Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


domingo, 15 de febrero de 2026

¿HAY QUE MENTIR PARA QUE NOS HAGAN CASO?

 En la actualidad, penosamente y en muchas ocasiones, hay que mentir para que nos hagan caso. Se trata de una herramienta muy eficaz cuando la desgracia se anuncia repetidamente y nadie hace lo hace. No debería ser así, sin duda, pero parece que los humanos solamente aprendemos en base a la repetición de los errores. Lo peor es que hay errores que cuestan vidas y en ese caso, no hay tiempo para repeticiones.

Veamos este breve relato, tan significativo hoy.

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…”Cuando la mujer de 81 años se disponía a acostarse, le dijo a su marido de 83 años:

—Oye, acabo de mirar por la ventana y creo que la luz del garaje está encendida. ¿Podrías levantarte y apagarla?

Con gran esfuerzo, el anciano se incorporó, abrió la puerta y salió al exterior. Entonces vio a tres ladrones intentando forzar la entrada del garaje. Sin dudarlo, regresó rápidamente y llamó a la policía.

—Escuchen, anoten mi dirección. Aquí solo estamos mi esposa y yo, y hay tres ladrones tratando de entrar al garaje. ¡Envíen un equipo urgente!

El operador contestó con calma:

—Hemos registrado su dirección. No se preocupe. En estos momentos no disponemos de ninguna patrulla disponible. Le mandaremos a alguien en cuanto tengamos un equipo libre.

Frustrado, el anciano siguió observando desde la ventana cómo los ladrones forcejeaban con las cerraduras. Dos minutos después, volvió a marcar el número de emergencias:

—Oigan, ya no hace falta que envíen a nadie. Acabo de dispararles a los tres ladrones.

En la comisaría se desató el pánico. En menos de cinco minutos llegaron varias patrullas con sirenas a todo volumen, un helicóptero sobrevolando la zona, paramédicos, tres médicos y dos ambulancias. Los agentes irrumpieron en el lugar, redujeron y esposaron a los delincuentes, que seguían vivos y atónitos.

Más tarde, el jefe del operativo se acercó al anciano y le preguntó con seriedad:

—¿Usted dijo que les había disparado?

El viejo, con total tranquilidad, respondió:

—¿Y ustedes no dijeron que no tenían ningún equipo disponible?