Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


martes, 2 de julio de 2013

EL PODER DE ELEGIR



         Todos nacemos con el mismo velo o al menos con uno. Es difícil encajar los cambios que la vida va trayendo desde que pasamos de la comodidad del afecto materno a la dureza de la vida cuando son otros quienes tienen que valorarnos y exigirnos.
         Hemos aprendido lentamente, unas veces, y de golpe, otras, pero en cualquier caso con caídas y tropezones de los que no se nos ha olvidado su sabor. La dulce inocencia con la que comenzamos nuestros primeros pasos se va perdiendo en el camino mientras  izamos los pies del alma, pero sobre todo cuando colgamos sus vestidos del corazón de los demás.
         Siempre tenemos la posibilidad de elegir. Esa lección también se va gravando en nuestro modelo de comportamiento. Poco a poco y con el tiempo, nos damos cuenta de que no podemos dejar de sentir los afectos que nos invaden al encontrarnos con otras gentes pero sí aprender a gestionar las emociones que nos provocan.
         Quiero pensar que los condicionamientos que parecen limitarnos pueden ser transformados por la voluntad, por la creencia en nosotros mismos y por la fe en lo que somos desde siempre y en lo que podemos ser a cada instante. Quiero intuir una forma de serenarnos que mora en nosotros y está a nuestro favor siempre. Un don que nace con nuestra persona y evoluciona siempre hacia la mejora cuando se ejercita: el saber reconducir lo que duele encontrando en ello el mejor mensaje que nos ayude.
         Si no pudiésemos elegir, la vida no tendría sentido. Perdería su frescura. Es la posibilidad de equivocarnos lo que nos va a permitir saborear los laureles del éxito cuando toque. Es, precisamente, la sensación de dudar entre varios senderos lo que somete al corazón a un lifting con el cual siempre es joven.
         Las seguridades excesivas siempre están ligadas al cansancio. Uno no quiere riesgos cuando no quiere ganar nada, ni tampoco perderlo. Con el tiempo, nos vamos dando cuenta de que lo peor es caer en un estado plano en el que todo de igual, nada importe en exceso y la vida adquiera un tono indefinido en el que si no se ve mucho, tampoco está oscuro del todo.
         Se dice que en el medio está la virtud pero no es del todo cierto cuando lo que está en juego es el envejecimiento del alma. Porque en definitiva, lo importante no es lo que nos prometemos a nosotros mismos, sino lo que cumplimos de ello. Eso es lo que nos hace verdaderamente poderosos.
         Una vez más creo en el poder de elegir y en la conveniencia de equivocarnos. Una vez más, apuesto por la vida de sabor de menta, de olor a hierba recién cortada y del color de las nubes.
         Una vez más me digo a mi misma que he venido aquí para experimentar y que eso siempre conlleva un riesgo, el de apostar por ser feliz día a día.

EL PLACER DE VOLVER




         Por pequeña que sea la marcha uno siempre tiene el placer de volver…a veces aunque solo te espere tu casa, es suficiente, pero mucho más cuando hay personas que anhelan tu regreso.
         Cuando nos marchamos algo se va con nosotros que intenta perdurar en quien se queda y que invisiblemente tira de nuestro corazón para no perder la pista dónde está el camino de vuelta.
         He conocido personas que continuamente quieren iniciar períodos nuevos, vidas diferentes con gentes distintas y lugares desconocidos. Nunca he entendido la aventura continua, el descubrimiento incesante y esa imperiosa necesidad de ser y estar siempre con lo nuevo. Será que me gusta vivir con apegos, estar en mis sitios y con mis gentes aunque mi corazón sea un poco nómada en lo que respecta a conquistar otras almas que caminen a la par.
         Querer siempre lo que no se conoce me parece de algún modo necesitar ser siempre nuevo para otros. Dejar atrás lo que no nos gusta y reponerlo o sustituirlo rápidamente en nuestro interior por aquello que aún tiene algo que decirnos. Posiblemente sea una especie de huída de nosotros mismos o una oportunidad de seguir mejorando si tenemos alma errante y corazón de nómada.
         Me gusta cambiar de aires, conocer lugares nuevos, gastronomías distintas y placeres diferentes…pero me gusta hacerlo con personas conocidas y gentes que amo. Ese es el verdadero sentido de los descubrimientos, el poder compartirlos, el volver juntos y el recordarlos más tarde para poder revivirlos de nuevo.
         Tal vez los apegos me invadan por completo. Posiblemente, mi corazón eche raíces con demasiada facilidad y sobre todo, quiera retener lo que ama para conquistar nuevos mundos dentro del que ya tengo.
         De cualquier forma, siempre es un placer volver y encontrarte con lo que aquí espera.

domingo, 30 de junio de 2013

PERLAS DE SABIDURÍA



PERLAS DE SABIDURÍA

Había una vez en el lejano Oriente un hombre considerado muy sabio. Un joven viajero decidió visitarle para aprender de él.
-Maestro, me gustaría saber cómo llegar a ser tan sabio como usted...

