Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


domingo, 18 de octubre de 2026

LA NECESIDAD DE " DESAPRENDER"

 Estamos obsesionados con “aprender”. Nos precede la cultural del “contenido”, del saber a toda costa, de llegar más allá, de ser más que el otro, de esforzarnos sobremanera para llegar el primero a la meta. Y en esa línea cognitiva fagocitadora, hemos aprendido muchos a luchar, no por mantenernos en el camino, sino por ser la calzada misma incluyendo el premio de llegada.




 

         A veces, hay que ir más despacio. Ser mejor que el “ tú mismo” de ayer, empezar a vaciar la mente de conceptos, modas y formas de comportarnos en desuso, de echar fuera lo que no sirve para manejarnos y gestionar nuestra vida en un mundo que ya no es aquel que cobijo los objetivos de nuestros padres e incluso, a través de ellos, de nuestros abuelos.

 

         Sin duda, para dejar entrar algo nuevo hay que sacar antes lo que ya no encaja en la vida que vivimos, lo que ya no es de nuestra talla…como en los armarios rebosantes de prendas que nos da pena tirar por un “ algo” ligado al sentimiento de ser nuestro o de recordarnos un tiempo de atrás que, ante nuestros ojos, sosteniendo sus puertas, cobra nueva vida y no queremos tirar.

 

         Sin embargo hay que desaprender. Hay que soltar viejos patrones con los que no llegamos a ningún lado, salvo a la frustración de un tiempo pasado que siempre, y no sé por qué, parece mejor.

 

         La tarea no es fácil porque estas formas de vida, estos preceptos, normas y modelos están agarrados como garrapatas a nuestra mente y nos resistimos a perderlos aunque no hagan falta, aunque sean inútiles ya, aunque nos reporten más desgracias que alegrías.

 

         Si algo del pasado no te da ya buen resultado, no dudes en cambiar. Prueba, experimenta, actúa, muévete y la vida se moverá contigo, eso sí al ritmo que tú mism@ le marques. Asegúrate que es el idóneo para ti o bien llegarás “tarde” o te “pasarás” en la aceleración.

 

domingo, 11 de octubre de 2026

¿INVIERTES EN TI...?

 Estamos en un mundo muy preocupado por las inversiones de todo tipo, pero ¿cuánto inviertes en ti, no para ti?.

 

No olvidemos que el tiempo es el mejor de los activos, el que se gasta y no vuelve, pero el que se multiplica en los recuerdos de las experiencias con una rentabilidad muy alta.

 

Atendemos al trabajo, a los hijos, a las amistades, a los compromisos, a la pareja… pero dedicarnos tiempo de calidad propio, nos parece algo que podría ser evitado y repartido entre el resto.

 

Es cierto que nuestros jóvenes, cada vez más, atienden su cuerpo, van al gimnasio, son impecables con su pelo y su piel, tratan de vestir acordes a sus gustos y se dedican a algo parecido a una vida más sana, o eso pretenden.

 

También es cierto que, poco a poco, aunque con menos dedicación que al cuerpo, se va instalando en la sociedad la necesidad de atender la mente. No somos capaces de entender del todo que la correcta gestión de las emociones van a garantizar una vida social y personal mejor. 




 

De las muchas que hay, las emociones más contaminantes para la persona y su entorno, son la ira y el miedo.

 

La ira es un revulsivo dañino que, en forma de veneno, se instala en la sangre y quiere reventar como sea. Se produce cuando las expectativas que tenemos no coinciden con a realidad que nos toca vivir. En el caso concreto de las personas, cuando la ira se produce, el pensamiento se oscurece lo que impide tomar decisiones acertadas o reconducir la solución de los problemas sin dañar a otr@s o a nosotr@s mism@s.

 

El miedo paraliza. Nos induce a entrar en un bucle sin sentido en el que solo vemos agrandarse lo que tememos.

 

         Sentimos miedo cuando sospechamos de un futuro incierto que nos amenaza o cuando estamos instalados en un presente vacío que nos engulle.

 

Tener tiempo para nosotr@s se ha convertido en una necesidad de primera línea. Buscar lo que nos haga sentir bien, dedicar un tiempo del día a revisar cómo estamos internamente, concedernos paseos agradables, compañías estimulantes o lecturas sugerentes de las que siempre aprendas a cómo estar mejor…debe ser nuestra prioridad, siempre.

domingo, 4 de octubre de 2026

¿VALES MÁS POR LO QUE CALLAS?

