No hay nada más singular. Es lo único que no se puede comprar, ceder, ampliar o donar. Es lo que más importa, el mejor regalo y el bien más poderoso.
Por ello, hemos de romper las barreras mentales que nos impelen a sentirnos culpables cuando “ no hacemos nada”, o cuando “gastamos dinero” invirtiendo en la felicidad propia o en la de los demás.
Tendemos a querer que el tiempo pase. ¿Para…qué?. De pequeños para gozar de las bondades con las que, supuestamente, se complacen los mayores. Más tarde, porque se supone que lograremos terminar los estudios, un buen trabajo, un coche, una casa o una familia. Posteriormente, una vez conseguido todo ello, cuando va pasando el tiempo irrecuperable, traspasamos las ilusiones que fueron nuestras a nuestros hijos o nuestros nietos lo que oculta una verdad inapelable: que el tiempo que pasa, nunca vuelve y que cada vez nos acerca más a nuestro fin.
Por eso, regálate y regala tiempo. Gástalo con alegría, disfruta de saborearlo sin culpa, invierte en gozarlo con pasión, se consciente de que cada minuto cuenta, cada instante no regresa, cada espacio que avanza en el reloj es una oportunidad más que no vuelve.
La vida va de tiempo; son los “tiempos” los que tenemos que cuidar, aprovechar y disfrutar.
Si algo debemos valorar por encima del resto es gozar el tiempo, saber emplearlo para construir una vida de calidad de la que no necesitemos huir.
