Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


domingo, 12 de julio de 2026

SAL DE TU RUTINA, COMO SEA...

 Las rutinas son imprescindibles para ordenar nuestro mundo con una cierta seguridad. Nos ayudan a recolocar nuestros sentimientos porque hemos de encajarlos en ellas, queramos o no. Nos permiten automatismos que nos liberan de la presión de preverlo todo cada instante.  Nos anclan a nuestro presente y nos obligan a continuar.

 

Pero si bien tienen todas estas bondades, si no están salpicadas de momentos de relax, de cambio, de algo diferente, de caras nuevas, de momentos distintos, de emociones disruptivas…pueden terminar con nuestra paz mental y nuestro equilibrio físico.




 

No todo el mundo puede irse de vacaciones, por múltiples motivos; no todo el mundo puede hacer una pausa como quisiera, ni tampoco cambiar de ambiente tan fácilmente como en estas épocas parece. Ciertamente esto es una realidad con la que muchas personas tienen que enfrentarse, pero es cierto que dentro de nuestro pequeño mundo podemos elegir lugares cercanos, momentos de breves paréntesis e incluso instantes de aislamiento que sirvan de pausa aún sin poder tenerla.

 

Irnos aun pueblo colindante, un día, una tarde, un rato. Cambiar de barrio, darte una vuelta por otro distrito, o simplemente variar, si es que no se puede hacer otra cosa, de camino por el que vas todos los días puede aportar gotas frescas de diferencia dentro del asfixiante mundo de lo repetido.

 

No te des por vencid@, aunque no sea tu momento…, ya vendrá. Ten paciencia y cambia lo que puedas en tu hoja de ruta. Haz pequeñas variaciones, idea pausas donde nunca las has hecho, cambia comidas, incluso date algún capricho personal que te sea posible. Todo contribuirá a que lo tedioso de la rutina diaria, ahora en verano, se haga más llevadero y te haga sentir que tú también tienes tus momentos diferentes.

 

 

domingo, 28 de junio de 2026

LO OSCURO DEL VERANO...

 

         Esperamos siempre que otro momento llegue, pensamos que el mañana, el futuro, cuando se cumpla esto o lo otro, seremos más felices, cumpliremos nuestros sueños y llegará la ansiada paz que se escurre entre los dedos día a día.

 

         Lo cierto es que, a veces, muchas veces, cuando llega lo que tanto deseamos la realidad nos decepciona. Puede que nos guste por un tiempo, pero las altas expectativas que tenemos sobre lo que anhelamos suelen descendernos de golpe a la realidad que se presenta desnuda ante nosotros como ese mañana convertido en el hoy de cada instante.




 

         Las vacaciones, tas esperadas, pueden ser momentos diferentes en los que estamos bien mientras no se prolonguen demasiado. Posiblemente, si no existiese el contraste de la monotonía costosa diaria frente a las aventuras divertidas de momentos puntuales, no seríamos capaces de apreciarlas tanto.

 

         A veces, tenemos que recolocarnos en ambientes y horarios diferentes. Vernos demasiado con la gente que, incluso en casa, nos encontramos poco. Hay que volver a reinventar los espacios, las palabras y hasta los gestos. El verano nos pone a prueba. Nos aleja del deseo de vivir lo diferente para meternos de cabeza en él, sin darnos cuenta que el tiempo cuenta, que hasta lo bonito cansa y que el reemplazo y alternancia de una situación con su contrario, se presenta como una auténtica bendición.

 

         Disfrutemos del verano sin perder la perspectiva de lo cotidiano. No hagamos de la aventura externa un continuo sesgo de la vida diaria o tendremos el peligroso destino de estar siempre en una ansiedad continua por devorar cosas nuevas sin las cuales, el resto carece de interés.

 

         Estemos fuera, en la diversión, sin olvidar permanecer siempre dentro, en la tranquilidad.

domingo, 21 de junio de 2026

FIN DE CURSO...LA VIDA MISMA

 La vida se rige por los cursos escolares. Esta afirmación que parece tan parcial, no lo es tanto si atendemos a que este “concepto” se emplea en la política o en el periodismo y marca, sin duda, unos límites que se circunscriben a junio y septiembre.

 

Tengamos niños en edad escolar o no, sabemos muy bien cuando comienzan las clases. Nos lo anuncia el Corte Inglés, no lo recuerdan el comienzo de las colecciones en los kioscos y también las galletas con las que éstos harán sus descansos en los recreos.

 

  Más o menos, tod@s sabemos cuándo es el momento de terminar o comenzar las clases. Estamos concluyendo éste curso que se irá pronto… y con ello, la vida cambiará. 




 

Las vacaciones parecen llamar a nuestra puerta, el trasiego de armarios coincidente con el verano se impone, los horarios diferentes o el ritmo de vida latiendo con otro compás, nos dicen que algo cambió.

 

Cuando termina un curso no es muy diferente a cuando algo finaliza en la vida. Sabemos que los cursos siguen, que vendrán nuevos aprendizajes, que cometeremos errores nuevos, que caeremos y nos volveremos a levantar. Sabemos también, que los cursos algún día terminan pero solamente darán paso a una nueva etapa donde luego, añoraremos aquello de lo que tanto desdijimos.

 

La vida misma es así. Añoramos lo pasado pensando que tuvo bondades que no volverán. Tememos el futuro que siempre incierto nos avoca a la ansiedad del qué sucederá después. Sin embargo, todos queremos pasar de curso, avanzar, llegar a la meta de cada cual. Por eso, comenzar uno nuevo se convierte en toda una aventura imposible de remplazar.

 

Estemos o no en un colegio, en edad escolar o tengamos hijos en ella, de cualquier forma vamos a enterarnos de que un curso más termina y de que pronto, otro comenzará.

 

Así es el ciclo de la vida.

domingo, 14 de junio de 2026

NO PUEDES CAMBIAR A NADIE...

 

Cuando alguien cercano comienza a mostrar aspectos de su personalidad que no son compatibles con los nuestros y nos disgustan, ten presente siempre esta conocida fábula a la que yo misma he recurrido muchas veces. 

 

No podemos cambiar a nadie, aunque parezca que se adapta; ni debemos. No vamos a cambiar por nadie, aunque parezca que nos adaptamos; ni debemos. Pero al menos, tengámoslo en cuenta. Sepamos que es así y no creemos falsas expectativas que solo nos conducen a la frustración y al fracaso.

 

Veamos, pues. 




___________

 

Érase una vez una rana que vivía en un apacible estanque, entre pequeñas libélulas y mariposas.

 

Un día que la rana se encontraba nadando en el estanque, sin preocuparse de nada más que de divertirse, de pronto escuchó que la llamaban desde lejos: “¡Eh, tú! ¡Sí, tú!…”.

 

—¿Yo? —Preguntó la rana.

 

—¡Sí, tú! —Respondió la extraña voz.

 

La rana no podía ver quién la llamaba, así que se acercó un poco más, hasta llegar a la orilla. Pero, para su sorpresa, al acercarse más, se dio cuenta de que quien la llamaba era un temible escorpión. Entonces un escalofrío recorrió el cuerpo de la rana, que sabía que los escorpiones tienen una cola venenosa, por lo que pueden  ser muy peligrosos.

 

—Ven, por favor —decía el escorpión.

 

Y como la rana era muy educada, se acercó un poco más hacia donde estaba el escorpión para saber qué quería decir:

 

—Necesito que me ayudes a cruzar al otro lado, porque tengo una cita importante que tengo que cumplir —dijo el escorpión.

 

—¿Y cómo podría ayudarte? —preguntó la rana.

 

—Yo me subiré a tu espalda y, todo lo que tienes que hacer tú es nadar, como sueles hacer, y así me podrás llevar hasta la otra orilla, que es a donde necesito ir. (Sigue…)

 

Al escuchar esto la rana dudó, y es que desde muy pequeña había escuchado que no debía confiar en los escorpiones, sin embargo, este parecía ser muy amigable y educado.

