Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


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miércoles, 4 de abril de 2012

EL TRATAMIENTO DEL CONFLICTO

Uno de los lectores de la reflexión sobre “Caer en la misma piedra”  respondió con un comentario que merece la pena observar.
El resumen de su aportación recogía la necesidad de no hacernos un conflicto ni de los propios conflictos. Me ha gustado este ángulo de visión con aquello que nos daña, que nos preocupa o que nos molesta y en lo que somos recurrentes una y otra vez.
Nuestro lector, propone no conflictuarse uno a sí mismo por estar enredado en lo que  sería un conflicto para cualquiera. Posiblemente, uno cae varias veces en el mismo problema o en aquello que sabes que te causará un perjuicio a la larga…pero tal vez superes mejor esa adversidad si caes en ella. Si aprendes a manejarla y si en vez de resistirte, la enfrentas.
Probablemente, lo que nos causa el desasosiego es vernos perdidos en medio de lo que tememos, sin armas o herramientas que nos ayuden. Entonces sí que podemos caer en un ataque de pánico de consecuencias imprevisibles.
Manejar adecuadamente el conflicto consiste en asumirlo como parte de nuestro camino, definir nuestra posición en él, las debilidades que nos asaltan y las posibilidades de superarlas con los apoyos precisos.
La fase de tranquilidad necesaria para verlo desprovisto de la magnificencia que le otorgamos, a veces indebidamente, pasa por relativizar su ponderación. Nada es tan importante como nos parece, nada tan grande, nada tan definitivo.
Muchas veces la salida está tan cerca de nosotros que no somos capaces de encontrar la distancia exacta para verla. Por eso, es necesario darse tiempo y recurrir a la calma. Hacerse amigo del conflicto, dejar de verlo como un enemigo enfrentando sus armas dispuesto a liquidarnos, dialogar con él y dejarle muy claro que no tenemos intención de que nos devore.
Hay soluciones para todo, aunque éstas deban incluir entrar en su círculo para caer de nuevo. Eso sí, sabiendo siempre donde está la puerta de salida y que somos libres de cambiar de rumbo en el momento en que lo decidamos.
Enfrentarlo así le dejará desprovisto de su capacidad de descolocar nuestra vida y podremos seguir con ella aunque le sigamos llevando de la mano.