La vida va amoldando tu carácter, tu forma de ver las cosas, de priorizarlas y, lo más importante, tu manera de responder a ellas. Y es esto último, lo que te define. Cómo reaccionas ante lo que sucede, de qué forma contestas a ello, de qué manera te revelas o lo aceptas.
A tod@s nos suceden acontecimientos semejantes. Tod@s estamos a merced del azar, casi siempre, y aunque no lo creamos, podemos controlar mucho menos de lo que creemos. No todo está resuelto con nuestras habilidades, nuestra forma especial de manejarnos en el mundo o nuestro carisma irresistible en el que tanto confiamos.
Poco a poco, hay un aprendizaje inexorable por el que pasamos la mayoría de los seres humanos inteligentes y éste nos lleva a discriminar lo que nos deja de importar, aquello que antes parecía innegociable, a lo que creíamos que nunca renunciaríamos pero de lo que nos hemos dado cuenta que ha dejado de funcionar como prioritario, si queremos convivir con menos problemas con los demás y con nosotr@s mism@s.
Si aún estás en esa fase de resistencia, con asuntos que más tarde te parecerán intranscendentes, tienes que saber que te queda mucho que sufrir. La mayoría de las veces “ aceptar” no es “rendirse”, sino transformar lo que te hace daño, alejarlo del foco de tu dolor, aunque esté cercano, verlo desde otro ángulo y transformar lo que te hace sentir mal.
Dice una antigua máxima…” A lo que te resistes… persiste”… por eso, no te resistas a nada, deja que se convierta en algo suave, intrascendente y blandito. El resto, la transformación que todo experimentará a tu alrededor, te hará libre de la tiranía de aquello que te duele siempre que pasa por tu lado.
No olvides que la vida te pondrá a prueba muchas veces. Procura aprobar el examen o estarás condenad@ a repetirlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario