Es indudable que lo que nos sucede influye en nuestro cuerpo. La tensión, el malestar o el miedo ante algo, rápidamente se manifiesta en dolores de cabeza, problemas de estómago u otra sintomatología inespecífica, a veces, que nos impide estar bien.
También es cierto que hay situaciones que nos atenazan que no podemos cambiar; lo que sí está en nuestras manos es cambiar el enfoque de cómo las pensamos y la respuesta que demos a ellas.
Lo que piensas… “creas”… o “ayudas a mejorar o a empeorar lo que de verdad sucede”.
Veamos este breve relato zen.
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…”Una vez un hombre fue invitado a casa de un amigo. En el momento en que iba a beber el vino que le habían ofrecido, creyó ver una pequeña serpiente en el fondo de la copa. Para no importunar a su anfitrión no le dijo nada y se lo tragó todo.
Cuando regresó a su casa comenzó a sentir fuertes dolores de estómago. Le prescribieron numerosos medicamentos, pero, como cada vez se sentía peor, creyó que moriría. Su amigo, alertado por lo sucedido, lo invitó nuevamente a su casa. Lo hizo sentar en el mismo lugar y le ofreció una copa de vino avisándole de que era medicina.
En el momento en que el enfermo se llevaba la copa a los labios, vio nuevamente, en el fondo de la misma, a la pequeña serpiente. Esta vez se lo comunicó a su convidante, quien, sin decir ni una sola palabra, señaló un arco que colgaba del techo. De pronto, el enfermo se dio cuenta de que la «cría de serpiente» era el reflejo del arco que colgaba encima de él. Los dos hombres se miraron y se pusieron a reír y el enfermo recuperó la salud.”






