Much@s no salimos del asombro. Nos choca la realidad de frente y nos pilla desnudos. Sí, desnudos sin defensa, sin escudo, sin protección.
Hasta ahora nos habíamos educado, crecido y convencido de que había que respetar al otro, a su libertad, que terminaba donde comenzaba la nuestra, a valorar lo bueno y a comprender para ayudar.
La realidad nos ha dado una bofetada inmensa. Parece que cuanto más descalificas, impones, arrasas, destruyes y devastas, más fuerte te sienten los demás y te encuentras tú.
Aquella cultura de la cooperación como base del éxito comunitario, aquel “haz bien y no mires a quién”, aquello de ser suave, amable, compasivo y empático…ha quedado atrás y lo ha hecho de la peor manera.
Marco Aurelio decía, en su obra “Meditaciones”, algo importantísimo: …” Lo que no es bueno para la colmena, no puede ser bueno para la abeja”.
No puede decirlo mejor. No valen los individualismos para progresar en conjunto. No funciona así la vida. Debemos tener objetivos comunes para que nos vaya bien a cada uno. Si el engranaje conjunto no desempeña bien su función, tampoco nos irá bien a las unidades individuales, llámense éstas naciones, países, ciudades, pueblos, familias o individuos.
Sin embargo, el mundo se está volviendo loco o unos cuantos locos están volviendo al mundo frenético y destructivo. Podemos y debemos parlo. ¿Cómo?...Al menos defendiendo nuestro entorno, controlando lo que podemos, que es lo nuestro; nuestro espacio humano y físico.
Me niego a renunciar a ningún valor, ningún respeto, ninguna forma de ayuda y colaboración, ni a abrazar ninguna palabra soez que no entre en mi manera de entender las relaciones atentas y cuidadosas de las necesidades de las personas cercanas a mí.
Competir, arrasar, aniquilar, someter, domeñar…y un sin fin de acciones que pudiésemos añadir, quieren imponerse, como deseables, en un momento de la historia cada vez más cercano a la involución.
Este es el camino más rápido y certero para llegar a la auto aniquilación y no podemos permitirlo después de lo que nos ha costado pensar, sentir y actuar de la forma contraria; la que nos hace crecer como seres humanos, si es que queremos seguir siéndolo.






