Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


domingo, 8 de marzo de 2026

EL RETO DE SER MUJER

 A mí me encanta ser mujer; supongo, espero y deseo que a cada quién le guste su cuerpo y su identidad, porque de no ser así, los problemas se multiplican, muchas veces.

 

No suelo hablar de este tema porque se desdibuja muchas veces el verdadero contenido con formas, maneras y modos que no son leales a lo que desea expresarse. Tampoco me enzarzo en discusiones vacías que derivan en otros temas que finalmente nada tienen que ver con el origen de lo hablado. Hoy, sin embargo, me siento con ganas de decir lo que pienso sobre todo ello.





 

La palabra “feminismo” apenas, ya, se relaciona con su contenido. Han llenado, tanto y tanto de ideas divergentes, lo que debe significar que sería difícil encontrar una definición clara, concisa y completa para expresar con fidelidad lo que con ella se quiere transmitir.

 

Mujeres y hombres, niños y niñas… somos tod@s personas. Esa es la primera premisa y la más importante en la que deben asentarse los debates. Más allá de esto, me atrevo a decir con regocijo que “ no somos iguales” y eso es lo bueno. Lo somos en cuanto como personas humanas debemos recibir lo mismo y aportar las mismas responsabilidades. No lo somos en cuanto a la peculiaridad de cada género, que por algo, y quiero aferrarme a la faceta de complementariedad que ambos tenemos, es así.

 

No querría ser hombre, como en la mayoría de los casos supongo que lo contario tampoco lo quieren, respetando siempre a las personas que no se identifican con su cuerpo ni su mente los acompaña. Y no lo querría porque ambos géneros funcionamos mental y físicamente de diferente forma. En esa diferencia no puede justificarse, en ningún caso, la inferioridad, maltrato o vejación a la que ha estado ( y en ocasiones está) sometida la mujer en la historia oscura que nos precede, durante tanto tiempo.

 

Somos distintos y ¡gracias a dios que lo somos!. Deberíamos emplear esa divergencia para complementarnos, para aportarnos grandeza unos a otros, para ayudarnos y, sobre todo, para salvar al otr@ de sus propias miserias cuando surjan.

 

En este día, además de las reivindicaciones que, sin duda hay que hacer contra las diferencias, el maltrato, la violencia y las muertes de mujeres y niñ@s, imposibles soportar, quiero romper una lanza por los hombres que verdaderamente saben serlo. Los que siempre comprenden, colaboran, cuidan y aman. Los que hacen que ser mujer o ser hombre se convierta en una alternancia maravillosa que construye puentes, elimina discordias y borra diferencias.

 

¡Por ellos! Y por todas las mujeres, siempre atentas a las necesidades de los demás, siempre amantes y apasionadas por la vida, siempre dispuestas a convertir lo difícil, lo feo o lo complicado en algo bello que facilite la vida a su alrededor. 

 

¡Feliz día!

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