 El silencio es un valor muy importante, siempre es un mensaje y pocas veces se convierte en una ofensa. Existe el refrán que dice: …” el que calla otorga”…, que no siempre es así, o el que afirma que “ En boca cerrada no entran moscas”…, que más bien quiere decir, no salen sapos.

 

         Lo cierto es que muchas veces es mejor callar que enzarzarnos en disputas estúpidas, o cuestionarnos opiniones que nunca van a cambiar, o confrontar ideas que generan enfados, molestias y ofensas innecesarias.

 

         No se trata de callar siempre y a todo. Esto va de ser selectivos con lo que decimos y aún más con lo que “no decimos”. No todo interesa que lo sepa todo el mundo, hay que reservar nuestra parte de intimidad como muy nuestra; esa que te hace sentir dueño de tu historia, tu pasado y tu presente. Con la que no van a poder destruirte en algún momento o enmarañar lo que fue tuyo y solo tú tienes derecho a manejar.




 

         En general, damos mucha información de nosotr@s mism@s sin que nos la pidan. Iniciamos una conversación y cualquier palabra del otro interlocutor provoca en nosotr@s las ganas de “contar lo nuestro”. 

 

Cuidado con lo que nadie pregunta y tú dices. Cuidado con las personas muy preguntonas que quieren saberlo todo de ti a cambio de nada de ellas. Cuidado con desnudarte demasiado fácilmente con tus palabras y quedar vulnerable ante quien no sabes lo que va a hacer con ellas.

 

         Ya decía “ La Campanario”…parafraseando a alguien que quizás ni ella conociese… “Eres esclavo de lo que hablas y dueño de lo que callas”… Ahí lo dijo todo, aunque a esta gente televisiva tanto hablar como callar les  supone un rédito al pasar por caja, porque cuando callan es para hablar, más tarde, con mejor caché.

 

         No obstante, nosotr@s los ciudadanos de a pie, debemos guardar en nuestro cofre interior lo que se convierte en un tesoro por no dicho, cuando lo creamos oportuno, y ser más cautos en dilapidar información personal que interesa a much@s saber sin necesidad y a nosotr@s callar por precaución.

         

 

         

jueves, 1 de octubre de 2026

¡GRACIAS, GRACIAS…GRACIAS A TODO@S LOS LECTORES/AS!

 Hemos comenzado Octubre, mes al que damos la bienvenida, deseando que nos lleve de la mano hacia el invierno de una forma suave y esperanzadora.

 

Quiero compartir con tod@s vosotr@s, el número de visitas a las que ha llegado este rincón de reflexiones compartidas.


 

¡!Hemos pasado el millón de visitas y lectores!!!!

 

Solo tengo una palabra en mis labios: ¡!!GRACIASSS!!!.


 

Mi más sentida gratitud a tod@s los que pasáis por aquí, desde tantos países y a tod@s los del nuestro.


 

Seguiremos esforzándonos en llegar a más gente, a otros lugares y a los mismos que siguen siempre aquí.

 





Un abrazo inmenso desde lo más profundo de mi corazón. 





 

domingo, 27 de septiembre de 2026

LA BIBLIA DEL " BUEN AMANTE"

 ¿Sabemos amar?...¿Seguimos nuestro instinto cuando creemos estar amando?¿Utilizamos estrategias o herramientas que nos faciliten las relaciones amorosas?¿Solemos aferrarnos a aquello en lo que hemos invertido tanto esfuerzo, tiempo y emociones?¿Hay algo que nos haga más sabios para amar?.

 

Una de las mejores y más importantes situaciones o estados de la vida, es el amor. Tod@s hablamos de él con mucha facilidad, con demasiada ligereza y con poco detenimiento. Saber “amar” no es algo ligero, ni liviano. No es algo fácil de alcanzar y menos de mantener.




 

Para amar hay que bajar al barro. Hay que implicarse hasta la médula. Hay que estar siempre, en la diversión más absoluta y en el dolor más intenso. Hay que ser extremadamente generos@, delicadamente atent@, insistentemente sutil en los detalles para con el otr@, verdaderamente sincer@ con la apertura del corazón y absolutamente coherente con las acciones que regalamos en ese trayecto, nunca concluido, que es el camino de amor.

 

El buen amante, el que ama, el/la que está amando puede ser cualquiera y en cualquier situación. Solter@, casad@, amig@... Solo es necesario ser persona y “querer”; querer como te quieres a ti y por encima de ello. “Estar” siempre alerta para que las mariposas del estómago no vuelen. ”Sentir” profundo aún sin palabras, porque a veces estas no llegan a expresar lo que el amor implica. Las acciones sí. El sentimiento de “cuidado”, ese saber que el otr@ está ahí para no dejarte caer o levantarte rápidamente si caíste.

