Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


miércoles, 30 de julio de 2014

AMORES CONGELADOS

Hoy me hablaba, una persona muy querida por mí, de las historias de amor que se quedan en la retina y que nunca abandonan el corazón. De encuentros que permanecen por siempre dentro de la mente y de aromas y sonidos que no pueden abandonarnos por más tiempo que pase.
Son amores que por no poder explicitarse quedan congelados en el puro goce. En el sentimiento delicioso de lo que no está condenado a fracasar por no poder ser.
Creo que en esas ocasiones, cuando se congela un amor en el alma, uno se queda atrapado en él. Podemos tener diferentes relaciones, seguir intentando ser felices tratando de obviar que hay un sentimiento que está hibernando, probar una y otra vez. Al final, la chispa salta a la más mínima ocasión y el hielo se puede licuar  al instante.
¡Qué fenómeno tan extraño!, en realidad, tal vez, han pasado años desde que nuestro corazón sucumbió a Cupido pero cuando se encuentra con la otra persona, esa dimensión temporal se esfuma como por arte de magia.
Es como si se detuviese la imagen en una película y por más tiempo que pasara, la siguiente secuencia seguiría siendo inmediata y fresca. Posiblemente, siempre esperamos, en el fondo, que un milagro suceda y que aquel ser que nos sacudió por dentro siga haciéndolo.
Hay personas que se rinden y se conforman con algún sentimiento que le roce de refilón al que se congeló. Pero ni estas siquiera pueden evitar añorar lo que pudo ser.
Otras personas, son capaces, sin embargo, de creer que el tiempo no es un impedimento y que si aún continúa en el alma afectos que queman es posible que también se de esa situación en la otra parte aunque no la veamos.
Merece la pena intentarlo porque solamente se puede ganar. Volver a acercarse a lo que prometía ser el amor de nuestra vida solamente nos traerá ganancias porque sin pretender un final feliz, volveremos a descubrir sensaciones indescriptibles y quién sabe…tal vez la suerte nos acompañe y comamos perdices con quién tanto nos gusta.

domingo, 27 de julio de 2014

SE NECESITAN MAS CORAZONES ASÍ



Más corazones desarmados, en un mundo lleno de guerras.  Almas magnánimas en una sociedad interesada.
Espíritus fuertes para un siglo de mediocridades.  Más trabajadores y menos personas que critiquen.
Más ciudadanos que digan: “Voy a tratar de hacer algo”, y menos que se contenten con: “Es imposible”.
Un número mayor de audaces que se lancen al fondo del problema para resolverlo y un número menor de fatalistas acomodados en la omisión. 

Más amigos que se arremanguen con nosotros, y menos demoledores que apunten solo defectos.
Más gente que almacene esperanza, y menos frustrados que acarreen toneladas de desánimos.
Más personalidades que perseveren y menos colegas que comienzan y nunca acaban.  Más rostros sonrientes y menos frentes nubladas. 

Más compañeros bien asentados en la realidad y menos soñadores pendientes de las ilusiones pasajeras.
Necesitamos con urgencia, sin falta: un mundo en manos  bienhechoras encendiendo una luz, para iluminar el pesimismo de la multitud.  Un fósforo en la mano… pequeño, ¡pero tan importante!  Pequeño, insignificante, ¡pero como ilumina disipando la oscuridad! 

Autor Desconocido

DOMINGOS LITETARIOS



 SINFONÍA


Con trocitos del amor nuestro
Quiero componer una sinfonía,
Para escucharla cuando estés lejos,
Para sentir que tu alegría
Sigue siendo mía,
sin dudas y sin peros.

 Con pedazos de lo que tenemos,
Quiero construir un puente,
Para que nos deje pasar
despacito al otro lado,
Que tan distante,
 siempre parece.

Con miguitas del pan tierno
quiero hornear una tarta
de fresa, nata y caramelo,
para untar en ella,
mis deseos y tus ganas
y saber que esto  que construimos,
ni pueden tirarlo, ni se acaba.
Y cogerte de la mano
Y sentir de nuevo la magia
de creerme una reina
en el confín de tu reinado,
Y en lo alto de la almena
Verte guerrero y estar contigo
ganando la misma guerra.
Esperar … espero y espero
Pero en la espera quiero
Llegar a la luna de tu celo,
Siendo amante y madre,
Siendo niña y sonajero
Y que sigan sonando cascabeles
Cada vez que te digo:
TE QUIERO.

