Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


martes, 30 de mayo de 2017

MOMENTOS COMPLICADOS

Todos queremos cambiar alguna vez en la vida. O bien dejar algo; o adquirirlo. Ser de otra forma, perder costumbres o ganarlas. Porque al fin y al cabo, todo en la vida es pura rutina.

Aprendemos las habilidades básicas del comportamiento repitiendo acciones. Incluso esa forma de reiterar  comportamientos, termina afectando a las relaciones, los sentimientos, los miedos…

Lo positivo de esta forma de aprender por imitación y repetición, está en la posibilidad de modificar lo que hemos adquirido. Desandar lo andado, desaprender lo aprendido.
Nos acostumbramos a todo. Eso es lo malo…y lo bueno, a veces.

Si la vida se normaliza con rutinas, éstas pueden servirnos para empezar nuevos caminos, para olvidar o para continuar en lo correcto.

Sigo pensando, cada vez con más fuerza, que todos sabemos de qué abismos debemos apartarnos y que mares de paz deben ser nuestro remanso.

 Muchas veces estamos confusos o seguimos la inercia de la costumbre. Estamos ahí, apegados a sufrimientos sin saber cómo desengancharnos de las finas pero fuertes cuerdas de la dependencia.

 Estamos así, en un continuo devenir cuya trayectoria se desenvuelve de forma clara y sencilla si logramos cambiar de hábitos, de situaciones, de paisajes, de personas, de sonidos, de olores, de sabores e incluso de espejo.

Mirarnos todos los días en el mismo nos devuelve la misma imagen. También repetida. Hay más espejos. Quien tienes al lado es uno.

Comienza a ver lo que no te gusta y empezarás a querer sanarlo.

No vale con intentar. Intentar lleva consigo un “no”. Parece que nos escudamos en él y descansamos la responsabilidad de conseguirlo.

Si estás en un momento complicado, date tiempo…date espacios…date la posibilidad de cambiar rutinas, hábitos, costumbres.

Deja que la vida te sorprenda. No busques. Solamente vive. 

La vida te buscará a ti.


lunes, 29 de mayo de 2017

TANTOS PAISAJES EN TU VIDA…



Nos pasan cosas. Unas veces esperadas, otras absolutamente impensables. La capacidad de resistir la frustración, el dolor y la tristeza es lo que nos define en el modo de enfrentarnos a ello.

El paisaje de nuestra vida nunca es el mismo. Lo peor es que muchas veces queremos detener la imagen y creemos que podemos hacerlo, pero en realidad nos auto engañamos; no se puede.

El escenario cambia; también los personajes. Ni siquiera nosotros somos los mismos. Tampoco las personas que se van cruzando en nuestra vida. Unas nos dicen adiós; otras nos saludan para dar un  nuevo espacio a la escena que de algún modo volverá a cerrarse algún día.

La vida es así. Como una película. Con secuencias diferentes aunque estén engranadas en un mismo vector.

Comenzamos la semana con una reflexión sobre este film que protagonizamos y en el que ganamos o perdemos cuanto más cerca o lejos estemos de sentirnos bien.

Feliz comienzo.
________________________________________

…”Tantas veces tenemos que parar la marcha o nos paran. Eso se debe a que el sendero que estamos caminando tiene varios paisajes. Algunos de ellos son oscuros y lúgubres otros nos estancan, otros son gélidos y nos paralizan y otras veces simplemente hacemos un alto en el camino, para buscar otro lugar y ahí torcemos el rumbo.

Todos esos lugares nos enseñan algo que tenemos que aprender.
A veces nos quedamos quietos en un lugar por un tiempo, otras veces por toda esta vida y eso en definitiva es el destino que construimos nosotros mismos, entrelazado con otros seres que nos acompañan en la marcha.

Nada es permanente, pero lo que hoy no es, puede llegar a ser y lo que hoy es, puede dejar de ser.

Elegimos que sendero caminar, solos o acompañados, y a veces predestinados a encontrarnos los unos en los otros. Cuando ese camino te lleva a la evolución del ser, todo fluye; y cuando te pierdes y no te encuentras reflejado en los pasos que das, te estancas.

Haz un alto en la marcha, para ver hacia donde te diriges,  o para ver si te sientes bien dónde estás  con quienes caminas o sigue en soledad, pero dejando que  tu corazón sea  la única brújula confiable que te muestre el sendero a seguir en adelante.”

Elida Betancor

miércoles, 24 de mayo de 2017

CUANDO TE DIGA ADIOS



Cuando te diga adiós será para siempre.

 No habrá punto y final, ni siquiera punto y aparte; mucho menos puntos suspensivos. 


Cuando te diga adiós será sin palabras, ni gritos, ni lágrimas. Será dejarte ir a otra parte, a un lugar que no es el mío y en el que nunca querré estar. Será para no volver a verte, ni a oler tu olor a cortesía pegajosa, ni a sentir que me regalas los oídos.


