Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


martes, 4 de febrero de 2020

TODOS SUFRIMOS


Unos no lo dicen e incluso no quieren ni pensarlo y buscan solamente placeres para tapar el vacío de lo que duele; otros, por el contrario, lo dicen a todas las horas por creer que eso lo aminora.

“El dolor es inevitable, el sufrimiento elegido.” Esta frase tan popular, no es cierta del todo. Uno no elige sufrir, a no ser que tenga un trastorno de personalidad. Lo que de verdad uno quiere es estar tranquilo, sentirse bien y tratar de desarrollar la vida con lo mejor que uno es.



La verdad es que, de una forma u otra, el dolor llega, el sufrimiento también. Sin duda, hay herramientas paliativas. Cambios de hábitos, rutinas diferentes y hasta formas y maneras de estar en el día a día distintos. A veces, no sirve de nada o de muy poco y lo único que vemos que da resultado es el tiempo.

Lo peor del sufrimiento es que sea gratuito e innecesario; aquel que no tiene razón de ser y se produce. Ese duele más. Pero lo cierto es que querer terminar con él lo ancla más fuerte en nosotros porque todo a lo que nos resistimos persiste.

Tengo siempre confianza en el destino de cada uno, en la misión que uno trae aquí cuando nace y en esas fechas, esos sucesos y esas sorpresas que la vida te da sin que las esperes. 

Tengo fe en la propia dinámica de la existencia de cada cual y en que a pesar de lo que nosotros queramos o no, la vida cumplirá lo que preparó para nosotros.

Sufrir es inútil pero inevitable, muchas veces. Guardar rencor  es aún más innecesario  porque es un veneno que consume uno solo.

Posiblemente, el sufrimiento no tiene razón ni sentido porque la vida es muy corta y muy simple. Todo lo complicamos nosotros de forma terrible.

Por eso, dejemos pasar el tiempo y que se lleve todo lo que sufrimos.

Solo hay que esperar.

 Algo bueno pasará.

lunes, 3 de febrero de 2020

REENCUENTRO CON EL PASADO


Qué extraña es la vida. Cuando uno está peleándose con dragones de humo, cuándo mides tus fuerzas con muñecos de papel y cuando estás en lo más duro de una batalla sin razón, ni medida, ni sentido, la vida te pasa desapercibida. No ves que otras personas están apreciando lo que eres y en lo que vales.




Hoy me he reencontrado con unos mensajes perdidos nada menos que desde el 2015. En aquellos momentos me hubiesen rescatado del infierno que vivía; al menos, me hubiesen dado el impulso necesario para tomar aire y saber que más allá de la estupidez hay un maravilloso mundo que te espera.

Ya no tienen validez, porque no quiero  rescatar nada, pero si me han reconfortado y lo han hecho porque uno se equivoca demasiado cuando abraza la idea del amor y no quiere ver que la persona que crees que te lo ofrece, no responde a esa idea. Conclusión, que cada uno es fiel a su condición y solo a eso.

No obstante, todo es aprendizaje. Elegimos la vida que queremos vivir y eso es algo muy lícito y muy legítimo para cada cual. Las consecuencias también.

Posiblemente, nadie llega a tu vida por equivocación. Tal vez, cuando algo termina es porque no hay nada ya que aportar a la otra persona, nada es posible para mejorarla ya y haya que dejar espacio para serenar el alma.

Me ha gustado reencontrarme con un pasado, que supuse diferente. No importa que medien años entre lo que me quisieron decir y este momento. Posiblemente, entonces me hubiesen desazonado; hoy me producen una dulce tranquilidad.

         Feliz lunes.

domingo, 2 de febrero de 2020

¿DE VERDAD LO CREES?



Es muy importante percibir bien, tanto que de otro modo podeos equivocarnos en nuestros juicios y por consecuencia en nuestras conductas de respuesta.
Veamos, este domingo, este breve cuento que resume los nefastos resultados de una mala percepción.




“…Un jinete vio que un escorpión venenoso se introducía por la garganta de un hombre que
dormía tumbado en el camino. El jinete bajó de su cabalgadura y con el látigo despertó al hombre dormido a la vez que le obligaba a comer unos excrementos que había en el suelo. Mientras, el hombre chillaba de dolor y asco:
-¿Por qué me haces esto? ¿Qué te he hecho yo?
El jinete continuaba azotándolo y obligándole a comer los excrementos.
Instantes después, aquel hombre vomitó arrojando el contenido del estómago con el escorpión incluido. Comprendiendo lo ocurrido, agradeció al jinete el haberle salvado la vida, y después de besarle la mano insistió en entregarle una humilde sortija como muestra de gratitud. Al despedirse le preguntó:
-Pero ¿por qué sencillamente no me despertaste? ¿Por qué razón tuviste que usar el látigo?
-Había que actuar rápidamente -respondió el jinete-. Si sólo te hubiera despertado, no me habrías creído, te habrías paralizado con el miedo o habrías escapado. Además, de modo alguno hubieses tomado los excrementos, y el dolor de los azotes provocaba que te convulsionases, evitando que el escorpión te picara.
Dicho lo cual, partió al galope hacia su destino.
No lejos de allí, dos hombres de una aldea vecina habían sido testigos del episodio. Cuando regresaron junto a sus paisanos, narraron lo siguiente:
-Amigos, hemos sido testigos de unos hechos muy tristes que revelan la maldad de algunos hombres. Un pobre labrador dormía plácidamente la siesta a la vera de un camino, cuando un orgulloso jinete entendió que obstaculizaba su paso. Se bajó de su caballo y con el látigo comenzó a azotarlo por tan mínima falta. No contento con eso, le obligó a comer excrementos hasta vomitar, le exigió que le besara la mano y además le robó una sortija. Pero no os preocupéis, a la vuelta de un recodo hemos esperado al arrogante jinete y le hemos propinado una buena paliza por su deplorable acción.”