sábado, 26 de julio de 2014

EL CASTILLO ROSA



Una vez, en un pueblo cercano, el rey organizaba eventos y fiestas que mantuvieran al pueblo animado. Uno de ellos era el concurso de la mejor y más grande hortaliza. 
Joan tuvo la fortuna de producir la calabaza más grande de la comarca, así que con una enorme fiesta local y con banda de música  lo pusieron dentro de un vagón de ferrocarril que lo llevaría al castillo del Rey, para recibir su premio.
Banda de música lamía sus oídos.  Allá fue Joan. Hinchado el corazón y el pecho de orgullo. Vería al castillo, vería al Rey y contaría todo a sus pobres vecinos que no tenían su inmensa suerte.
Cuando llego al castillo, entró por una puerta lateral, después de preguntar a un guardia.  Un asistente, en una pequeña mesa de un salón rosado, se presentó y preguntó qué debería hacer.
-Esperar, le dijo el amanuense.
Y eso fue lo que Joan hizo. Esperar. Durante el primer día la sed y el hambre, lo acosó. Durmió en la banca que le tocó en suerte encontrar liberada. Durante el segundo y tercer día, ya había hecho migas con un compatriota con el cual se turnaban para conseguir algún emparedado fuera del castillo y algo de beber.
 Los asistentes llamaban continuamente a personas que esperaban para efectuar trámites, firmas y traspasos administrativos.
Joan se desesperaba por ser recibido por el Rey, pero se mantuvo firme aunque estuviese desencantado.
Finalmente, lo llamaron. Le hicieron firmar un papel sobre una tablilla, le entregaron una medalla de mediano tamaño, y ni siquiera lo despidieron. El asistente dio rápidamente media vuelta y se alejó.
Joan, parado en medio de la estancia, rodeado de cientos de personas, se encaminó hacia el transporte que lo llevaría de vuelta a su pueblo.
 Viajó en silencio, apesadumbrado pero se animó un poco cuando llegando a la estación de su localidad escuchó a lo lejos - una música que lo esperaba. 
Eran sus vecinos que sabían que Joan volvía al pueblo.
Lo recibieron con halago. El alcalde le preguntó delante de todos: Joan...¿Cómo es el castillo de Rey.?
Joan, sacó débilmente un poco de pecho, y respondió:
El castillo ?...Es todo color rosa.
Eso es lo que Joan vio. La antesala de un castillo. Sin conocer todo lo que conlleva si uno se adentra en él.
Como la vida. Como las nuevas amistades. Los nuevos trabajos. Las nuevas ciudades. Los nuevos amores. En su antesala prima el color rosa pero hay que caminar despacio y agudizar la retina porque ese color no se mantiene y tras él, tal vez, existan matices llenos de sombras.
No olvidemos que todo tiene un lado oscuro.

jueves, 24 de julio de 2014

EL REGALO DE ESTAR AQUI



Todos estamos aquí por algo y sobre todo para algo. La idea de tener una misión, una función y un objetivo, conlleva una tranquilidad implícita. Parece que tiene sentido estar aquí y que de algún modo, ser necesarios, para alguien o para muchos es nuestro destino.
La idea de utilidad, sin embargo, puede hacernos caer en una trampa. Posiblemente el afán por el bienestar de los demás reste el cuidado de uno mismo. En definitiva, por muy justificado que esté vivir por otros, la experiencia que estamos protagonizando es nuestra y solo nuestra.
Pienso que en realidad estamos todos inter conexionados y que nuestra vida tiene sentido también dentro de la red global de la existencia,  para otros.
Creo, sobre todo, que estar aquí significa experimentar el conocimiento, vivenciar los sueños, las ideas o las teorías. Hacer, practicar, atreverse, comenzar, iniciar, ejecutar, acompañar y toda clase de acciones que nos permitan hacer de la vida una continua práctica.
Se trata de reconectarnos, de recordar lo que ya está en nosotros, de levantar suavemente el velo, de soplar ligeramente sobre el vaho que impide una visión clara de lo que somos, de lo divino que incluimos y del propósito que traemos.
Ante todo, se trata de saber que para conocer hay que protagonizar. Que no vale que te lo cuenten, que no sirve escuchar solamente, ni quedarnos mirando como observadores externos a la vida. Que hay que implicarse porque para eso la vida, la nuestra, es solamente nuestra y aunque de refilón toque a las que se nos cruzan durante ella, lo que suceda o deje de suceder lo ganaremos o perderemos solamente nosotros.
Cada día dudo menos. No quiero perderme ni un segundo, ni una vivencia ni nada que esté destinado a mí. No quiero arrepentirme de no vivir en plenitud, el regalo de estar aquí.