Nada
ni nadie nos puede salvar, rescatar o eliminar el dolor que sentimos, excepto
nosotros mismos.
Una
situación límite es el mejor momento para empezar a conocernos, para indagar en
nuestra alma y preguntarnos quiénes somos, qué sentido nos reconfortaría darle
a nuestra vida, cómo podemos sernos útiles a nosotros y a los demás.
La
intuición es tan real y eficiente como el razonamiento, pero cuenta con el plus
de qué sabe qué necesitamos en cada momento y tiene en cuenta nuestros
sentimientos.
Surge
de nuestra parte divina, no de lo que los demás consideran bien o mal.
La
intuición está hecha a nuestra medida. ¿Pero cómo sentir esa vocecita a menudo
tan débil que apenas se oye? Aprendiendo a relajarnos y meditando. Parando.
Apartándonos a ratitos del ruido del mundo, y estando atentos a lo que sucede
en nuestro interior. En silencio.
La
fortaleza aumenta dejando espacio a la intuición.
Todos nacemos con este don, solo tenemos
que recuperarlo.
Merce Catro Puig
autora del libro "Volver a Vivir"
Siempre he
aceptado a mi intuición como la parte más sabia de mí. He logrado dirigir su vibración
hacia lo que no se ve, hacia aquello que
decimos con la mirada, hacia lo que no se dice con palabras.
El lenguaje no
verbal, el mundo del microcosmos que nos rodea impregna todo lo que tocamos,
deseamos o promovemos. Incluso aunque pretendamos “engañar” a una mayoría sobre
lo que somos, simulando imágenes de nosotros mismos diferentes a lo que nos
constituye, nunca lograríamos equivocar a la intuición.
Ella conecta
con lo más profundo de cada uno, descubre y se descubre. No hay lugar donde
esconderse. Ella lo desvela todo y nos revela todo.
No hacen falta
los elogios, ni las críticas, ni las disculpas, ni las justificaciones.
Solamente mirar a los ojos y ver en su fondo la verdad con la más sutil
intuición.