 

—¿Cómo sé que no me vas a picar una vez que estés sobre mi espalda? Los escorpiones tienen fama de ser muy malos.

 

—Pues no te voy a picar, porque si lo hiciera, nos hundiríamos los dos —respondió entonces el escorpión.

Y podía ser cierto, por lo que la rana se quedó convencida y decidió ayudar al escorpión. A fin de cuentas, no le suponía ningún trabajo, solo debía nadar de una orilla a la otra, como ella solía siempre hacer.

 

Y así fue como el escorpión se subió sobre su espalda y, sin más dilación, la rana empezó a nadar en un completo silencio. Todo parecía ir bien y la rana estaba alegre, pues ambos se encontraban, sin problemas, a punto de llegar a la otra orilla. Justo después, sin embargo, la rana sintió como un doloroso aguijón clavándose en su  espalda: ¡el escorpión la había picado!

 

Y como el veneno de los escorpiones es rápido en actuar, la rana ya no pudo moverse y los dos empezaron a hundirse. Con sus últimas fuerzas, la rana preguntó al escorpión por qué lo había hecho, si ambos iban a hundirse en el riachuelo.

 

—Lo siento, ranita —dijo el escorpión—, pero es mi naturaleza, no puedo hacer otra cosa. Y aunque yo quisiera ser diferente, no podría cambiar lo que soy.

Tras aquellas palabras, el escorpión y la rana desaparecieron para siempre, hundiéndose en el fondo del riachuelo.

 


domingo, 7 de junio de 2026

EL DOLOR DEL PLACER

 La vida funciona por contrarios. No sabríamos lo que es el dulce si no hubiésemos probado lo salado, ni el amargo o el ácido, si no se contrapusieran entre sí. No apreciaríamos el calor, si no hubiésemos temblado de frío o la riqueza, si no hemos sentido lo que es no tenerla. 

 

            Con el placer sucede lo mismo. Su intensidad, la apreciación de su fulgor, el dulce embargo al que nos lleva no sería tal si fuese permanente, indefinido y eterno. Todo placer, tarde o temprano conlleva su dolor. Es como si todo engendrase su contrario y lo tuviese hibernando dentro para hacerlo estallar en mil pedazos en algún momento.

 

            Una persona cercana me hizo esta reflexión hace ya mucho tiempo: …” No hay nada peor, que recordar el placer en el tiempo del dolor”; no era suya. Parafraseaba, no recuerdo ahora, de algún pensador, pero anunciaba una realidad inapelable que es que todo se transforma en su contrario, alguna vez. 

            





            Estaremos pensando en la pena que produce sentir que lo que un día fue algo tan bello y gozoso, ahora apenas el simple recuerdo lo ensucia con el momento presente, carente de cualquier ápice de aquella maravilla que llenaba nuestro mundo. Sin embargo, algo  innegable también es el hecho de que es mejor “ haber vivido”, lo que sea, placer, goce, dolor, ira… que no haberlo hecho nunca. Sin duda, son mejores los recuerdos que una mente vacía de ellos. Nada peor que no haber tenido experiencias buenas, malas o peores porque de todas se aprende, de todas podemos extraer esas gotas de pura vida que, en su momento, nos hicieron tocar el cielo con los dedos sin necesidad de llegar a él.

 

            Si ahora estás gozando, disfruta de ello como si no hubiese un mañana. Si estás sufriendo, soporta con paciencia el momento presente, porque ello también te anuncia su contrario. No olvides que lo lleva dentro esperando silenciosamente para, en cualquier momento, darte una sorpresa inmensa.

domingo, 31 de mayo de 2026

NO ERES COMO CREÍA…

 ¿Cuántas veces te has hecho, a ti mism@, esta afirmación?. Con amigos, con parejas, con vecinos, con compañer@s e incluso con hij@s...

 

         En este proceso de idealización mental, donde pretendemos que la persona que tenemos delante encaje con nuestras expectativas, se produce una disociación entre la imaginación y la realidad.

