Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


lunes, 9 de octubre de 2017

LA PARTE MÍA EN TI



Me gustaría encontrar la parte mía en ti. Hoy que se cumple el día en que naciste. Hoy que seguramente no leerás esto. Hoy que una vez más serás tú y no yo.




Me ha costado mucho respetarlo y aún más entenderlo porque yo lo viví diferente y he aprendido contigo que uno espera de los demás lo que él dio, lo que él es y no es así; y no debe serlo.

En nuestros encuentros hay muchos desencuentros, diferencias, afirmaciones y distancias que no son nada más que una forma de saber que somos dos. Sin embargo, yo siempre te encuentro en lo más profundo de mí, no como yo quisiera sino como tú eres, tan diferente y maravillosa.


Pensé todo el día si escribir estas palabras. Luego, después de saborear unas dulces lágrimas por no estar contigo ahora, he decidido hacerlo. 

 
¡Qué importa si lo lees o no!, ¡Qué importa si estas o no!! Qué importa si nos parecemos o no!.


No importa nada más que tenemos un profundo amor en el medio de las dos que nos une, en la distancia, en la diferencia, en lo distinto, en la lejanía. Y a ese cariño inmenso es al que agradezco que me eligieses como madre en un momento muy difícil para mí, cuando mi propia madre se despedía de la vida, de mí, de ti…


Posiblemente me sientas demasiado tierna, demasiado suave, demasiado bondadosa para un mundo en el cual los que triunfan son los contrarios. Pero yo he triunfado y a lo grande. Porque tengo lo que quiero y eso es tenerlo todo. Y en ese tener entra tu ser.

¡Que sepas elegir siempre lo que te haga feliz! Y que seas capaz de dejar el mundo al que viniste, un trocito mejor.

Te quiero mi niña.

domingo, 8 de octubre de 2017

PERDER LA CALMA EN LAS DISCUSIONES






La distancia que se genera cuando discutimos con otra persona nos hace perder la calma, nos agitamos, vibramos en otra frecuencia. Queremos hacernos entender. Todo discurre en la incomprensión y en la falta de compasión por intercambiar opiniones y no vejaciones.


          Este breve cuento ilustra esa distancia que nos separa cada vez más cuanto más difícil sea el objeto de la controversia.
          Una bonita reflexión que es pero que nos sirva.






“…Un sabio que una vez que estaba cerca de un río para tomar un baño se encontró que en las orillas había una familia cuyos miembros se estaban gritando con rabia unos a otros.

           Se volvió a sus discípulos, sonrió y les preguntó: “¿Por qué las personas enojadas se gritan las unos a las otras?” Los discípulos pensaron por un momento, y luego uno de ellos dijo: “Gritamos porque perdemos la calma.” -Pero, ¿por qué gritas cuando la otra persona está a tu lado? También podrías decirle lo que tienes que decir de una manera suave”, dijo el sabio.

              Los discípulos dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a los otros discípulos.
Finalmente el sabio explicó: “Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse entre sí.

 Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse entre ellos y así cubrir esa gran distancia.” Y continuó diciendo: “¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es inexistente o muy pequeña…” “Cuando se quieren aún más, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca el uno al otro en su amor. 

Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Eso es lo cerca que dos personas cuando se aman el uno al otro.” Miró a sus discípulos y dijo: “Así que cuando ustedes discuten no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los alejan más entre sí, o de lo contrario, llegará un día en que la distancia se hará tan grande que no van a poder encontrar el camino de regreso. “

LA CALMA ES UN LUGAR QUE NOS ESPERA; ACÉRCATE A ÉL.

( Autor Desconocido)
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miércoles, 4 de octubre de 2017

PONTE EN PRIMERA LÍNEA



Me he convencido que lo más importante es el equilibrio, la neutralidad emocional y el darse importancia a uno mismo.
Nos han bombardeado con la inconveniencia del mal entendido “egoísmo”.  



La educación que hemos recibido nos ha deformado, a veces, y este es uno de los casos. 


Nuestros padres nos enseñaron a ayudar a los demás, a soportar algunos de los daños ajenos, a estar por detrás de los que amamos, a respetar lo  ajeno hasta perder de lo nuestro y a un sinfín de posposiciones en las que siempre estamos detrás y nunca delante.


Si se trata de los hijos, son lo primero; si de nuestra pareja lo único; si de las amigas, por delante, incluso de las conocidas/os a los que antes de ofender nos mordemos la lengua, a no ser que tengamos alguna patología sociópata.


En realidad, parece que nosotros no existimos. Si nos damos un capricho  parece que hemos cometido  una aberración, si decimos “no” parece que estamos faltando a alguna norma, si nos afirmamos en algo lo hacemos bajito o sin la fuerza necesaria para que se nos considere. 


Por eso, hay que ponerse en la primera línea de nuestra atención. Y preguntarnos: ¿Qué es lo que nos hace sentir bien?. Ese es el criterio para actuar, responder, reaccionar o tomar decisiones.


Ser “egoísta” equivale a querernos sin avasallar al resto pero sin dejar que nos ladeen;  es tener en cuenta nuestras emociones, valorar lo que nos hace sentir profundo y actuar en consecuencia.
Se trata de ponernos en primera línea de nuestra visión. De no confundirnos con el resto, por muy cercanos que estén, porque tal vez nos sorprenda que los otros sepan reivindicar su propio “egoísmo” y cuando menos lo esperemos creamos lo que no es.


Colócate delante de ti. Eres lo más importante porque 
 siempre estarás contigo.

No te falles.

lunes, 2 de octubre de 2017

LOS MATICES DE LA TRISTEZA



La tristeza es un sentimiento profundo que surge cuando se da la vuelta la alegría.

Toda emoción contiene su contrario. Sentir nos gusta. Somos sensitivos. Queremos oler, tocar, degustar, ver… e incluso traspasar los límites en ello. 



No es malo embriagarse de emociones, pasiones y afectos. Lo verdaderamente complicado y doloroso es cuando esos sentimientos nos afectan hasta desequilibrarnos. Por exceso o por defecto.

Si polarizamos la emoción por arriba, nos separamos del medio. Idealizamos al objeto de deseo, queremos perpetuar lo que sentimos, lo damos todo por conseguirlo y nos superamos a nosotros mismos por mantenerlo nuestro.

Si lo hacemos por abajo, caemos en la depresión, en la soledad afectiva, en la desesperación y en la angustia. Ésta última es la única en la que no podemos mentir. En el resto de los sentimientos,  incluso nos engañamos a nosotros mismos muchas veces. 

Nos retorcemos dentro de la locura por mantener una imagen, por retener una persona, por sobrevivir a una ilusión.
Para ello, muchas veces, mentimos, ocultamos, componemos, novelamos, teatralizamos…y mil cosas que nos alejan de nosotros mismos y de la verdad.

La tristeza tiene matices. Hay tristezas de distintas texturas y grosores. Hay tristezas claras y oscuras. Tristezas que arañan y otras que acarician. Hay muchas tristezas en una misma. Porque cuando uno la siente, la vive desde diferentes ángulos a cada instante que pasa. 

Nuestro cerebro siempre trabaja a nuestro favor y cuando el nivel de tristeza invade el alma hasta el punto de ahogarla en la desesperación, entonces la cambia de forma, de tamaño e incluso de modo. Y la suaviza o la destruye.

En la propia tristeza está su antídoto. Sin notarlo, ella misma se transforma cuanto más se deforma.

No temas si estás triste.

 Cambiará. 

Cambiarás.

Porque en realidad, al fin, todo pasa.