En la actualidad, penosamente y en muchas ocasiones, hay que mentir para que nos hagan caso. Se trata de una herramienta muy eficaz cuando la desgracia se anuncia repetidamente y nadie hace lo hace. No debería ser así, sin duda, pero parece que los humanos solamente aprendemos en base a la repetición de los errores. Lo peor es que hay errores que cuestan vidas y en ese caso, no hay tiempo para repeticiones.
Veamos este breve relato, tan significativo hoy.
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…”Cuando la mujer de 81 años se disponía a acostarse, le dijo a su marido de 83 años:
—Oye, acabo de mirar por la ventana y creo que la luz del garaje está encendida. ¿Podrías levantarte y apagarla?
Con gran esfuerzo, el anciano se incorporó, abrió la puerta y salió al exterior. Entonces vio a tres ladrones intentando forzar la entrada del garaje. Sin dudarlo, regresó rápidamente y llamó a la policía.
—Escuchen, anoten mi dirección. Aquí solo estamos mi esposa y yo, y hay tres ladrones tratando de entrar al garaje. ¡Envíen un equipo urgente!
El operador contestó con calma:
—Hemos registrado su dirección. No se preocupe. En estos momentos no disponemos de ninguna patrulla disponible. Le mandaremos a alguien en cuanto tengamos un equipo libre.
Frustrado, el anciano siguió observando desde la ventana cómo los ladrones forcejeaban con las cerraduras. Dos minutos después, volvió a marcar el número de emergencias:
—Oigan, ya no hace falta que envíen a nadie. Acabo de dispararles a los tres ladrones.
En la comisaría se desató el pánico. En menos de cinco minutos llegaron varias patrullas con sirenas a todo volumen, un helicóptero sobrevolando la zona, paramédicos, tres médicos y dos ambulancias. Los agentes irrumpieron en el lugar, redujeron y esposaron a los delincuentes, que seguían vivos y atónitos.
Más tarde, el jefe del operativo se acercó al anciano y le preguntó con seriedad:
—¿Usted dijo que les había disparado?
El viejo, con total tranquilidad, respondió:
—¿Y ustedes no dijeron que no tenían ningún equipo disponible?






