Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


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martes, 13 de marzo de 2012

EL CUENTO DE LAS ARENAS

Hoy vamos a reflexionar sobre otro breve cuento cuyo contenido es muy interesante para discernir qué podemos hacer ante las dificultades o los problemas.
         Es preciso leer atentamente la historia. He sugerido algunas preguntas para guiar, de algún modo, la lluvia de ideas que podemos aportar como conclusiones de la lectura.
         Espero vuestra valiosa participación. Para dar tiempo a vuestras aportaciones mantendremos este post por un tiempo breve.
Gracias.
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Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas.
Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró:
"El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río"
El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.
"Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino"
-¿Pero cómo esto podrá suceder?
"Consintiendo en ser absorbido por el viento".
Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. "¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?" "El viento", dijeron las arenas, "cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río"
-¿Cómo puedo saber que esto es verdad?
"Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río."
-¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?
"Tú no puedes en ningún caso permanecer así", continuó la voz. "Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial."
Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó --¿o le pareció?-- que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: "Sí, ahora conozco mi verdadera identidad". El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron: "Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña"
Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.
Awad Afifi el Tunecino

1.- ¿Con qué podemos identificar el río cuando hablamos de nosotros?.
 2.-¿Tiene miedo el río? ¿A qué?. ¿Qué le impedía hacer lo correcto?
3.-¿Cómo logra el río entregarse en los brazos del viento?
4.-¿Sabían las arenas la verdad del viento?
5.-¿Cuál fue el resultado de la voluntad del río?

jueves, 5 de enero de 2012

LOS REYES DE ESTA NOCHE

Los Reyes de esta noche siempre han sido los niños. Ha sido, también, el cóctel de emociones que les acompañan y que se extienden por la casa como la pólvora salpicando a todos. Cuando  recordamos cómo nos sentimos cuando los esperábamos comprendemos  los ojos enamorados de la magia de los pequeños. Al igual que podemos saborear aún el amargo trago de saber que los regalos procedían de los padres. Todo se rompía en aquel momento aunque lo que parecía importante siguiese estando. De qué valían los juguetes si el mejor regalo se había extinguido…éstos se convertían en una compensación breve de la desilusión que habíamos pasado.
         Posiblemente, el secreto esté en creer  que las situaciones que pedimos que nos sucedan son un regalo en manos de la magia del Universo. De alguna forma, podemos volver a la ilusión de niños pero no estando obligados a despertar del sueño de seguir creyendo.
Tal vez, esta noche al cerrar los ojos podamos visualizar todo aquello que deseamos en nuestra vida para ser mejores y vivir más plenamente. Podamos, incluso, vernos derrochando alegría mientras lo gozamos y sintiéndonos plenamente felices por ser merecedores de ello.
Seamos niños de nuevo pero con la ventaja de concedernos los deseos con nuestra propia varita mágica.
La verdadera magia está en la fe. En la creencia imperiosa en que sucederá. Siempre funciona. Los niños pierden esta facultad cuando cambian su creencia y la trasladan a sus padres, entonces sucede lo peor: nunca volvemos a creer en ellos como lo habíamos hecho. Luego entendemos con el tiempo que llevados por el entusiasmo de nuestra ilusión acabaran con la fantasía. Algo cambia en nosotros entonces y nos desconectamos con la posibilidad de creer en nuestros sueños.
Sin embargo, estoy segura de que podemos rescatar a nuestros Reyes Magos personales, los de cada uno…y pedirles, esta noche, todo lo que de verdad anhelemos.
Yo, al menos, voy a hacerlo. Seguro que mañana al despertar la magia habrá invadido mis sábanas e irá detrás de mí, cuando me levante, impregnándolo todo. Ese será mi mejor regalo.