 

         La realidad es neutra. Es como es. Puede que no se adapte a los modelos de tu mente, pero en este caso quien está confundiéndose eres tú.

 

         Pilar Sordo, escritora, conferenciante y psicóloga chilena, habla del “ pensamiento mágico” para aludir a este tipo de situaciones. 




 

         Queremos que los demás sean como imaginamos, como los modelos que admiramos desde la infancia, por modas sociales o por estereotipos arraigados en nosotr@s impresos en nuestro ADN. Cuando la realidad no se acopla a ello nos derrumbamos, nos sentimos perdid@s e incluso, culpamos al de enfrente de no adecuarse a lo que esperamos. A tod@s nos ha pasado, seguramente, alguna vez.

 

         Hay que frenar esta forma de pensar, abortar cualquier intento de sabotaje de nuestra mente, que tantos problemas nos da, y saber que cada uno tenemos nuestras propias luces y sombras, nuestras magias y demonios, nuestros atractivos y nuestros fantasmas. Tener presente que por no encajar exactamente con lo que idealizamos, no tienen menos encantos que admirar. Hay que saber ver, estar abiert@s a lo “bueno” de cada uno y soltar lo que constriñe nuestra mente y sobre todo, nuestro peculiar modo de mirar.

 

         Relájate, mira de otro modo más abierto, valora lo que tienes y no eches de menos lo que te falta. Se equilibrad@ con tus pensamientos. Piensa poco, piensa bien y todo será distinto.

 

domingo, 24 de mayo de 2026

LOS MOMENTOS IMPOSIBLES

 Hay etapas en la vida, momentos que se dilatan más de lo que uno quisiera, cambios, trasiegos y transformaciones que nos sacuden como una tormenta en plena selva y sin poder resguardarnos en ningún lugar.

 

         Llegan de repente. Silenciosos, como cuando se anuncian, sin hacer ruido, los huracanes. De pronto están ahí, envolviéndote con toda su fuerza y trastocando toda tu vida.

 

         Cuando estamos en ellos, cuando realmente no sabemos qué hacer, posiblemente lo mejor es no “hacer nada”, tener la actitud presente del “ observador”, interviniendo con sigilo, con pocas palabras, sin enfrentamientos directos, que solamente provocan más reacciones, dejando que lo que tenga que suceder…suceda. Suena duro, provoca miedo y nos deja con la sensación de que no “hacer nada” no es lo que nos toca. Pero, sí.




 

         Cuando la vida se tuerce tanto, ella misma se acomoda. Eso sí, dale tiempo, dale espacio, deja que los demás se confundan y aprendan por sí mismos. Pueden perder un año, incluso dos… pero van a ganar, al final, una sabiduría inmensa que no  aceptarán de nadie antes.

 

         “El tiempo lo cura todo”, dice un refrán castellano…y es verdad. A veces, tantas veces…es lo único que podemos hacer, esperar. Sé que la espera es difícil, que la angustia se apodera de nuestro interior, que la impotencia nos invade, que tenemos la sensación de dejar de ser valiosos en lo que creemos tener una responsabilidad. Sin embargo, las dificultades nos piden calma. No hay mejor manera de que alguien o algo se vuelva contra nosotros que querer ayudarle por “ el camino recto”, que esperamos para ello y el otro no ve. 

Hay que pensar lento, pensar poco, tener en nuestro ánimo bien atado para no participar del caos al que debemos contribuir con sigilo, haciéndolo “desde fuera” y sabiendo esperar.

 

Difícil tarea; único camino.

 

         

domingo, 17 de mayo de 2026

¿QUÉ HAS HECHO CON TU “OPORTUNIDAD”?

          

“… Cada niño es una oportunidad para que el mundo mejore. ¿Qué has hecho tú con la tuya?”…

 

Ayer, releyendo un libro, concretamente “Clásicos para la vida” de Nuccio Ordine, fantástico muestreo de breves reflexiones extraídas de autores y textos clásicos, volví al inmenso mensaje de esta frase. 

