Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


domingo, 4 de octubre de 2026

¿VALES MÁS POR LO QUE CALLAS?

 El silencio es un valor muy importante, siempre es un mensaje y pocas veces se convierte en una ofensa. Existe el refrán que dice: …” el que calla otorga”…, que no siempre es así, o el que afirma que “ En boca cerrada no entran moscas”…, que más bien quiere decir, no salen sapos.

 

         Lo cierto es que muchas veces es mejor callar que enzarzarnos en disputas estúpidas, o cuestionarnos opiniones que nunca van a cambiar, o confrontar ideas que generan enfados, molestias y ofensas innecesarias.

 

         No se trata de callar siempre y a todo. Esto va de ser selectivos con lo que decimos y aún más con lo que “no decimos”. No todo interesa que lo sepa todo el mundo, hay que reservar nuestra parte de intimidad como muy nuestra; esa que te hace sentir dueño de tu historia, tu pasado y tu presente. Con la que no van a poder destruirte en algún momento o enmarañar lo que fue tuyo y solo tú tienes derecho a manejar.




 

         En general, damos mucha información de nosotr@s mism@s sin que nos la pidan. Iniciamos una conversación y cualquier palabra del otro interlocutor provoca en nosotr@s las ganas de “contar lo nuestro”. 

 

Cuidado con lo que nadie pregunta y tú dices. Cuidado con las personas muy preguntonas que quieren saberlo todo de ti a cambio de nada de ellas. Cuidado con desnudarte demasiado fácilmente con tus palabras y quedar vulnerable ante quien no sabes lo que va a hacer con ellas.

 

         Ya decía “ La Campanario”…parafraseando a alguien que quizás ni ella conociese… “Eres esclavo de lo que hablas y dueño de lo que callas”… Ahí lo dijo todo, aunque a esta gente televisiva tanto hablar como callar les  supone un rédito al pasar por caja, porque cuando callan es para hablar, más tarde, con mejor caché.

 

         No obstante, nosotr@s los ciudadanos de a pie, debemos guardar en nuestro cofre interior lo que se convierte en un tesoro por no dicho, cuando lo creamos oportuno, y ser más cautos en dilapidar información personal que interesa a much@s saber sin necesidad y a nosotr@s callar por precaución.

         

 

         

jueves, 1 de octubre de 2026

¡GRACIAS, GRACIAS…GRACIAS A TODO@S LOS LECTORES/AS!

 Hemos comenzado Octubre, mes al que damos la bienvenida, deseando que nos lleve de la mano hacia el invierno de una forma suave y esperanzadora.

 

Quiero compartir con tod@s vosotr@s, el número de visitas a las que ha llegado este rincón de reflexiones compartidas.


 

¡!Hemos pasado el millón de visitas y lectores!!!!

 

Solo tengo una palabra en mis labios: ¡!!GRACIASSS!!!.


 

Mi más sentida gratitud a tod@s los que pasáis por aquí, desde tantos países y a tod@s los del nuestro.


 

Seguiremos esforzándonos en llegar a más gente, a otros lugares y a los mismos que siguen siempre aquí.

 





Un abrazo inmenso desde lo más profundo de mi corazón. 





 

domingo, 27 de septiembre de 2026

LA BIBLIA DEL " BUEN AMANTE"

 ¿Sabemos amar?...¿Seguimos nuestro instinto cuando creemos estar amando?¿Utilizamos estrategias o herramientas que nos faciliten las relaciones amorosas?¿Solemos aferrarnos a aquello en lo que hemos invertido tanto esfuerzo, tiempo y emociones?¿Hay algo que nos haga más sabios para amar?.

 

Una de las mejores y más importantes situaciones o estados de la vida, es el amor. Tod@s hablamos de él con mucha facilidad, con demasiada ligereza y con poco detenimiento. Saber “amar” no es algo ligero, ni liviano. No es algo fácil de alcanzar y menos de mantener.




 

Para amar hay que bajar al barro. Hay que implicarse hasta la médula. Hay que estar siempre, en la diversión más absoluta y en el dolor más intenso. Hay que ser extremadamente generos@, delicadamente atent@, insistentemente sutil en los detalles para con el otr@, verdaderamente sincer@ con la apertura del corazón y absolutamente coherente con las acciones que regalamos en ese trayecto, nunca concluido, que es el camino de amor.

 

El buen amante, el que ama, el/la que está amando puede ser cualquiera y en cualquier situación. Solter@, casad@, amig@... Solo es necesario ser persona y “querer”; querer como te quieres a ti y por encima de ello. “Estar” siempre alerta para que las mariposas del estómago no vuelen. ”Sentir” profundo aún sin palabras, porque a veces estas no llegan a expresar lo que el amor implica. Las acciones sí. El sentimiento de “cuidado”, ese saber que el otr@ está ahí para no dejarte caer o levantarte rápidamente si caíste.

