Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


martes, 11 de agosto de 2020

LLUVIA DE ESTRELLAS

 

Vayamos pidiendo deseos…entre la noche del 11 al 13 caerán del cielo, de un campo sideral a otro, millones de estrellas que se denominan Lágrimas de San Lorenzo o Perseidas.

Miremos al cielo cuando la luna aún no haya salido y preparemos una lista de deseos; dispongamos el corazón blandito, quitémonos las corazas, salgamos  a cubrirnos de gloria sin máscaras. Abramos nuestra mente, respiremos profundo y dejemos que nos invadan sus luminosos reflejos.

 

Acuérdate de cuando eras niño/a …de cómo mirabas al cielo, de los miles de sueños que veías reflejados allí…acuérdate de lo posible que era todo entonces. De la fe en alargar tu mano y tocar una estrella, de tu inocente forma de mirar el fondo oscuro y su poderosa presencia.

Acuérdate de lo feliz que fuiste aun en la infelicidad. De los juegos de tu mente esquivando las tristezas de tu día, de la magia de tus manos al convertir la realidad en un juego siempre divertido.

Acuérdate que, en aquellos momentos, aun existiendo tristezas a tu alrededor no estaban en ti.

Hoy, cuando mires al cielo, recuerda esa sensación de pureza en tu corazón infantil.

Respira profundo.

Alarga tu mano y acaricia una estrella.

Observa cómo juegan en divino desplazamiento.

Cierra los ojos por un instante.

Formula tus deseos.

Déjalos en su brillo.

Espera sin prisa.

Siéntete feliz.

domingo, 9 de agosto de 2020

ÁNGELES SIN ALAS

 

Hay personas… que ponen su manos en nuestro hombro para no dejarnos jamás.

 

Hay personas… que nos miran con esperanza y hacen dulce lo amargo con magia sideral.                                                          


Hay personas…que te rozan con su mirada y en un instante sabes que nunca las perderás.

 

Hay personas…que hacen fácil lo difícil cuando todo da marcha atrás.

Hay personas…que con sólo su presencia te hacen sentir la mar; que nadan contracorriente para que tú no te llegues nunca a ahogar.

 

Hay personas… que sin alas son ángeles en tu altar; sin palabras, sin mandatos; desde su corazón siguen al destino en un juego de azar.

 

Hay personas… que ponen tu vida vuelta, lo de arriba para abajo, lo de adelante para atrás y que persiguen tus sueños porque se convierten en uno más.

 

Hay personas…difíciles también en su caminar; pero que son grandes maestros que te enseñan a no fallar.

 

Todas las personas que te llegan a tu vida están ahí para enseñar; tu valía, tu fortaleza, tus defectos y tu bondad.

 

Hay personas…que acarician sin manos, que miran sin pupilas y que aman sin esperar, pero que lamen tus heridas y en lo más profundo te impulsan hacia la paz.

Ángeles sin alas; demonios sin tridente, pastores de rebaños, imágenes dolientes…todos están por algo. 

 

Nada pasa por pasar.

miércoles, 5 de agosto de 2020

EL SECRETO DE LA PAZ

Todos somos almas de paz, pero lo tenemos muy olvidado. Hay que esforzarse mucho en recordarlo para que no nos contamine el trasiego desfondado de lo que se estima como deseable.

Nos devora la prisa. Lo queremos todo y si lo ya lo tenemos añadimos algo más a nuestros deseos. Nada es suficiente. No hay límite para la ambición del desear.




Posiblemente, el poder es el tiene un mayor tirón en nuestra vida. Sentirnos poderosos, ganar al otro, ser mejor o más hábil, colocarme el primero, tener la sensación de que se hace lo que yo digo y así mismo muevo los hilos a mi antojo para realimentar mi ego.

Ligado al poder están otros súbditos del deseo que se añaden para someternos, en realidad, a su tiranía.

Somos esclavos de la envidia, de creernos la tarta y su guinda, de manejar los hilos de la cometa y de aprovechar cada ocasión de oportunidad para ganarnos un triunfo. Y así vivimos creyéndonos pequeños dioses en nuestro círculo. Dioses menores que un día caerán desde su pedestal para despertar de la arrogancia que les mantenía a flote. O quizás nunca despertemos y seamos felices en la cárcel de nuestras debilidades.

Abrirnos a otras realidades menos egóicas nos lleva a nuestra esencia original y a encontrar la felicidad en lo sencillo, en la transformación de la necesidad de ser el centro del mundo al núcleo de nosotros mismos. Sin necesidades de alabanzas, ni admiraciones, sin tener que gastar tanta energía creando una imagen de uno mismo siempre atractiva y destacable.

          No hace falta hacer nada para ser feliz. Uno entiende con el tiempo que la felicidad llega sin más, no hay que alimentarla porque crece sola y si se instala en tu corazón es imposible volver a las tinieblas.

Uno entiende que el brillo, con el tiempo, no te hace ver mejor, solo deslumbra.

Uno entiende que esa felicidad se convierte en un palabra muy corta pero inmensamente bella: La Paz.

domingo, 2 de agosto de 2020

EL VALOR DE COMPRENDER

Hay cosas que no hace falta explicar y otras que ni siquiera conviene porque es uno mismo quién debe llegar a la conclusión de aprendizaje de cada situación vivida.

Nada pasa por que sí. Todo encaja, al final, en el puzzle de nuestra vida. Debemos aprender a mirar y no solo ver. Hay que esforzarse por ir más allá de las apariencias y descubrir qué sentido tuvo aquello que sucedió y que nos sucede a cada instante.

Nadie lo puede hacer por nosotros porque la vida no es lo que sucede, sino cómo interpretamos dentro de cada uno lo que ha pasado. La realidad siempre es objetiva y neutra. Somos nosotros quienes le añadimos significados, dolores, sufrimientos o placeres y deleites.



El Karma también es neutro. Acción, reacción. Cada acto trae sus consecuencias; resultados que vuelven a nosotros quizás no ahora mismo. Tal vez, pase mucho tiempo, pero lo que es seguro es que nos será devuelto. El bien o el mal. El dolor o el amor.

Os dejo un breve cuento al respecto.

Sólo tú mismo eres responsable de lo que eliges a cada paso. Y nadie puede aliviar tu pena o aumentar tu gozo por ti. Nadie puede ni tiene que explicarte nada. En tu corazón todo está explicado sin más.

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“El Maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...

 

- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...

- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico melocotón.

- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo

- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu melocotón yo mismo. ¿Me permites?

- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.

- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?...

- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...

- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte...

- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...

- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.

 

El maestro hizo una pausa y dijo:

- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada.”

(J. Bucay)