Párate a pensar. Por un momento, cierra los ojos después de haber imaginado con quién te gustaría tener una cita. ¿Tal vez un protagonista de tus películas favoritas?¿Un futbolista?¿Una persona real que está todo el día a tu lado por motivos de trabajo?¿Alguien que ya pasó por tu vida sin decirlo todo?¿Un@ posible desconocid@?... Fantasea cómo sería, qué dirías, a qué darías importancia en ella…a tu aspecto, a las palabras, a los gestos, a los temas de conversación?...
Seguramente, nunca tratarías de tocar asuntos inoportunos u otras cuestiones de sensibilidad desconocida. No querrías molestar a esa persona con tus debilidades, tus miedos y tus fantasmas. Ni siquiera te atreverías a desafiar sus opiniones a no ser que pudiese ofenderse. Seguramente, también, tratarías de mostrar lo mejor tuyo. De parecer una persona interesante, de demostrar que puedes ser valios@ para la vida del otr@. Seguramente, nunca serías capaz de tratarle como lo haces contigo mism@. Y ese, precisamente, es el tema de hoy.
Ten una cita con la persona más importante de tu vida, aunque no te lo creas. Con la que vas a estar todos los días hasta el final de tu existencia: tu mism@ y pon en práctica todo lo que ensayarías si tuvieses delante a la musa de tus sueños o al hado de tus bondades. Se que el ejercicio no es sencillo porque para tener éxito con él debes quererte mucho, tener una alta autoestima y ser capaz de estar delante del espejo por cinco minutos diciéndote todo aquello que ves mal en ti y cómo puedes mejorarlo, o bien sintiendo aquello en lo que te reconoces con cualidades y sabes que te hace diferente y únic@.
¿Podrías tener una cita contigo?¿Podrías ponerte en frente de ti como si de otra persona se tratase para comprenderla, conectar con ella, tener complicidad, ser agradable o proponerle nuevos retos?.
Intenta hacer este ejercicio.
Mira a ver qué pasa.
Comenta, si quieres, tus resultados.
¿Fue fácil?¿Fue imposible?...