 

Si eres buen amante, sabrás cuándo intervenir, cuando soltar y cuando permanecer. Si estás amando, comprenderás con rapidez, que el amor no se concreta en la pasión, ni se define con la efusión y el ardor de los encuentros, furtivos o legales; sabrás que no tiene “tiempos”, que va por libre, pero que va seguro. Que sabe conservarse con el alimento diario que ofrece sin esfuerzo. Sabrás, sin duda, que el amor lo facilita todo sin retorno y lo da todo sin excusas.

 

Revisa cómo amas. Al menos, entonces, podrás estar satisfech@ de ti, aunque lo que vuelva de regreso no sea lo mismo. Por eso, ser buen amante, es un estado solitario en el que solamente, a veces, se coincide.

domingo, 20 de septiembre de 2026

EL RASTRO QUE DEJAS...

 No existen, en realidad los maestros, prefiero llamarlos señeros, ejemplos o motivadores para otr@s. O por el contrario, también pienso que si en realidad existen, entonces tod@s somos maestr@s de quien pasa a nuestro lado.

          Cuando vivimos, nuestra peculiar forma de ser, nuestra manera de movernos en la vida, nuestro modo de comportarnos con los demás, estamos ya enseñando.

 Nadie se libra de que otr@s se fijen en ello y sigan lo mismo. Cierto es que hay muchas formas de responder a lo que alguien enseña deliberadamente o con su ejemplo.

Veamos este cuento Zen que resume,, muy bien cómo deberíamos aprender. No hay otro modo más eficaz. No hay otra vía de integrar el rastro que dejan los demás.

Veamos…



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Un maestro dijo a sus alumnos:

—Hay tres clases de discípulos.

Los estudiantes guardaron silencio.

—La primera clase escucha mis palabras y las repite. Son como recipientes que conservan el sonido, pero no conocen su sabor.

—La segunda clase entiende mis palabras y las explica a otros. Pueden iluminar una habitación por un momento, pero todavía dependen de una lámpara prestada.

—La tercera clase escucha, olvida mi voz y vive la enseñanza. No necesita decir que ha comprendido.

Un alumno preguntó:

—Maestro, ¿a cuál pertenecemos nosotros?

El maestro respondió:

—Cuando dejéis de preguntarlo, empezaréis a saberlo.

https://www.cuentos-zen.com/cuentos/tres-clases-de-discipulos/

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

¿ " PERDONO"...PERO "NO OLVIDO"...?

  

    Es difícil perdonar. Cuando lo intentamos algo queda por dentro, un regusto amargo que sigue sabiéndonos mal. La clave está en entender los procesos que necesita el perdón, los mitos que lleva asociados consigo y las consecuencias que creemos que debe tener, también erróneas.

 

         La consabida frase “ perdono, pero no olvido”, se dice con encono. Uno se reafirma en pasar por encima de la palabra “perdono” de forma ligera y apoyarse en la del recuerdo, en “no olvido” como si nos mantuviese erguidos en una columna de acero, firmes, orgullosos y dispuestos a conservar en nuestra retina todo lo que nos dolió.

 


 

 

         Olvidar es un imposible. Nada de lo que uno vive se olvida, lo que no quiere decir es que volvamos a los recuerdos con la misma viveza de emociones, positivas o negativas, con lo que los vivimos.

 

         Perdonar no implica nunca, olvidar. El proceso del perdón es lento y necesita elaboración.

 

·      Lo primero, comprensión sobre lo que sucedió.

·      Más tarde, responsabilidad de nuestra parte de culpa, por pequeña que sea o del carácter que tenga; es decir, pudiste no tener una culpa directa pero tal vez, no pusiste límites a tiempo, dejaste que la otra persona ultrajase tus valores etc…

·      Posteriormente, hay que “soltar” el dolor de la vivencia. Dejar libre al otr@ y a uno mism@. No desear ningún mal, ni ningún bien. Conseguir la neutralidad.

 

 

Fue una experiencia en la que seguramente aprendimos mucho. Agradécelo así.

 

 

·      Por último, el perdón no exige reconciliación. Se puede perdonar “dentro de uno mism@” aunque fuera sigamos nuestra vida sin tener que volver a relacionarnos con la persona implicada en nuestro dolor.

 

Perdonar, en definitiva, es volver al pasado y regresar sano.

 

No te plantees nada más.

domingo, 6 de septiembre de 2026

LO QUE NO QUIERES ESCUCHAR

 La mente se pasa todo el día hablando con nosotros. Parlotea sin medida, ni descanso. Nos habla en reposo, nos increpa a cada rato en la vida diaria y nos lleva a un mundo de palabras sin sonidos que rebulle en nuestra cabeza queramos o no.

