Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


lunes, 27 de mayo de 2013

SALAS DE ESPERA




         Acabo de recibir una carta de mi padrino de bautismo. Es una persona adorable, profundamente culta, y con ello aludo a su sabiduría para vivir desde siempre, e inmensamente entrañable.
A sus 94 años, me dice que solo podría soportar el presente si rescata del pasado todo lo mejor que ha habido en él. Cuando se tiene esta edad, el presente tiene un futuro muy corto, por largo que sea, y resistir la idea de la marcha solamente es posible con un pasado sólido y bien vivido. Entonces, es más sencillo conformarse con el momento al que hemos tenido la suerte de llegar.
A medida que avanzaba en la lectura de la carta, me iba dando cuenta de lo importante que es recibir aún estas joyas de papel. Su letra temblorosa, el cansado ritmo de sus palabras tras el último infarto y el imperioso deseo de seguir comunicándose me llevaron a pensar en lo tremendo que es estar en cualquier sala de espera.
La vida pasa muy deprisa y por larga que sea, siempre resulta corta. Estamos tan inmersos en el día a día que pareciese que acabamos de empezarla hace poco, pero nuestra biografía nos enseña los años que llevábamos a cuesta y sobre todo, las cicatrices que nos decoran.
Es delicioso poder llegar a la vejez con la lucidez mental plena y con el sentimiento de una vida suficientemente cumplida. Que nada de lo que nos apasione quede por hacer, que nada de lo que quisimos expresar haya quedado en el aire sin destinatario, que lo que gozamos sea el mejor equipaje y lo que amamos nuestro vehículo para que el viaje sea dulce y complaciente.
Las salas de espera, hasta ésta última, siempre nos enseñan a ser pacientes. Nos obligan a someter la prisa y a valorar cada instante ganado al tiempo de expectativa. Nos unen con los que están en circunstancias similares y entonces, las diferencias se borran.
Ansiosos por salir de ellas, ponemos en alerta a nuestro sistema defensivo y tratamos de ser benevolentes con nosotros mismos para no sucumbir a la impotencia de seguir esperando en un proceso que se dilata más de lo deseado.
Posiblemente, la sala de espera que nos lleva a la despedida final, sea la única de la que no queramos salir porque a pesar de los quebrantos de la vida, nadie quiere abandonarla. Sin embargo, estar en ella satisfecho de lo que hemos vivido atrás es un buen cojín sobre el que apoyar nuestra cabeza para seguir soñando aún el tiempo que nos quede.

domingo, 26 de mayo de 2013

LA TÉCNICA DE LA TORTUGA




Hace escasos días hablábamos de la técnica de la Mecedora como ejercicio práctico para reconectar con la calma necesaria al encontrarnos dentro.
Hoy, siguiendo la pauta del control emocional propio, nos acercamos a la denominada “Técnica de la Tortuga”.    Inicialmente se ideó para enseñar a los adultos a manejar la furia, pero luego se extendió igualmente a los niños ya que era muy eficaz para reducir la frecuencia de las conductas agresivas.
Se compone de 4 pasos:
1.    Reconoce cuándo estás enfadado o fuera de control.
2.    Detente y piensa.
3.    Métete dentro de tu caparazón como una tortuga, respira tres veces profundamente y deja que en tu mente se deslicen pensamientos tranquilos.
4.    Sal de tu caparazón cuando estés tranquilo e idea una solución para tu problema.
En realidad, nuestra incapacidad para controlar nuestros impulsos emocionales es lo que origina muchos de nuestras equivocaciones y errores.
Las autoinstrucciones y el habla interior pueden ayudarnos. Continuamente nos damos una versión de nosotros mismos o de nuestras experiencias pasadas y en ocasiones pueden ser muy destructivas o paralizadoras.
Si una persona continuamente se repite “soy una inútil” o “mi vida es un fracaso”, se está vampirizando a sí misma destruyéndose continuamente.
Lo que nos diferencia como humanos es la capacidad de anticiparnos a los sucesos y la de elegir. Ambas reguladas por el lenguaje interno ante un mundo siempre cambiante.
Monet, gran pintor impresionista quiso pintar el paisaje de una manera nueva. Captando el cambio. No fijándose en la estabilidad de las cosas, sino en el cambio de ellas con la modificación de la luz, siempre activa, inquieta y variable…
…”Un paisaje, decía, no tiene la menor existencia como tal paisaje, ya que su aspecto cambia a cada momento. El sol va tan deprisa que no puedo seguirle. Esa luz que se escapa llevándose el color es algo espantoso. El color, un color, no dura ni un segundo”…
Estos pensamientos de Monet le llevaron a otra forma de pintar. Por medio de las pinceladas amplias y grandes pretendía captar la fugacidad de la luz y sus tonalidades; una forma de ver la realidad puede ayudarnos si tratamos de hacer un paralelismo con el paisaje interior.
 Nuestras emociones varían por momentos, nunca encontramos la misma respuesta ni siquiera, ante las mismas preguntas.
Es evidente que nuestros ojos miran según lo que queramos ver. Pensemos con pinceladas de trazo amplio y ayudémonos a captar lo mejor de cada momento para tenerlo dispuesto cuando dentro de nuestro caparazón de tortuga tengamos que serenarnos tratando de encontrar una solución.