 

¿Qué hemos hecho con nuestra vida?¿Mejora el entorno que nos rodea?¿aportamos algo a los demás?¿ayudamos, con nuestro trabajo, ejemplo o dinámica vital a que lo que está en nuestro entorno sea o esté mejor?.

 

Para llegar a este punto, sin duda, no todo depende de nosotros. En mucha medida, está en la orientación que hayamos tenido en nuestra infancia. En los padres a los que llegamos, en la escuela que nos acogió y sobre todo, en los profesores que fueron responsables, en gran parte, del modelado de nuestra alma y nuestro corazón.




 

Siguiendo la lectura de este libro, llegué a un apartado de inconmensurable valor dirigida al profesorado:

 

“… No se puede entrar en una clase sin una buena preparación. Una pedagogía rutinaria acaba por matar cualquier forma de interés. Por ello, tenía razón George Steiner cuando nos recuerda que “ una enseñanza de mala calidad es, casi literalmente, un asesinato.” ( pág. 18)

 

Estoy plenamente de acuerdo con esta reflexión. Como docente siempre ha sido mi bandera. Me he implicado para los contenidos sean casi un pretexto para que los alumn@s vayan más allá, comprendan lo bueno y lo malo del mundo y aprendan a tener un sentido crítico ante él y sus gentes. Nunca he olvidado tampoco inyectar en su alma la alegría, la compasión y el compromiso como  auténticos pilares de la fortaleza de espíritu.

 

Qué importante es la infancia. ¿Qué han hecho con nosotros?¿Qué hacemos con ella?...

 

Merece la pena reflexionarlo.

domingo, 10 de mayo de 2026

¿TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR...?

 Tenemos un refrán castellano que nos dice que …”Todo tiempo pasado fue mejor”… y otro que completa…” Vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer”… ambos, equivocados.

 

         La “juventud divino tesoro”, que es otro de ellos, tiene más sentido, pero no mucho más. 

 

         Cierto es que la juventud nos aporta frescura, ganas de aventuras, disponibilidad ante los cambios, ganas de inquietudes nuevas, pero también falta de miras, poca madurez mental y muy poco reposo vital. 




 

Los que ya la hemos pasado, sabemos que el punto en el que estamos es también muy bonito y operativamente muy rentable para nuestra vida. Hay algún caso de personas que siendo mayores quieren volver a sentirse jóvenes y en ese desacople de tiempos vitales, se hunden más en un devenir sin rumbo donde todo lo que les interesa está afuera y nunca concluyen sus ansias de alimentarse con lo que se esfuma cuando se consume.

 

         Tampoco todo tiempo pasado, siempre fue mejor, como de ninguna manera es mejor “lo malo” conocido que “lo bueno” por conocer.

 

         De cualquier forma, sea como sea y donde sea el punto en el que nos encontramos, tenemos que abordar la vida que nos queda con todas las herramientas de sabiduría que la madurez nos ha dado. Tener, también, esa pizca de locura, ese puntito de atrevimiento, esa frescura mental, que hace un guiño a la sensatez, es fundamental para no instalarnos en la vida rutinaria, demasiado razonada y hasta un poco rancia. No obstante, no perdamos de vista que siempre está con nosotr@s esa/e joven que hemos sido y que, enriquecido con la sabiduría de la madurez, nos convierte en seres cada día más deseables para nuestra propia vida y la de los demás.

domingo, 3 de mayo de 2026

A TI MAMÁ, A TOD@S LAS MAMÁS DEL MUNDO!!

 Esta frase que parece tan común y por ello, tan oída y casi carente de significado…lo tiene y mucho.

 

Efectivamente, eres una parte de ella; una parte física, un alma compartida y una historia heredada.

 

Tod@s tenemos madre, aunque no lo seamos. Es posible, aunque minoritario, el hecho de que haya “madres”, que lo hayan sido sin querer, que después de serlo no hayan sentido el vínculo indisoluble con su hij@ o que lo rechacen por recordarle hechos horribles ligados a su existencia…pero en cualquier caso, en algún momento, ellas o sus hij@s alimentarán un pensamiento o una emoción que se les escape de la razón y se una a su ADN.