 

         Dominar la mente no es fácil. Apagar sus charlas incansables, tampoco. Digamos que en vez de ser nuestra aliada, se vuelve un acompañante incómodo, en ocasiones, al que no sabemos cómo manejar.

 

         Lo más curioso de este proceso es que, a veces, nos dice cosas interesantes que inexplicablemente, no queremos oír. Escuchamos lo que nos perjudica y evitamos lo que sería conveniente reflexionar.

 

         Santa Teresa de Jesús le llamó “ la loca de la casa” y no estaba desencaminada. Una mente sin control, a su deriva, puede hacernos mucho daño. Agrandamos los sucesos que nos asustan, que suelen ser aquellos desconocidos o en los que no sabemos cómo intervenir, ideamos todo tipo de magnitudes desastrosas para aquello que se asoma a nuestra vida tímidamente como una contrariedad y no damos sosiego a nuestro multiplicador mental cuando se trata de pensar en soluciones.




 

         La mayoría de las ocasiones, los problemas se resuelven por sí mismos o, si necesitamos intervenir, solamente están pidiéndonos un poco de coherencia, tolerancia y diálogo. Lo que sí es cierto es que lo que no resolvamos nosotros por imposibilidad o desconocimiento, lo hará la vida, eso sí, con un mayor coste y de peores formas, pero la solución siempre llega.

 

         Tomar decisiones nunca es fácil. Cualquier camino que tomemos tiene una factura que pagar. Elegir significa renunciar a otra cosa, otra situación, otra persona, otro camino. Pero ciertamente, la vida se compone de elecciones continuas, de abrazar un sendero y desviarnos de otro. De eso va la existencia. Del ensayo y el error y en el medio, el aprendizaje.

 

         Escúchate, reconsidera lo que tu diálogo interno te dice, piénsalo con el corazón y siéntelo con la mente. Actúa en consecuencia.

domingo, 30 de agosto de 2026

MIRA DENTRO DE TU NEVERA

 Muchas son las ocasiones en las que mantenemos cogido y pegado a nosotros lo que no nos hace sentir bien, lo que ha dolido ya por mucho tiempo o lo que se agranda en su gigantesco progreso cada vez que lo damos vueltas.

 

¿Qué sucedería con un alimento que hubiésemos dejado por 3 días en nuestro frigorífico?, tal vez nada. ¿Y si en vez de 3 son 15 los días?...puede que en ese caso ya estuviese bastante deteriorado. ¿Y si decidiésemos mantenerlo dentro durante 5 años?...sin duda estaría absolutamente podrido. Por esa razón, no debemos sostener lo que nos hace daño más de un pequeño tiempo en nuestra mente y en nuestro corazón a riesgo de que de no hacerlo así, también se corromperá.

 

Piensa en ti y en lo que llevas ya sosteniendo demasiado tiempo para tomar la decisión de soltarlo.




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Veamos este cuento zen:

 

 

“…Un joven acudió al maestro Bankei cargando una pesada bolsa de tela con las pertenencias más valiosas que había acumulado en sus viajes. Su rostro reflejaba una profunda angustia.

 

—Maestro —dijo el viajero con la voz entrecortada—, busco la paz mental, pero mi cabeza es un torbellino de ofensas pasadas, miedos sobre el futuro y resentimientos que no logro apagar. Dígame qué debo hacer para liberarme de este sufrimiento.

 

Bankei no respondió de inmediato. Tomó una tetera hirviendo y sirvió té en una taza de barro gruesa frente al visitante. Luego, le pidió que extendiera ambas manos y colocó la taza humeante directamente sobre sus palmas abiertas.

 

El joven sostuvo el cuenco con respeto, pero a los pocos segundos el barro comenzó a arder. El calor atravesó su piel, provocándole un dolor agudo. Apretó los dientes, temblando, intentando soportar la quemadura por deferencia al anciano, esperando alguna instrucción sagrada o una plegaria.

 

Sin embargo, el maestro permaneció inmóvil, observándolo en absoluto silencio.

 

Incapaz de resistir el fuego en su piel un instante más, el joven abrió los dedos por puro instinto. La taza cayó al suelo de madera y se partió en tres pedazos; el té caliente se dispersó rápidamente entre las tablas.

 

—¡Me quemaba! —exclamó el joven mientras se soplaba las manos enrojecidas, desconcertado y adolorido.

 

Bankei sonrió con serenidad y señaló los restos esparcidos:

 

—Nadie te obligó a sostener el fuego. El dolor no se extingue buscando fórmulas complejas ni esperando que otros lo retiren por ti. Cuando una carga te lastima, simplemente la sueltas. El sufrimiento no es el calor que te rodea, sino el empeño ciego de aferrarte a lo que te quema.”