No podemos negar que el día a día se hace cada vez más angustioso. Las malas noticias se superponen; las nuevas nos hacen olvidar a las inmediatas anteriores y todo parece ser un verdadero caos que se derrite por los bordes sin tener fin.
Si para nosotros es difícil asimilar tanto descalabro, para los que están inmersos en una guerra, padecen enfermedades y nadie los atiende, son violad@s y no importan, no pueden comer y el resto del mundo parecemos ignorarlo…supondrá un infierno del que solamente querrán huir, sea como sea.
Posiblemente, los de este otro “mundo”, los que no estamos tan mal, nos quejemos sin valorar lo que realmente tenemos.
Un aprendizaje excelente que podemos obtener ante tanta angustia ajena es, precisamente, reconocer que podemos levantarnos cada día y recorrerlo sin que tengamos que aplicar la base de la pirámide de Maslow, es decir, ocuparnos solamente y de forma urgente por nuestras necesidades fisiológicas vitales.
Si no es tu caso, si tienes lo suficiente para vivir…e incluso algo más, si no sufres indigencia, acoso, violaciones, sometimientos, vejaciones, hambre y tantas humillaciones físicas y morales que podrías estar viviendo…entonces canta un himno a la alegría, haz de ella tu revolución y dibuja una sonrisa en tus labios cuando, con la cabeza alta y el ánimo pletórico salgas de casa cada día.
Mira a tu alrededor y sentirás que es el agradecimiento más bello que puedes hacerle a tu vida…o al menos, de momento.