 

A tod@s las madres, a las que tenemos o tuvimos, a las que están y estarán siempre en nuestro corazón…! Feliz día!

 

Para ti mamá…

 

Un beso hacia ese cielo, que es ahora tu casa;

un beso en tu suave rostro que siempre fue mi      aliento,

un beso en ese corazón que te has olvidado en el mío…

y un te quiero siempre por ser tu mi guía y mis ojos cuando estoy perdida,

 en lo más oscuro de la tristeza y la confusión.

 

...Hoy, no te recuerdo más que ayer, pero quiero decirte de nuevo que sin ti, la vida pesaría más de lo posible y sin embargo, al lado de tu recuerdo, me elevo con tus alas hasta tu cielo, para regalarte la caricia más tierna

 de que es capaz mi corazón...

lunes, 27 de abril de 2026

LO QUE DEBERÍA DEJAR DE IMPORTARTE

 La vida va amoldando tu carácter, tu forma de ver las cosas, de priorizarlas y, lo más importante, tu manera de responder a ellas. Y es esto último, lo que te define. Cómo reaccionas ante lo que sucede, de qué forma contestas a ello, de qué manera te revelas o lo aceptas. 

 

A tod@s nos suceden acontecimientos semejantes. Tod@s estamos a merced del azar, casi siempre, y aunque no lo creamos, podemos controlar mucho menos de lo que creemos. No todo está resuelto con nuestras habilidades, nuestra forma especial de manejarnos en el mundo o nuestro carisma irresistible en el que tanto confiamos.




 

Poco a poco, hay un aprendizaje inexorable por el que pasamos la mayoría de los seres humanos inteligentes y éste nos lleva a discriminar lo que nos deja de importar, aquello que antes parecía innegociable, a lo que creíamos que nunca renunciaríamos pero de lo que nos hemos dado cuenta que ha dejado de funcionar como prioritario, si queremos convivir con menos problemas con los demás y con nosotr@s mism@s.

 

Si aún estás en esa fase de resistencia, con asuntos que más tarde te parecerán intranscendentes, tienes que saber que te queda mucho que sufrir. La mayoría de las veces “ aceptar” no es “rendirse”, sino transformar lo que te hace daño, alejarlo del foco de tu dolor, aunque esté cercano, verlo desde otro ángulo y transformar lo que te hace sentir mal.

 

Dice una antigua máxima…” A lo que te resistes… persiste”… por eso, no te resistas a nada, deja que se convierta en algo suave, intrascendente y blandito. El resto, la transformación que todo experimentará a tu alrededor, te hará libre de la tiranía de aquello que te duele siempre que pasa por tu lado. 

 

No olvides que la vida te pondrá a prueba muchas veces. Procura aprobar el examen o estarás condenad@ a repetirlo.

 

 

sábado, 18 de abril de 2026

MÁS ALLÁ DE LA AÑORANZA

 Muchas veces la añoranza más que rememorar la vida que pasó, la quita. Nos anclamos en el pasado, que ya no es, y lo hacemos marco de nuestro presente, que siempre es diferente y no hace válido lo que funcionó antes.

 

         Si lo que añoramos nos sirve para dar impulso a nuestras metas por tener su origen allí, tal vez, tenemos que rescatar del ayer los pilares de edificios nuevos. Si la añoranza sirve de almohada durante un ratito, puede que tenga un efecto sedante y reconforte pero, si hacemos de ella una muleta que no soltamos, creeremos en nuestra cojera toda una vida sin sanar nunca.

 

         Aquello que se fue, lo hizo por y para algo. Posiblemente, no encontremos razones que justifiquen la ausencia de alguien, cuando es involuntaria, pero aun así tal vez sirvió para ayudarnos a crecer en la desgracia, en la tristeza o en la soledad. Siempre con dureza, siempre en lo áspero, siempre en lo desapacible, pero…¿ cuándo se aprende más o mejor, desgraciadamente?.