Cuando te diga adiós será en silencio. Sin las palabras que no me quedan y sin los lamentos que ya he gastado. Y es que las despedidas no me gustan, por eso no me voy a despedir nunca.

 Seré siempre un baluarte presente, un premio no merecido, un objetivo por cumplir. Porque nunca me has tenido aún teniéndome, nunca fuimos futuro, ni siendo presente, nunca logramos sumarnos ni un ápice más de lo que fuimos cada uno por separado.


Tú, que navegas entre la desconfianza de todos saliendo siempre victorioso; tú que lo sabes todo porque todo lo has vivido; tú que eres más largo que ancho y que ves las hiervas nacer. 


Tú que naciste de pie en un mundo que hiciste amigo. A ti y a tu castillo de papel. A ti y a tu escudo de cartón. A ti y a tu cuento sin final.


A ti te digo, amigo, que no seré más la princesa del príncipe azul; que estoy libre de tus encantos de serpiente y que no necesito una alfombra voladora para llegar al cielo. 


Sin ti.

Autora:  Laia Neus

Solución a la adivinanza: DADO

martes, 23 de mayo de 2017

JUEGO Y ADIVINANZA





“Tengo dado mi corazón
Aun truhan que me lo robó
Cuando más me lo ha quitado
Más se lo he dado.

Tengo vendado con mi dolor
el anillo que me regaló
lo he puesto en al agua
y se lo he dado al pescador.

Te lo he dicho muchas veces
Para que sea fácil tu labor.”




¿Qué objeto se esconde en esta adivinanza…?. Si lo descubres coloca el número que primero te salga, en el abecedario y la letra que corresponda será la inicial de la primera palabra que surja en tu mente. Escríbela.

Solución en la próxima entrada.

lunes, 22 de mayo de 2017

¿QUÉ HACER CON EL MIEDO?




Uno de los sentimientos que más energía negativa tiene es el miedo. También es el que más expuesto está ante nuestra consideración cuando hablamos de vulnerabilidad.


Si hiciésemos la prueba de preguntar, en un gran grupo, qué es lo que más temes, la mayoría de las respuestas se centrarían en el miedo. Miedo al propio miedo. Miedo a sentirse perdido, desorientado, sin asideros para remontar. Miedo a caer en situaciones en las que nos vemos incapaces de resolver. Miedo al ridículo, a las críticas, a no llegar a lo que otros esperan de nosotros o a la soledad que tan indefensos parece que nos deja.

He comenzado un nuevo libro este fin de semana.

Otra vez la monje budista Pema Chödron capta todo mi interés. El libro se titula “Cuando todo se derrumba” y como siempre, sutil y abiertamente, trata el tema del miedo junto con la fórmula para no resistirnos a él.


Lo peor es la resistencia. El disponernos a huir nada más que le vemos llegar cerca. El aferrarnos a todo tipo de adicciones solamente para evadirnos de lo que supone estar en él. Placeres fugaces que solamente hacen que se sume a la sensación de temor, la angustia de no controlar estos patinazos por lugares, que en el fondo, nos disgustan.


Pema, alude a permanecer en lo que nos asusta; en darle espacio y acercarnos con suavidad a ello. 

Relata la historia de un grupo de monjes budistas caminando por un bosque tranquilamente. A su paso, divisaron un enorme perro negro de inmensas fauces salivantes. Todos huyeron despavoridos. Intentaron resguardarse tras los árboles, detrás de alguna roca o en medio de una mata. Solamente uno comenzó a correr con todas sus fuerzas hacia el aterrador animal. Para sorpresa de todos, éste cuando vio la velocidad y el arrojo del monje directamente apuntando hacia él, huyó a toda prisa.


El miedo nos huele. Es capaz de saber si anida en un ser débil y quebradizo o si vamos a dejarle pasar y delicadamente vamos a permanecer a su lado. Entonces la sensación de malestar no desaparece pero comienza a disolverse.


Vemos que no pasa nada. Con el miedo, junto a él, dentro de él…no pasa nada. Al contrario. Vamos conociéndole de cerca. Nos familiarizamos con sus esquinas, sus afilados bordes, sus dientes quebrados. Inspiramos, abrimos espacio interior y más tarde, lentamente espiramos, como si de un punto muerto se tratase. Cerrando puertas a lo viejo y naciendo en otro estado.


El miedo puede que siga con nosotros, pero de otra forma ya. Incluso puede que termine por huir, como el perro del relato de los monjes.


Todo menos escapar porque en esa huída se hace fuerte, se congela y permanece siempre a nuestro lado acechándonos.
Inspira. Abre espacio. Deja que se expanda. Diluye. Hazlo menos denso. Deja que se licue.


Espira. Cierra esa sensación. Deja que muera. Renace de nuevo.