Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


miércoles, 17 de julio de 2013

EXPECTATIVAS POR CUMPLIR




         Una de las circunstancias que nos producen más impotencia y dolor es no ver cumplir expectativas que dependen de otros. Manejar las situaciones a tenor de lo que siente el corazón tiene el riesgo de quedarnos con el vacío solamente, pero aún así, hay que arriesgar.
         Siempre he pensando que la felicidad es una llave que debemos custodiar únicamente nosotros. Ponerla en manos de los demás es ceder el poder de manejarla a su antojo y no a favor de nuestras necesidades. Pero esto que se teoriza tan bien, se ejecuta mal.
         Generalmente nos sentimos conformes cuando nos encontramos en una situación grata que nos envuelve y nos trasciende; el peligro es identificar este escenario con los actores que se mueven en él. Cuando comenzamos a focalizar lo que sentimos en una persona, asociando nuestras emociones a su presencia, a sus movimientos, a las sonrisas y miradas…hemos iniciado un camino difícil de abandonar. Rápidamente surgen las expectativas y el objeto de deseo puede llegar a convertirse en la causa del tormento más insidioso.
         El otro… es un mapa por descubrir. Sus senderos, sus caminos o los trazados de su corazón no deben ser sino vías de tránsito por las que iniciar, paso a paso, nuestro propio recorrido sin esperar encontrar nada definido. Realmente, cada persona tiene, dentro de sí, atajos diferentes para los demás y no todos los otros pueden llegar hasta el mismo punto, una vez avanzado el trayecto dentro de ella.
         Una forma inteligente de no sufrir, es no esperar. La vida debe fluir con las pautas que el destino nos tiene reservadas. No vale tratar de cambiar su rumbo; en este sentido, siempre que pienso en ello, se me representa el curso de un río y su continuo fluir. Cuando un obstáculo se pone en su camino, el agua rodea, bordea y se acomoda a un nuevo trayecto. Ninguna piedra detiene el río. Ninguno podemos detener lo que deba sucedernos, antes o después. Lo que sucede es que podemos intervenir en cómo esperar que ocurra lo que deba: anhelando que suceda, esperando que se produzca, sufriendo inmensamente mientras tanto…o yendo al encuentro de lo que está por llegar con la serenidad en el alma de que nada debemos esperar del otro que se ajuste a nuestro deseo…simplemente creer firmemente en que algún día lo que tanto anhelamos se ha de producir, así sin condicionar el libre fluir de su acontecer.
         Yo al menos me siento más tranquila dejando que el destino me sorprenda una y otra vez sin ser yo la que espere que lo haga por el camino que deseo. Al menos me evito algún sufrimiento que otro…que no es poco.

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