Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


domingo, 10 de marzo de 2013

LOS PILARES DE UN NUEVO MUNDO



Acabo de regresar de un Congreso de Educación donde a todos los que estábamos allí nos preocupaba la forma de enseñar mejor, de transmitir con  más eficacia, de lograr encantar con mejores fórmulas a nuestros alumnos. Y sin embargo, todo daba vueltas en torno a metodologías, sistemas informáticos, evaluaciones, cursos y estrategias de “venta” de conocimientos.
         Lo que me llevé de todo ello, lo mejor…fue una charla privada con una ponente sobre lo que debería sostener el nuevo mundo que llega y que debe quedar en manos de nuestro hijos, nuestros nietos y los que les sucedan.
         Comentábamos que lo más importante es migrar la educación que hoy funciona a una nueva forma de pensar, a un nuevo latir del corazón, a una nueva forma de ser e instalarse en él.
 Todo debería comenzar por la manera de vernos. No somos lo mejor. No somos el centro del universo. No somos lo más poderoso. No, lo único. Solo somos parte de…solo estamos incluidos en…solo funcionamos si…y de ahí debe llegarnos la humildad necesaria para ver, más tarde, al otro, de forma totalmente distinta. Colaborar y no competir. Comprender y no juzgar. Cambiar la envidia por voluntad para conseguir las metas propias y sobre todo compasión ante quien sufre, quien está en una situación de desamparo, quien no sabe amar o quien solo se guía por el odio.
El mundo que han de heredar los nuestros ya debería haber comenzado a ser distinto. Las emociones hablan continuamente e ignoramos su mensaje. Nos atenazan y no sabemos solucionar la asfixia que producen. Nos desbordan y no sabemos repartir lo que nos sobra de ellas. Nos llaman a gritos y no escuchamos más que los ruidos que nos reclaman desde afuera. Siempre lo que viene de dentro queda para otro día. Para otro lugar, para otro momento.
Cuando ellas tenga una presencia de lujo en los programas educativos, cuando se haga de su excelencia la clave para que el mundo funcione bien, cuando se respete la diversidad de cada alumno y su forma de expresarse desde el interior, cuando se premie el ser y no el repetir…entonces habremos logrado asentar los pilares de un nuevo espacio y un tiempo distinto. Esos que están en los bolsillos de cada uno.
Nadie puede cambiar el mundo, pero sí puede tener otra actitud en el suyo. La vida funciona en ondas expansivas. Concéntricas, como la piedra que roza el agua del río, por lo que nuestra forma de instalarnos en la vida diaria se proyectará en los que pelean en ella, codo con codo con nosotros.
He venido convencida de que el cambio tiene que partir del corazón de cada uno y ese corazón no puede ignorarse en las aulas.
¡Feliz comienzo de semana!

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