DOMINGOS LITERARIOS



EN EL BORDE DE MI DESEO

He amanecido en ti. Sin saber cómo,
Apoyaba mi cabeza sobre tu pecho
Y las blancas manos de tus brazos
Rodaban juguetonas entre mi pelo
Te he mirado fijamente a los ojos
Con la mirada limpia del desvelo
Para preguntarte con ella
Si  tu amor es para siempre en el tiempo.
Y tú sonríes como si no supieras de otra cosa,
Más que amarme a cada instante
Con todas tus fuerzas y sin ningún duelo.
Te he besado lentamente, más tarde,
Para saber si eran míos tus besos
Y tu boca me ha confesado
El más íntimo de tus secretos:
Que siempre fui el único amor,
Que has sentido desde lo más dentro.
Cerré los ojos para empapar de miel,
el filo agudo de mi corazón inquieto,
Y así me encontré dormida de nuevo,
en el borde extremo de mi deseo. 

FLOR Y NATA

sábado, 25 de mayo de 2013

LA PARTES DEL TODO




Los enfados, las críticas, los malos entendidos y la falta de confluencia en el mismo punto de pensamiento llevan a terminar con las buenas  relaciones con los demás.
Somos parciales en las apreciaciones y defendemos nuestro criterio como si se tratase del único punto de vista que pudiese existir. Sin embargo, el todo está constituido por partes, de las cuales cada uno apreciamos una dimensión. Si así lo considerásemos seríamos, seguramente, menos beligerantes y más flexibles con el resto…y hasta con nosotros mismos…abriendo el campo de las infinitas posibilidades que conllevan las aristas de cada problema.
Veamos que nos dice este cuento oriental:
Hace muchos años, en un lugar lejano... un grupo de ancianos monjes, ciegos desde su nacimiento se reunieron para discutir sobre Dios. Cada cual quería quedar por encima del monje de al lado, cada cual se creía en posesión de la Verdad, ingenuos pensadores que querían hacer de las múltiples verdades "Una Sola", la que ellos conocían y defendían. La conversación, que ya habían tenido más de una vez, repetía las mismas argumentaciones que en el pasado: "Dios es bueno y comprensivo", "No, Dios ha de ser justo y por lo mismo, severo", "Dios nos espera en su reino en los cielos", etc., ni siquiera ellos podían ponerse de acuerdo.
El más anciano de todos sacudió la cabeza y suspiró.
- Os dais cuenta de que en todos estos años no hemos sido capaz de acordar cómo es nuestro Dios. Pero..., si ni siquiera nosotros conseguimos escucharnos. Anoche tuve un sueño, reunámonos de nuevo aquí la semana próxima, y espero que avancemos en algo entonces.
A la semana siguiente se reunieron de nuevo y, antes de que pudieran empezar su eterno debate, el monje mas anciano hizo que pasaran a un cuarto que desconocían. Allí, les dijo, cada uno tendría que tocar lo que tenían delante, en silencio y sin moverse del sitio adjudicado. Así lo hicieron, y cuando hubieron terminado, se sentaron en círculo.
- ¿Y bien? Qué había en la habitación?
- Era algo inmenso, apenas podía abarcarlo con mis dos manos. (Dijo el primer monje)
- Era duro, casi rugoso, cálido.
- Te equivocas, hermano. Lo que había en la habitación era pequeño y peludo y ligero.
- ¿Qué decís? Lo que había en el cuarto era duro, sí, pero frío, y liso, muy suave
- ¡no sé dónde habéis estado!, refunfuñaba otro. No era tan duro, y podía moverse, era cilíndrico y húmedo al final.
El anciano monje les dejó seguir un poco más antes de revelarles lo que realmente habían palpado: todos estaban hablando del mismo ser, un elefante. Cada uno había llegado a conocer una sola parte del mismo: cola, lomo, colmillo, trompa. Y su cerrazón a ver más allá de la propia experiencia les impedía apreciar el "Todo". Solo era un Elefante. Un solo ser con múltiples apreciaciones.
Al igual que con la verdad, siempre queremos llevar la razón, siempre pensamos que lo que hay dentro de nuestra cabeza es la "verdad absoluta" y no solo una parte del puzzle que constituye la totalidad.
¡Feliz fin de semana!