lunes, 26 de diciembre de 2011

CUESTION DE ACTITUD

En estos días, precisamente, uno puede hacerse cargo de la diferencia de actitudes que mantenemos a lo largo del año. Pareciese que las festividades marcasen los ritmos internos de nuestro bienestar. Nos dejamos arrastrar por una corriente lenta y dispersa, a veces, y arrebatadora y fulminante otras, que determina el signo de nuestro carácter. Si estamos en Navidad, la alegría, los buenos deseos y la esperanza brillan en todas las miradas. Si lo que se acerca es la Semana Santa, igualmente acomodamos el sentimiento al dolor de quien guía la celebración y la da sentido. El nacimiento y la muerte de ese Dios, presente para algunos y ausente para otros, parece representar el mismo destino que está preparado para el hombre. Un recorrido breve de existencia en el que se pasa muy pronto de la alegría de nacer a la desdicha de morir. En el medio, todo sigue siendo una cuestión de actitud.
         La vida no es un sendero fácil pero los resultados de nuestras acciones, en relación con los problemas que nos asaltan, pueden ser asumidos desde diferentes formas de posicionarnos para acometer lo siguiente. Es difícil tener esperanza cuando todo parece ir mal. Pero es necesario aferrarse a ella para que vaya mejor. Nuestra energía vibratoria sintoniza con la frecuencia de lo que nos sucede. Cuando estamos seguros de que algo sucederá, fácilmente suceda. Podemos intervenir en el rumbo de las cosas con la fuerza del deseo. Podemos dirigir nuestros pasos con la firme intención de que llegarán a un destino. Podemos estar seguros de la fuerza inmensa de nuestras convicciones. Creer que podemos es estar pudiendo ya. La duda, el desasosiego, la permanente insatisfacción, la demoledora sensación de miedo y esa poderosa voz que nos asalta a cada instante para convencernos de nuestra impotencia, son los responsables del estado lamentable en el que a veces nos encontramos. Parados en un mismo punto. Sabiendo lo que debemos cambiar para que todo vaya mejor y manteniéndonos inmóviles, reflexionando sobre cómo debemos actuar para dar un giro a nuestra vida y siguiendo aferrados a la comodidad de lo conocido. Tememos que nos vaya mal y a veces, no nos puede ir peor. Creemos una actitud nueva en nosotros que nos mueva a cambiar lo que no nos gusta. Comencemos por realizar un acto de honesta confesión con nosotros mismos para saber dónde está el punto de inflexión de nuestro cambio. Atrevámonos a dar el primer paso. No perdemos nada por ello. Que nuestra actitud sea nuestra aptitud para que todo lo que anhelamos se cumpla. Tenemos la oportunidad de iniciarlo en cualquier momento pero quizá sea este el idóneo. Un nuevo año está a punto de comenzar y con su frescura será más fácil decidirnos por lo que de verdad nos gusta.

miércoles, 27 de julio de 2011

PREJUICIOS Y CREENCIAS

Esta breve historia pone de manifiesto los prejuicios que conllevan muchas creencias de las que nos mostramos fielmente seguidores. Los dogmas de fe, los preceptos, las leyes...deben ser contemporalizadas, interpretadas en su contexto y resueltas en función del mismo. No todo es válido siempre, en cuaqluier lugar o con todas las personas. Lo que es ley hoy, mañana puede convertirse en proscripción. Aquello que se juzga y condena como erróneo, equivocado o impuro...en otros momentos puede carecer de importancia. No debemos seguir ciegamente nada más que los dictados de nuestro corazón. El resto...solamente depende del espacio y el tiempo y éstas son siempre categorías fluctuantes, variables y tremendamente inconsistentes. Veamos este pequeño cuento y su mensaje.

Dos jóvenes monjes fueron enviados a visitar un monasterio cercano. Ambos vivían en su propio monasterio desde niños y nunca habían salido de él. Su mentor espiritual no cesaba de hacerles advertencias sobre los peligros del mundo exterior y lo cautos que debían ser durante el camino.
Especialmente incidía en lo peligrosas que eran las mujeres para unos monjes sin experiencia:
-Si veis una mujer, apartáos rápidamente de ella. Todas son una tentación muy grande. No debéis acercaros a ellas, ni mucho menos hablar, por descontado, por nada del mundo se os ocurra tocarlas. Ambos jóvenes aseguraron obedecer las advertencias recibidas, y con la excitación que supone una experiencia nueva se pusieron en marcha. Pero a las pocas horas, ya punto de vadear un río, escucharon una voz de mujer que se quejaba lastimosamente detrás de unos arbustos. Uno de ellos hizo ademán de acercarse.
-Ni se te ocurra -le atajó el otro-. ¿No te acuerdas de lo que nos dijo nuestro mentor?
-Sí, me acuerdo; pero voy a ver si esa persona necesita ayuda -contestó su compañero,
Dicho esto, se dirigió hacia donde provenían los quejidos y vio a una mujer herida y desnuda.
-Por favor, socorredme, unos bandidos me han asaltado, robándome incluso las ropas. Yo sola no tengo fuerzas para cruzar el río y llegar hasta donde vive mi f:lmilia.
El muchacho, ante el estupor de su compañero, cogió a la mujer herida en brazos y, cruzando la corriente, la llevó hasta su casa situada cerca de la orilla. Allí, los familiares atendieron a la asaltada y mostraron el mayor agradecimiento al monje, que poco después reemprendió el camino regresando junto a su compañero.
-¡Dios mío! No sólo has visto a esa mujer desnuda, sino que además la has tomado en brazos.
-Así era recriminado una y otra vez por su acompañante. Pasaron las horas, y el otro no dejaba de recordarle lo sucedido.
-Has cogido a una mujer desnuda en brazos! ¡Has cogido a una mujer desnuda en brazos! ¡Vas a cargar con un gran pecado!
El joven monje se paró delante de su compañero y le dijo:
-Yo solté a la mujer al cruzar el río, pero tú todavía la llevas encima.


domingo, 15 de mayo de 2011

Creer o no creer

Todos tenemos un dios. Necesitamos imperiosamente creer. En lo que sea. Es más difícil desfondar la vida después de la muerte sin creencias que vivir con la seguridad de que algo o alguien...nos protege, nos ama y nos cuida permanentemente. Bastaría con dejar de creer para que nada tenga el mismo sentido. El bien y el mal, resueltos tantas y tantas veces en referencia con la bondad, emanada de la creencia en el amor infinito de quien no descuida nuestra protección, se proyectan en las consecuencias que en esta vida o en la futura, tendrá para cada uno. Los fracasos, las dificultades de la vida, los sinsabores o los baches del camino son más ligeros si se cree. La fe es una necesidad.
Lo que sería debatible queda centrado en el objeto de la creencia. ¿Es necesariamente un dios quien asume el protagonismo?¿Es una idea o filosofía de vida?¿Es una fuerza poderosa?...no importa tanto cuál sea el motivo por el que creemos como el hecho en sí de confiar en algo que nos asegura la certeza de estar protegidos y poder seguir adelante con la fortaleza puesta en la de otro.
En ocasiones, los acontecimientos que nos rodean son tan radicalmente contrarios a nosotros que dejamos de lado la creencia y pedimos explicaciones a aquel en quien hemos dejado de confiar. ¿Por qué a mi?¿Acaso me he portado tan mal para merecer ésto?¿Por qué siempre me persigue la misma suerte?...Preguntas que derivan en una nueva fe necesaria para salir adelante: la que nos profesamos a nosotros mismos.
Si no se es capaz de creer para seguir en la seguridad de que ante aquello que no depende de nosotros, lo que se escapa a la normalidad de la vida o lo que llega por sorpresa tenemos un compañero de camino que nunca se cansa de tener su mano sobre la nuestra; si no se es capaz de sentir la necesidad de esa protección, que no se ve pero se intuye de algún modo...lo mejor es mirar hacia dentro y encontrar en nuestro interior las razones para cobijarnos al seguro bienestar de entender que nosotros, al menos, no deberíamos fallarnos y si eso ocurre, poder reaccionar con rapidez para no perder la única esperanza que nos mantiene fuertes ante las dificultades: la fe en nuestra capacidad de renacer de nuestras cenizas, como el ave fenix.