dolor es tan natural como la alegría, cuando comprendemos que cada lágrima derramada riega el jardín de nuestra fortaleza. Se esfuma cuando dejamos de luchar contra ella y la aceptamos como maestra de vida, como la sombra que hace brillar más intensamente la luz.

 

Muere la tristeza en los atardeceres contemplados en silencio, en el vuelo de los pájaros que cruzan el cielo, en el murmullo del viento entre las hojas de los árboles. Se disipa en la música que hace bailar el alma, en los libros que nos transportan a otros mundos, en los sueños que construimos día a día.

 

La tristeza se extingue cuando aprendemos a amarnos en nuestra imperfección, cuando perdonamos nuestros tropiezos, cuando celebramos nuestros pequeños triunfos. Se desvanece en la gratitud por lo simple, en la apreciación de lo cotidiano, en el reconocimiento de la belleza que nos rodea.

 

Se ahoga en el amor que damos sin esperar retorno, en la compasión que ofrecemos a otros, en la bondad que sembramos en el mundo. Muere en los proyectos que emprendemos, en las metas que alcanzamos, en los horizontes que nos atrevemos a explorar.

 

La tristeza se disuelve cuando aprendemos que no es nuestra enemiga, sino una compañera temporal que nos enseña a valorar la alegría. Se desvanece cuando entendemos que cada experiencia, incluso las dolorosas, nos moldea y nos hace más fuertes, más sabios, más humanos.

 

Y al final, lo que verdaderamente mata la tristeza es la aceptación de que la vida es un ciclo constante de luces y sombras, y que en cada sombra se esconde la promesa de un nuevo amanecer.

 

*La tristeza no muere, se transforma en la sabiduría de quien ha aprendido a vivir plenamente.*

domingo, 24 de noviembre de 2024

TODO OCURRE EN SU MOMENTO

 La vida no sucede como queremos. Ella tiene energía propia. “Todo ocurre en su momento”. Si esta frase estuviera instalada en nuestra mente, todo sería más fácil.

 

         En muchas ocasiones, nos encontramos con situaciones insólitas, desesperantes, molestas e incluso absurdas pero si esperamos, si logramos esa paciencia que nos ayuda tanto veremos que todo ocurre cuando tiene que ocurrir y no podemos hacer que una cosa ocurra antes que otra.




 

         Ahora es el momento que hay. “Lo que es, es y lo que hay, hay”, nos dice Enrique Simo en una de sus conferencias que me han inspirado hoy. Es una ley muy sencilla, pero muy práctica. No podemos vivir lo que no toca. Este es el momento exacto y no el futuro, ni en el pasado culpando a alguien, aunque tenga culpa.

 

         La mayor seguridad está en uno mismo. Hay que seguir hacia delante, sin apegarnos a lo que creemos seguro. Debemos “soltar” lo que nos duele, por nosotros mismos, porque lo que tiene que ocurrir, ocurrirá cuando tenga que ocurrir.

 

         Es bueno entrenarse para tener paciencia, resiliencia, flexibilidad y adaptabilidad a lo que tenemos. No hay que apegarse a los resultados porque a pesar de todos nuestros esfuerzos las cosas salen como la vida decide. La presión, las exigencias no tienen efecto, no funcionan. 

 

         El arte de saber actuar y desapegarte a la vez, es la clave del éxito en la conquista de los estados emocionales de uno mismo. 


         Todo cambia, no sabemos cuándo, no podemos prever cómo se van a desarrollar las situaciones por mucho que parezcan previsibles. Nada es eterno y perpetuo en este mundo físico. Pero todo está, de alguna forma, previsto e incardinado en un devenir en el que todo pasa y todo llega en su momento. Cíclicamente si algo está comenzando…terminará alguna vez, por el contrario si algo está terminando, volverá a comenzar.

 

         Hay que regar las plantas pero no ponerlas demasiada agua porque mucho riego también les hace morir. Apliquémoslo a todas las situaciones de la vida  y no nos quedaremos atascados en el conflicto.

 

         Nada permanece eternamente mal, ni continuamente bien. Suelta. Fluye. 


Deja que ocurra lo que tenga que ocurrir.

domingo, 17 de noviembre de 2024

UN SILENCIOSO INFIERNO: LA SOLEDAD NO DESEADA

 En el vasto lienzo de la existencia, la soledad no deseada pinta trazos de gris sobre corazones que laten al ritmo de la incomprensión. Como hojas arrastradas por un viento hostil, algunos jóvenes deambulan por las calles de ciudades que les niegan su abrazo, marcados por el estigma de ser diferentes, de hablar con otro acento, de amar de forma distinta, de tener otro color de piel.

 

Sus pasos resuenan en pasillos de escuelas donde las miradas esquivas construyen muros invisibles. Sus voces, melodías de tierras lejanas, se ahogan en el murmullo de prejuicios ancestrales. Sus sueños, mariposas multicolores, chocan contra ventanas cerradas por el miedo a lo desconocido. En cada esquina, en cada plaza, la xenofobia teje sus redes de exclusión, mientras la diferencia se convierte en un peso que dobla sus espaldas jóvenes.




 

Y en el otro extremo de la vida, los ancianos, tesoros vivientes de sabiduría, se marchitan en la penumbra de habitaciones vacías. Sus historias, ricas en experiencias, se desvanecen en el aire sin encontrar oídos que las escuchen. Sus manos, curtidas por el tiempo, añoran el calor de otras manos. Sus tardes se alargan como sombras infinitas mientras el mundo exterior gira vertiginoso, olvidándolos en su prisa.

 

La soledad no deseada es un espejo que refleja nuestra propia humanidad fracturada, un recordatorio de que hemos construido sociedades que corren tan rápido que dejan atrás a quienes no pueden seguir su paso.

 

Pero en esta reflexión reside también la semilla del cambio: la soledad no deseada no es un destino inevitable, sino un llamado a la acción. Cada sonrisa compartida, cada mano tendida, cada momento de verdadera escucha, es un puente que atraviesa el abismo de la indiferencia. La verdadera riqueza de una sociedad no se mide por sus logros materiales, sino por su capacidad de tejer redes de afecto que no dejen a nadie fuera, que abracen la diferencia como un regalo y la vejez como un tesoro de sabiduría por descubrir.