-Es realmente sencillo, -le dijo- yo solo me dedico a descubrir perlas de sabiduría. ¿Ves aquel gran baúl de perlas?
-Sí.
-Son todas las que he acumulado durante mi vida.
-Sí pero... ¿dónde puedo encontrarlas?
-Están en todas partes. Es cuestión de aprender a discernirlas. La sabiduría siempre está preparada para

quién esté dispuesto a tomarla. Es como una planta que nace dentro del hombre, evoluciona dentro de él, se nutre de otros hombres y da frutos que alimentan a otros hombres.
-Aaahhhhh, ya, ya.... Lo que me está diciendo es que tengo que ir descubriendo lo que hay de sabio en cada
persona para crear mi propia sabiduría y compartirla con los demás...

En aquel momento, las palabras de aquel joven parecía como si se fueran formando una pequeña nube de vapor de agua que se condensaba hasta solidificarse en una pequeña perla. Inmediatamente el maestro la recogió para ponerla junto al resto de perlas.
El maestro le dijo:
-Realmente, mi única sabiduría es recopilar estas perlas para después saber utilizarlas en el momento oportuno.


AFILAR EL HACHA

En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al días siguiente.

Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos árboles.
El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día.
El tercer día se propuso mejorar su producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó:
-¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?
El joven respondió:
-Realmente, no he tenido tiempo... He estado demasiado ocupado cortando árboles...


EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIEN ERA

Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales,... Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices. Excepto un árbol que se sentía profundamente triste. Tenía un problema: no daba frutos.
-No sé quién soy... -se lamentaba-.
-Te falta concentración... -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas... ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas...
-No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¡¡Mira qué bonitas son!!
Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada vez se sentía más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves. Al ver la desesperación del árbol exclamó:
-No te preocupes. Tu problema no es tan grave... Tu problema es el mismo que el de muchísimos seres sobre la Tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo tal como eres. Para conseguir esto, escucha tu voz interior...
¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?... -se preguntaba el árbol angustiado y desesperado-. Después de un tiempo de desconcierto y confusión se puso a meditar sobre estos conceptos.


Finalmente un día llego a comprender. Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior susurrándole:
"Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y belleza al paisaje. Esto es quien eres. ¡Sé quien eres!, ¡sé quien eres!..."

Poco a poco el árbol se fue sintiendo cada vez más fuerte y seguro de sí mismo. Se dispuso a ser lo que en el fondo era. Pronto ocupó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Solo entonces el jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.


DOMINGOS LITERARIOS

  UNA DULCINEA PARA TI

Quisiera ser la Dulcinea de un Quijote soñador de realidades inventadas, quisiera ser el centro de tu centro, el amor de lo amores, la dicha de las dichas en tu mundo de caramelo.
Quisiera estar con tus molinos de viento y jugar con espadas y manteos para ver a mi caballero dulce y tierno, ganar las batallas en cualquier intento.
Quisiera vestir de nácar, seda y pasión de fuego para calmar la sed de tu cuerpo y rozar con mis besos cada uno de tus cabellos.
Quisiera ser la fantasía de tus inventos, el aliento fresco de cada instante eterno, la alegría inmensa de saberme tuya por fuera y por dentro.
Quisiera ir contigo sin que nadie notase que te llevo y enredarme entre tus piernas, beber tus ganas y encender tu cuerpo, una y otra vez, sola, en mi deseo.
Quisiera soplar tu alma y elevar su vuelo, al ritmo de una melodía infinita con sonidos de clarines, arpas y tintineos.
Por querer quisiera estar siempre sintiendo que el amor que inventaste para mi sigue existiendo y existirá siempre…más allá de cualquier tiempo.
Por último quisiera, alargar mi mano…y de pronto rozar tu pelo…mirarte a los ojos y decirte bajito, susurrándote al oído…cuánto ¡TE QUIERO!.