Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


jueves, 7 de enero de 2021

SABERES NECESARIOS EN MOMENTOS EXACTOS

 

            Todo saber es necesario, sin duda. La capacidad de aprender,  la necesidad de llenarte de conocimientos es tan urgente como la propia vida.

 La apreciación de lo valioso diferente que hallas en el proceso, la integración de lo desconocido en lo sabido… todo eso y más, hace de la curiosidad una de las más valiosas actitudes.

          Como en todo, hay que priorizar. De hecho, la evolución que el niño sigue en su proceso madurativo, prioriza saberes; los escalona y los organiza piramidalmente para mezclarlos, más tarde, e interrelacionarlos como si de los ingredientes de un pastel se tratase. Todos juntos dando un resultado, pero imposibles de separar una vez que se han integrado.


 

 

          Veamos este breve cuento en relación a la importancia de la oportunidad de lo que debemos saber. No siempre será conveniente usar unos saberes y no otros. De elegir bien dependerá, muchas veces, nuestra existencia esté puesta dónde esté.

 

“…A veces Nasrudín trasladaba pasajeros en su bote. Un día, un exigente y solemne sabio alquiló sus servicios para que lo transportara hasta la orilla opuesta de un ancho río. Al comenzar el cruce, el erudito le preguntó si el viaje sería muy movido.
- Eso depende
, tal vez, según…- le contestó Nasrudín.
- ¿Nunca aprendió usted gramática?
- No- dijo el Mulah Nasrudín.
- En ese caso, ha desperdiciado la mitad de su vida.
  El Mulah no respondió.

        Al rato se levantó una terrible tormenta y el imperfecto bote de Nasrudín comenzó a llenarse de agua. Nasrudín se inclinó hacia su pasajero:
-
¿Aprendió usted alguna vez a nadar?
- No - contestó el sabio gramático.
- En ese caso, amigo, ha desperdiciado TODA su vida
, porque nos
estamos hundiendo
!

Nunca despreciemos ningún saber.

martes, 5 de enero de 2021

MÁGICA NOCHE

La magia siempre está en lo que queramos ver. En aquello que hacemos especial, aún sin serlo. En lo que se deshace entre los dedos  como polvo de estrellas diluyéndose en cascada directo al corazón.

Esta noche pareciese que solo les correspondiese a los niños, y esto si son muy pequeños. Pero si hay esa opinión generalizada es porque hemos de dejado de creer en que lo que se desea puede ser realidad. En eso nos hemos separado de la infancia; en su inocencia, dirían muchos. En su maravillosa capacidad para soñar, diría yo.

Nadie puede intervenir en nuestros sueños, nadie crearlos por nosotros, nadie disfrutar su real existencia en su vacuicidad. Ese es el regalo de esta noche. El mensaje que nos deja la estela en el cielo de la estrella imaginada hoy.

Podemos soñar. Debemos soñar. Y mientras los sueños nos entretienen con bellezas y bondades, ir pasando la vida, que tal vez sea el sueño más complicado de todos por incluir tantas y tantas pesadillas.

Tenemos mucho con estar bien en estos momentos o con estar, si acotamos las demandas. Por eso y porque deberíamos rescatar de los niños todas esas cosas, podemos serlo por una noche.

El niño que no fuiste, el que no te dejaron ser, el que disfrutaste, el que añoraste; aquel que tal vez envidiaste o el que inventaste a pesar de las circunstancias.

Mírate con la absoluta inocencia del niño que cree lo que le dicen aunque nunca lo cumplan.

Quédate en ese momento de esperanza. Agárrate fuerte a la sensación de que “todo es posible” y duerme plácidamente para recoger la dulce sensación de despertar mañana. Aunque no esté tu regalo. Aunque tus zapatos estén vacíos. 


 

No son regalos envueltos los que han de traerte. Son luces brillantes salpicando tu corazón para hacerte aún más feliz. Como cuando eras niño/a...más allá de lo que pase a tu alrededor. Más allá de ti mismo/a.

 

domingo, 3 de enero de 2021

UN E-MAIL PARA TI

 

Uno de los mejores ejercicios, al comienzo del año, es la evaluación de nuestros comportamientos en el que ya ha pasado. Sin reproches, pero con honestidad y claridad mental.

Cosas mejorables, acciones disonantes, comportamientos dolientes, intenciones no cumplidas, promesas rotas, intenciones remediables, sueños por realizar… innumerables formas de haber encarado la vida acertada o desafortunadamente.


 

En cualquier caso, la mejor terapia es escribir. Escríbete una carta a ti mismo. Estate feliz de recibirla como cuando las recibes de otras personas. Se tu mejor amigo dialogando contigo. Obsérvate desde fuera. Ríndete a la evidencia. Congratúlate con tus demonios y expulsa a tus fantasmas. Dale la mano a la esperanza y siéntate con las posibilidades inmensas del año que comenzamos y está por desplegarse ante nosotros.

Cada noche, en la intimidad oscura de tu silencio interior, pregúntate qué tres cosas podrías haber mejorado en tu día. Qué otras tres cosas has aprendido en él. Qué tres cosas te propones para el siguiente.

No podemos vivir yendo siempre hacia delante sin mirar el rastro que dejamos atrás. Es necesario conocerlo, para mejorarlo aún más o para no volverlo a repetir nunca.

Recibe ese e-mail de ti para ti. Hazlo mentalmente si no te gusta o te da pereza escribir. Vete diciéndote cada palabra que tú dirías a tu mejor amigo en tus circunstancias y hazle caso a tu voz interior.

Es una buena forma de comenzar el año con otra disposición. Una que evite tu ego y te conecte con tu mejor ser. Y entonces comenzará a cambiar lo de afuera.

Entonces, habrás dispuesto en torno a ti, las  mejores circunstancias para que todo suceda como te gustaría.