 

         Añorar no es malo. Lo malo es hacer de ello la mirada que todo lo ve y desde allí, lo analiza. Lo malo, en definitiva, es sentarnos en la cúpula del pasado y hacer de ella el paisaje del presente. 

 

Aquella vara de medir que parecía ser tan eficaz y eficiente ayer, hoy no sirve. Todo ha cambiado, porque si hay algo que realmente es absolutamente válido y real es que el “cambio” es lo único que no varía a lo largo de la vida. No adaptarse a ello es salirnos del engranaje que mueve la existencia en cada momento, en cada época o en cada instante. Quedarnos fuera del tiempo y sufrir las consecuencias.

 

Añora… pero no te quedes estampad@ en  ello.

 Mira siempre hacia delante, no hay otro horizonte.

domingo, 12 de abril de 2026

CUANDO NO QUEREMOS CRECER

 Nadie queremos crecer, en el fondo. Ser niñ@ aún, equivale a estar protegido, a no tomar demasiadas responsabilidades, a poder transgredir algunas normas y a manejar un espacio donde no tolerar la frustración, todavía se permite.

 

         Tod@s llevamos a nuestr@ niñ@ interior, de alguna forma reprimido, pero ahí está. Hay diferentes niveles de hacerle presente y en ello está el problema. Cuando no queremos crecer por dentro y llevamos una vida que se asemeja a la de un niñ@ en un mundo de adultos, la vida se complica para tod@s, porque crecer no es simplemente cumplir años, ni acumular experiencias como quien colecciona objetos. Crecer, en el fondo, implica despedidas pequeñas y silenciosas: dejar atrás ciertas seguridades, asumir que no siempre habrá alguien sosteniéndonos la mano, aceptar que el mundo no gira en torno a nuestros deseos. Y eso duele, aunque no siempre sepamos nombrarlo.




 

Por eso, muchas veces, ese niñ@ interior no quiere desaparecer. No quiere rendirse ante la lógica, ante las normas, ante las renuncias. Se resiste, se esconde o, en ocasiones, irrumpe con fuerza: en forma de impulsos, de enfados desmedidos, de huidas, de silencios. No es debilidad, es una parte de nosotr@s pidiendo ser vista, escuchada, comprendida.

 

El problema no es que ese niñ@ siga ahí. De hecho, es necesario que permanezca. Es quien nos conecta con la curiosidad, con la capacidad de asombro, con la ternura y la creatividad. Es quien nos recuerda jugar, reír sin motivo, emocionarnos con lo sencillo. El verdadero conflicto aparece cuando ese niñ@ toma el timón sin que haya un adult@ interno capaz de acompañarle, de poner límites, de cuidar de él.

 

Quizá crecer no consista en dejar de ser niñ@s, sino en aprender a ser adult@s que saben abrazar a ese niñ@. Darle espacio sin que lo invada todo. Escuchar su miedo sin que nos paralice. Permitir su alegría sin que nos haga olvidar las consecuencias. Integrar, en lugar de reprimir o de ceder completamente.

 

Porque al final, vivir es un equilibrio delicado entre lo que fuimos, lo que somos y lo que estamos aprendiendo a ser. 

 

Tal vez de eso se trate todo esto: de convertirnos, poco a poco, en el refugio que un día buscamos fuera.

         

lunes, 6 de abril de 2026

LO QUE NO HABLAS CON NADIE

  

            Lo que no hablas con nadie no siempre es un secreto. A veces es un nudo. Una sensación que no termina de tomar forma, pero que está ahí, ocupando espacio dentro de ti. No tiene necesariamente nombre, pero sí peso. Se cuela en los silencios, en los momentos en los que te quedas a solas contigo mismo, en esas noches en las que todo parece amplificarse.

 

Hay cosas que no contamos no porque no queramos, sino porque no sabemos cómo hacerlo.

 

Quizá te ha pasado: intentas explicarlo y las palabras se quedan cortas. O sientes que, al decirlo en voz alta, perderá su complejidad, como si lo redujeras a algo demasiado simple. O tal vez temes que no lo entiendan. Que te miren raro. Que lo minimicen. Que te digan “no es para tanto”, cuando para ti sí lo es.




