El silencio es un valor muy importante, siempre es un mensaje y pocas veces se convierte en una ofensa. Existe el refrán que dice: …” el que calla otorga”…, que no siempre es así, o el que afirma que “ En boca cerrada no entran moscas”…, que más bien quiere decir, no salen sapos.
Lo cierto es que muchas veces es mejor callar que enzarzarnos en disputas estúpidas, o cuestionarnos opiniones que nunca van a cambiar, o confrontar ideas que generan enfados, molestias y ofensas innecesarias.
No se trata de callar siempre y a todo. Esto va de ser selectivos con lo que decimos y aún más con lo que “no decimos”. No todo interesa que lo sepa todo el mundo, hay que reservar nuestra parte de intimidad como muy nuestra; esa que te hace sentir dueño de tu historia, tu pasado y tu presente. Con la que no van a poder destruirte en algún momento o enmarañar lo que fue tuyo y solo tú tienes derecho a manejar.
En general, damos mucha información de nosotr@s mism@s sin que nos la pidan. Iniciamos una conversación y cualquier palabra del otro interlocutor provoca en nosotr@s las ganas de “contar lo nuestro”.
Cuidado con lo que nadie pregunta y tú dices. Cuidado con las personas muy preguntonas que quieren saberlo todo de ti a cambio de nada de ellas. Cuidado con desnudarte demasiado fácilmente con tus palabras y quedar vulnerable ante quien no sabes lo que va a hacer con ellas.
Ya decía “ La Campanario”…parafraseando a alguien que quizás ni ella conociese… “Eres esclavo de lo que hablas y dueño de lo que callas”… Ahí lo dijo todo, aunque a esta gente televisiva tanto hablar como callar les supone un rédito al pasar por caja, porque cuando callan es para hablar, más tarde, con mejor caché.
No obstante, nosotr@s los ciudadanos de a pie, debemos guardar en nuestro cofre interior lo que se convierte en un tesoro por no dicho, cuando lo creamos oportuno, y ser más cautos en dilapidar información personal que interesa a much@s saber sin necesidad y a nosotr@s callar por precaución.

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