Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


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lunes, 12 de septiembre de 2011

DAR LO MEJOR DE UNO MISMO


En muchas ocasiones queremos ofrecer un regalo especial a quienes amamos, debemos algo o simplemente simpatizamos con ellos. La búsqueda es desesperante cuando queremos acertar para que a partir del presente que entregamos, nos consideren agradecidos y nos estimen por nuestro esfuerzo en conseguir lo que a la otra persona va a hacerle feliz.  Tratamos de focalizar nuestros deseos de entregar el cariño, el afecto o la consideración por el otro en algo material, pensando que es valioso por sí mismo y que ejercerá de interlocutor de nuestros afectos mejor que ningún otro vehículo. Lo peor es cuando esta puntual práctica se hace continua para los que conviven con nosotros esperando que los regalos sustituyan las ausencias, los desencuentros, la falta de atención o los malos modos, gestos o formas que en el día a día protagonizamos por doquier.
Un regalo nunca puede suplir la presencia, ni llenar las horas vacías que dejas tras de ti cuando pudiendo estar eliges otra compañía, otro escenario u otro empeño. El mejor regalo está dentro de nosotros. Somos nosotros. Pero sin vestiduras que nos desfiguren, sin adornos que nos transformen, sin ropajes que nos cambien. Lo mejor que podemos dar debemos darlo siempre y en todo momento, comenzando por la sonrisa. Una mirada abierta y una sonrisa cercana se transforman en el mejor de los puentes para conectar con las personas de nuestro entorno. Si a eso añadimos sinceridad, buenas intenciones y una chispa de afecto incondicional el cóctel estará servido para que la comunicación discurra con fluidez y eficacia.
No hacen falta regalos que tengan etiquetas con  un precio tachado. Hace falta que cada uno demos lo mejor de uno mismo en cualquier oportunidad. El resto llegará para poner un lazo al inmenso  obsequio que entregaremos cuando tendamos la mano sujetando nuestro corazón.

viernes, 12 de agosto de 2011

CUALIDADES II: La Sinceridad

Ser honestos es una obligada actitud en el comportamiento diario que debemos cuidar. Sinceros con los demás, para salvar las relaciones de los abismos de la mentira, la envidia o el rencor. Francos, sobre todo, con nosotros mismos para evitar el autoengaño. Muchas veces preferimos vivir engañados que enfrentarnos a la verdad. La realidad, es dura en muchas ocasiones, y buscamos refugios mentales o reales para poder soportarla. Lo peor es que estos amparos, que pueden ir desde la droga a una relación de dependencia tóxica y demoledora, nunca nos cobijan como debieran y se vuelven, muy pronto, en enemigos silenciosos que acaban por destruirnos. Por este motivo debemos tener una conversación a solas con nosotros mismos. Un diálogo eficaz donde nada quede oculto y donde pongamos al descubierto nuestros miedos más íntimos. Porque si necesitamos de apoyos y muletas, para llevar nuestras cargas, es debido al temor que nos provoca navegar en solitario por las aguas turbulentas del futuro.
No hay otro camino más que pedir ayuda a nuestro dios interior. Invocar sinceramente su protección y solicitar que lleguen hasta nosotros las herramientas necesarias para salir adelante con la fuerza suficiente como para no depender de nada ni de nadie, en el papel protagonista de la historia que nos ha tocado vivir.
La sinceridad es la única vía para descubrirnos. Conocer nuestras debilidades, revelar las conductas erróneas que hemos seguido y poner de manifiesto los puntos negros de nuestra forma de ser nos dispondrán en el perfecto estado para poder enmendarlos. Franqueza que debe regir todas nuestras acciones y que por consecuencia se extenderá a los demás como el mejor de los ejemplos.