 

Así que decides guardarlo.

 

Y guardar también es una forma de protegerse.

 

Pero lo que no hablas, se queda.

 

No desaparece por ignorarlo. No se disuelve con el tiempo, al menos no siempre. A veces se transforma. Se convierte en tensión en el cuerpo, en irritabilidad sin motivo aparente, en tristeza que aparece en momentos inesperados. Se convierte en distancia con los demás, en dificultad para disfrutar, en una sensación constante de estar “un poco fuera” de tu propia vida.

 

Porque lo no dicho también tiene voz. Solo que habla de otras maneras.

 

Y sin darte cuenta, empezaste, tal vez desde la infancia, a construir un lenguaje interno donde muchas cosas quedaron sin traducir.

 

Lo que no hablas con nadie muchas veces es lo que más necesitaría ser escuchado.

 

Pero aquí aparece otra dificultad: no siempre tenemos a alguien con quien hablarlo. O no alguien, con quien nos sintamos seguros. Porque hablar no es solo emitir palabras, es exponerse. Es permitir que alguien vea algo que normalmente mantienes oculto. Y eso da vértigo.

 

Por eso, antes de pensar en compartirlo con otros, hay una pregunta más íntima y más importante:

 

¿Lo hablas contigo?¿Cómo lo hablas?¿Eres juez o víctima?...

Continuaremos respondiendo las debilidades de cada papel en el que te encuentres. 

 

Piénsalo mientras tanto.

domingo, 29 de marzo de 2026

LAS PALABRAS ROTAS

 Dar tu palabra era, antiguamente, el mayor garante del honor y la dignidad de una persona cuando se comprometía en algún asunto. Ahora, todo parece haber cambiado mucho.

 

         El lenguaje nos ha hecho humanos. Ha configurado el cerebro y ha conseguido coordinar sus funciones con sentido lógico al comunicarnos entre nosotros. El lenguaje es mucho más importante de lo que pensamos. Con las palabras, creamos. Podemos dar la vida o quitarla. 

 

Cuando las palabras animan, motivan, alientan…todo parece posible en ti; cuando, por el contrario, arrebatan, transgreden, degradan…todo puede caer en nuestra autoestima y volver ante el mundo con las defensas caídas y los escudos partidos.




 

         Muchas veces, muchísimas, no somos conscientes del valor y la trascendencia de las palabras que decimos.

 

         La balanza está desequilibrada. Una veces hablamos demasiado y otras callamos en exceso. Lo que seguro hacemos muy deficientemente es escuchar. En la mayoría de las ocasiones oímos a la otra persona para responderle algo con rapidez, en vez de escucharla para comprenderla. 

 

         Otras veces, empleamos palabras muy grandes en situaciones envueltas en pasiones puntuales que no demasiado relevantes. Prometemos y nos comprometemos cuando la euforia nos invade. Decimos y desdecimos cuando el arrebato, la cólera o la rabia se hacen presentes. Pero solemos arrepentirnos de todo ello al reposar las emociones.

 

         Hemos de cuidar lo que decimos. Debemos tener cuidado de no “romper” con nuestras palabras a las personas cercanas o de  “romper” éstas mismas, si no estamos seguros de querer cumplirlas.

 

         En definitiva, hoy se habla demasiado porque nos hemos educado en la cultura de la “palabra”, de creer que ella lleva a entendernos, a consensuar y comprendernos para sacar conclusiones y poder actuar mejor. Lo que no nos enseñaron bien es que también con ella podemos confundirnos, atacarnos y demolernos.

 

         Cuidado con lo que dices y atento a lo que escuchas. Ambas acciones, bien realizadas, son las mejores herramientas para no traspasar líneas rojas sin impunidad ni sonrojo. Ambas, nos ayudarán a ser más empáticos y a resistir los embates de la vida y de las personas que lo usan como un arma arrojadiza del paleolítico, sin medir la dimensión de lo que perjudica y a quién.