Nadie queremos crecer, en el fondo. Ser niñ@ aún, equivale a estar protegido, a no tomar demasiadas responsabilidades, a poder transgredir algunas normas y a manejar un espacio donde no tolerar la frustración, todavía se permite.
Tod@s llevamos a nuestr@ niñ@ interior, de alguna forma reprimido, pero ahí está. Hay diferentes niveles de hacerle presente y en ello está el problema. Cuando no queremos crecer por dentro y llevamos una vida que se asemeja a la de un niñ@ en un mundo de adultos, la vida se complica para tod@s, porque crecer no es simplemente cumplir años, ni acumular experiencias como quien colecciona objetos. Crecer, en el fondo, implica despedidas pequeñas y silenciosas: dejar atrás ciertas seguridades, asumir que no siempre habrá alguien sosteniéndonos la mano, aceptar que el mundo no gira en torno a nuestros deseos. Y eso duele, aunque no siempre sepamos nombrarlo.
Por eso, muchas veces, ese niñ@ interior no quiere desaparecer. No quiere rendirse ante la lógica, ante las normas, ante las renuncias. Se resiste, se esconde o, en ocasiones, irrumpe con fuerza: en forma de impulsos, de enfados desmedidos, de huidas, de silencios. No es debilidad, es una parte de nosotr@s pidiendo ser vista, escuchada, comprendida.
El problema no es que ese niñ@ siga ahí. De hecho, es necesario que permanezca. Es quien nos conecta con la curiosidad, con la capacidad de asombro, con la ternura y la creatividad. Es quien nos recuerda jugar, reír sin motivo, emocionarnos con lo sencillo. El verdadero conflicto aparece cuando ese niñ@ toma el timón sin que haya un adult@ interno capaz de acompañarle, de poner límites, de cuidar de él.
Quizá crecer no consista en dejar de ser niñ@s, sino en aprender a ser adult@s que saben abrazar a ese niñ@. Darle espacio sin que lo invada todo. Escuchar su miedo sin que nos paralice. Permitir su alegría sin que nos haga olvidar las consecuencias. Integrar, en lugar de reprimir o de ceder completamente.
Porque al final, vivir es un equilibrio delicado entre lo que fuimos, lo que somos y lo que estamos aprendiendo a ser.
Tal vez de eso se trate todo esto: de convertirnos, poco a poco, en el refugio que un día buscamos fuera.