 

Si eres buen amante, sabrás cuándo intervenir, cuando soltar y cuando permanecer. Si estás amando, comprenderás con rapidez, que el amor no se concreta en la pasión, ni se define con la efusión y el ardor de los encuentros, furtivos o legales; sabrás que no tiene “tiempos”, que va por libre, pero que va seguro. Que sabe conservarse con el alimento diario que ofrece sin esfuerzo. Sabrás, sin duda, que el amor lo facilita todo sin retorno y lo da todo sin excusas.

 

Revisa cómo amas. Al menos, entonces, podrás estar satisfech@ de ti, aunque lo que vuelva de regreso no sea lo mismo. Por eso, ser buen amante, es un estado solitario en el que solamente, a veces, se coincide.

domingo, 20 de septiembre de 2026

EL RASTRO QUE DEJAS...

 No existen, en realidad los maestros, prefiero llamarlos señeros, ejemplos o motivadores para otr@s. O por el contrario, también pienso que si en realidad existen, entonces tod@s somos maestr@s de quien pasa a nuestro lado.

          Cuando vivimos, nuestra peculiar forma de ser, nuestra manera de movernos en la vida, nuestro modo de comportarnos con los demás, estamos ya enseñando.

 Nadie se libra de que otr@s se fijen en ello y sigan lo mismo. Cierto es que hay muchas formas de responder a lo que alguien enseña deliberadamente o con su ejemplo.

Veamos este cuento Zen que resume,, muy bien cómo deberíamos aprender. No hay otro modo más eficaz. No hay otra vía de integrar el rastro que dejan los demás.

Veamos…



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Un maestro dijo a sus alumnos:

—Hay tres clases de discípulos.

Los estudiantes guardaron silencio.

—La primera clase escucha mis palabras y las repite. Son como recipientes que conservan el sonido, pero no conocen su sabor.

—La segunda clase entiende mis palabras y las explica a otros. Pueden iluminar una habitación por un momento, pero todavía dependen de una lámpara prestada.

—La tercera clase escucha, olvida mi voz y vive la enseñanza. No necesita decir que ha comprendido.

Un alumno preguntó:

—Maestro, ¿a cuál pertenecemos nosotros?

El maestro respondió:

—Cuando dejéis de preguntarlo, empezaréis a saberlo.

https://www.cuentos-zen.com/cuentos/tres-clases-de-discipulos/

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

¿ " PERDONO"...PERO "NO OLVIDO"...?

  

    Es difícil perdonar. Cuando lo intentamos algo queda por dentro, un regusto amargo que sigue sabiéndonos mal. La clave está en entender los procesos que necesita el perdón, los mitos que lleva asociados consigo y las consecuencias que creemos que debe tener, también erróneas.

 

         La consabida frase “ perdono, pero no olvido”, se dice con encono. Uno se reafirma en pasar por encima de la palabra “perdono” de forma ligera y apoyarse en la del recuerdo, en “no olvido” como si nos mantuviese erguidos en una columna de acero, firmes, orgullosos y dispuestos a conservar en nuestra retina todo lo que nos dolió.

 


 

 

         Olvidar es un imposible. Nada de lo que uno vive se olvida, lo que no quiere decir es que volvamos a los recuerdos con la misma viveza de emociones, positivas o negativas, con lo que los vivimos.

 

         Perdonar no implica nunca, olvidar. El proceso del perdón es lento y necesita elaboración.

 

·      Lo primero, comprensión sobre lo que sucedió.

·      Más tarde, responsabilidad de nuestra parte de culpa, por pequeña que sea o del carácter que tenga; es decir, pudiste no tener una culpa directa pero tal vez, no pusiste límites a tiempo, dejaste que la otra persona ultrajase tus valores etc…

·      Posteriormente, hay que “soltar” el dolor de la vivencia. Dejar libre al otr@ y a uno mism@. No desear ningún mal, ni ningún bien. Conseguir la neutralidad.

 

 

Fue una experiencia en la que seguramente aprendimos mucho. Agradécelo así.

 

 

·      Por último, el perdón no exige reconciliación. Se puede perdonar “dentro de uno mism@” aunque fuera sigamos nuestra vida sin tener que volver a relacionarnos con la persona implicada en nuestro dolor.

 

Perdonar, en definitiva, es volver al pasado y regresar sano.

 

No te plantees nada más.