¿Sabemos amar?...¿Seguimos nuestro instinto cuando creemos estar amando?¿Utilizamos estrategias o herramientas que nos faciliten las relaciones amorosas?¿Solemos aferrarnos a aquello en lo que hemos invertido tanto esfuerzo, tiempo y emociones?¿Hay algo que nos haga más sabios para amar?.
Una de las mejores y más importantes situaciones o estados de la vida, es el amor. Tod@s hablamos de él con mucha facilidad, con demasiada ligereza y con poco detenimiento. Saber “amar” no es algo ligero, ni liviano. No es algo fácil de alcanzar y menos de mantener.
Para amar hay que bajar al barro. Hay que implicarse hasta la médula. Hay que estar siempre, en la diversión más absoluta y en el dolor más intenso. Hay que ser extremadamente generos@, delicadamente atent@, insistentemente sutil en los detalles para con el otr@, verdaderamente sincer@ con la apertura del corazón y absolutamente coherente con las acciones que regalamos en ese trayecto, nunca concluido, que es el camino de amor.
El buen amante, el que ama, el/la que está amando puede ser cualquiera y en cualquier situación. Solter@, casad@, amig@... Solo es necesario ser persona y “querer”; querer como te quieres a ti y por encima de ello. “Estar” siempre alerta para que las mariposas del estómago no vuelen. ”Sentir” profundo aún sin palabras, porque a veces estas no llegan a expresar lo que el amor implica. Las acciones sí. El sentimiento de “cuidado”, ese saber que el otr@ está ahí para no dejarte caer o levantarte rápidamente si caíste.
Si eres buen amante, sabrás cuándo intervenir, cuando soltar y cuando permanecer. Si estás amando, comprenderás con rapidez, que el amor no se concreta en la pasión, ni se define con la efusión y el ardor de los encuentros, furtivos o legales; sabrás que no tiene “tiempos”, que va por libre, pero que va seguro. Que sabe conservarse con el alimento diario que ofrece sin esfuerzo. Sabrás, sin duda, que el amor lo facilita todo sin retorno y lo da todo sin excusas.
Revisa cómo amas. Al menos, entonces, podrás estar satisfech@ de ti, aunque lo que vuelva de regreso no sea lo mismo. Por eso, ser buen amante, es un estado solitario en el que solamente, a veces, se coincide.






