Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


jueves, 23 de mayo de 2013

GUSTARNOS A NOSOTROS MISMOS



Vivimos en la época de las modas. Los cánones de belleza cambian cada día. Lo que hoy se lleva mañana se desecha para volver pasado. Oscilamos entre la moda retro y las tendencias americanas de la 6º avenida. Sexo en Nueva York, la serie más vista de las últimas décadas, nos ha hecho creer de nuevo en el príncipe azul, al igual que Pettry Woman, que consiguió materializar el sueño de todas las mujeres pertenecientes a los simples mortales de a pie.
         Sin embargo, la realidad es otra. Los sueños están bien para hacer dulces las horas de la noche, pero al despertar uno debe mirarse al espejo y saber encontrarse. Nos agrade lo que veamos o no, debemos comenzar por saludarnos y sentirnos bien con ese viejo conocido que nos devuelve éste.
         Llega el verano y todos queremos lucir una buena figura, vestirnos con una sonrisa y agradar lo máximo posible. Pero en realidad, nada de esto nos irá bien si la alegría y el encanto no van por dentro. De nada sirve agradar al resto si la alegría no está pegada a nuestra piel y si no terminamos de aceptarnos tal y como somos.
         Hay, por otra parte, personas que se toma tan estrictamente esta afirmación que rayan en la desidia. No se trata de darnos igual. Ni de creer que no podemos mejorar si sentimos ganas de ello. Siempre se puede. Aunque todo nos diga lo contrario. Aunque nosotros mismos no nos ayudemos en absoluto.
         Todo está en el cerebro. Absolutamente todo. Desde las necesidades a los deseos, desde el sexo a la curación. Todo parte de él y regresa a él. De otro modo no existiríamos de forma consciente, ni nos daríamos cuenta de que nuestra mano, nuestro pie o nuestros ojos son nuestros en realidad. Sin él, no podríamos anticipar, soñar, desear ni ser felices. No podríamos perdonar, ni gozar. Ni siquiera conseguir que nuestro corazón lata por lo que más queremos y darnos cuenta de que es así.
         Por eso, precisamente por eso, en el cerebro están también todas las posibilidades de conseguir lo que nos propongamos. Desde mejorar la imagen a dejar un vicio. Desde serenarnos hasta ser felices. Desde comenzar a vivir por fin, hasta dejar de malvivir en un ser que no nos gusta y no terminamos de aceptar.
         No hay mejor amigo que nosotros mismos. Ni juez ni verdugo que más severamente nos trate. De ahí la necesidad de firma la paz definitiva con la consciencia que nos constituye y a partir de ahí volar libres hacia lo mejor de nosotros mismos.

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