Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


domingo, 4 de enero de 2015

ESCUCHAR LA INTUICIÓN


Nada ni nadie nos puede salvar, rescatar o eliminar el dolor que sentimos, excepto nosotros mismos.

Una situación límite es el mejor momento para empezar a conocernos, para indagar en nuestra alma y preguntarnos quiénes somos, qué sentido nos reconfortaría darle a nuestra vida, cómo podemos sernos útiles a nosotros y a los demás.

La intuición es tan real y eficiente como el razonamiento, pero cuenta con el plus de qué sabe qué necesitamos en cada momento y tiene en cuenta nuestros sentimientos.

Surge de nuestra parte divina, no de lo que los demás consideran bien o mal.

La intuición está hecha a nuestra medida. ¿Pero cómo sentir esa vocecita a menudo tan débil que apenas se oye? Aprendiendo a relajarnos y meditando. Parando. Apartándonos a ratitos del ruido del mundo, y estando atentos a lo que sucede en nuestro interior. En silencio.

         La fortaleza aumenta dejando espacio a la intuición. 

Todos nacemos con este don, solo tenemos que recuperarlo.

Merce Catro Puig
autora del libro "Volver a Vivir"



Siempre he aceptado a mi intuición como la parte más sabia de mí. He logrado dirigir su vibración hacia lo que no se ve, hacia  aquello que decimos con la mirada, hacia lo que no se dice con palabras.
El lenguaje no verbal, el mundo del microcosmos que nos rodea impregna todo lo que tocamos, deseamos o promovemos. Incluso aunque pretendamos “engañar” a una mayoría sobre lo que somos, simulando imágenes de nosotros mismos diferentes a lo que nos constituye, nunca lograríamos equivocar a la intuición.
Ella conecta con lo más profundo de cada uno, descubre y se descubre. No hay lugar donde esconderse. Ella lo desvela todo y nos revela todo.
No hacen falta los elogios, ni las críticas, ni las disculpas, ni las justificaciones. Solamente mirar a los ojos y ver en su fondo la verdad con la más sutil intuición.

DOMINGOS LITERARIOS



 HECHOS DE ETERNIDAD

Y dices que ya vendrá,

Que llegarán tiempos mejores

Y que el alba nos encontrará

Juntos y enredados después

De una noche sin descansar.

Y que construirás un palacio

Para mis deseos locos de amar.

Que inventarás jardines y cascadas

Y que dibujarás corazones de nácar

Sobre mi espalda mojada sin pintar.

Y te miro a los ojos, esos que

Siempre me quieren mirar

Y alzo la mirada al cielo

Preguntando cuándo será…

Y me elevo y desciendo,

Salgo y entro de tu mundo

A la realidad y sosiego

El ansia de poderte amar

En lo profundo de mi mente,

Aquí en mi soledad.

Vendrá un tiempo nuevo, vendrá…

Uno que no tenga nombre, ni siquiera edad

Porque amarte no tiene espacio

Ni tiempo, ni puede medirse, ni pesar.

En el centro del pecho

Está sellado hasta el final

Y no podrás olvidarme

Porque tú y yo

Estamos hechos de eternidad.

sábado, 3 de enero de 2015

NO TENGO MIEDO




No temo a caminar sola
en los albores de los tiempos,
conozco el camino,
lo hice muchas veces

No temo al destino,
los dos somos viejos amigos
yo le acepto como es
y ya no puede dañarme

No tengo miedo a perder
a los que tanto amo
no mueren...viven en mi,
lo supe cuando murieron.

No tengo miedo a fracasar,
me gusta el sonido del resorte
que me impulsa hacía arriba,
sintiendo la ilusión de una niña.

No tengo miedo a la enfermedad,
es un camino de aprendizaje
lo supe cuando creí que moría
en la enfermedad me encontré a mi misma.

No tengo miedo al fin del mundo,
he pasado por todos los fines de los tiempos
de las eras... de las edades... de la civilizaciones
de los amores... de los amados... de las guerras.

No tengo miedo a tener miedo,
sin mi dura poco tiempo
el tiempo de que lo reconozca
y me sonría… en la sonrisa… se va como humo.

No tengo miedo y si lo tengo...lo agradezco 
solo me quiere mostrar algo...que he de soltar
mis miedos y yo no somos nada los unos sin el otro
necesitamos vernos las caras para sonreírnos...y despedirnos

Enviado por Jenny Stoopen Rometti

viernes, 2 de enero de 2015

LA PRUEBA DEL CIELO



He acabado de leer un libro muy singular: “La prueba del cielo” (Eben Alexander). Una historia real narrada desde la sensación viva de haber accedido al otro lado del velo; de haber estado en espacios y tiempos sin dimensiones y donde seguramente, este neurocirujano agnóstico, nunca pensó estar.
Su última parte contiene este escrito que me ha conmovido.
Comparto con vosotros esta emoción aún presente.
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“…Cuando mañana comience sin mí y yo no esté aquí para verlo, si el Sol se alzase y encontrase tus ojos rebosantes de lágrimas por mí; ojalá no llores como has llorado hoy, al pensar en las muchas cosas que no llegamos a decirnos.

Sé lo mucho que me quieres, tanto como te quiero yo a ti, y sé que cada vez que pienses en mí también tú me echarás de menos; pero cuando mañana comience sin mí, intenta entender, por favor, que vino un ángel y me llamó por mi nombre, y me tomó de la mano y dijo que me esperaba mi sitio en el cielo, en lo alto y que tenía que dejar atrás a todos los que tanto amo. Pero al volverme para marchar se me escapó una lágrima porque siempre había pensado que no quería morir. Tenía tanto por lo que vivir, tantas cosas aún por hacer, que parecía casi algo imposible que estuviera abandonándote.

 Me acordé de todos los días de ayer, los buenos y los malos, de los pensamientos y el amor que compartimos, de lo mucho que nos reímos. Si pudiera revivir el ayer, aunque sólo fuese un momento, te diría adiós y te besaría y quizá te viese sonreír. Pero entonces me di cuenta de que esto nunca podrá ser, porque el vacío y los recuerdos ocuparían mi lugar. Y cuando pensé en las cosas del mundo que podría extrañar al llegar mañana, me acordé de ti y al hacerlo mi corazón se llenó de pesar. Pero al cruzar las puertas del cielo me sentí en casa, al ver que Dios me miraba y me sonreía desde su gran trono dorado y me decía: «He aquí la eternidad, y todo lo que te había prometido. Hoy tu vida en la Tierra es cosa del pasado pero aquí comienza de nuevo.

No te prometo un mañana, porque hoy durará eternamente, y como todos los días serán el mismo, no habrá nostalgia por el pasado. Has tenido tanta fe, tanta confianza, tanta fidelidad... Aunque hubo veces en que hiciste algunas cosas que sabías que no debías. Pero te he perdonado y ahora al fin eres libre.

 ¿No quieres venir, cogerme de la mano y compartir mi vida?».

Así que cuando mañana comience sin mí no creas que estaremos muy lejos porque cada vez que me recuerdes estaré ahí mismo, en tu corazón.