Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


lunes, 20 de mayo de 2013

LA MEDIDA EN EL AMOR



Muchas veces me pregunto ¿dónde está la medida del amor?¿Hay algún índice que pueda medirlo?¿Existirán raseros que determinen las cotas de intensidad?¿Se trata de cantidad o de calidad en el empeño?¿Debe haber ambas cosas?¿Es dependencia el apego o indiferencia lo que parece respeto?.
         Muchas de éstas y otras cuestiones pasan por mi cabeza cuando el amor llama a mi puerta. Y es que el amor no llega de la misma forma siempre pero sí solemos requerirlo de igual modo al que lo porta; lo que me lleva a pensar que el amor no es único y uniforme, sino que realmente está pegado a la persona habiendo tantos tipos de amor como personas existen.
         A veces, el conformismo llega con la serenidad de haber pasado por los primeros estadios de euforia y sorpresa, en relación a la persona con que nos encontramos, otras sigue requiriendo una dosis de locura y temeridad para poder sobrevivirse. Pero en cualquier caso, y siempre, es necesario que se haga uso del amor, continuamente, para que no escape a otra parte.
         El amor no muere. Solo emigra. Una vez que ha surgido como una chispa incandescente nunca se apaga más. Pero puede ensombrecerse, adelgazarse y hacerse light si dejamos de alimentarlo. La obesidad nunca está reñida con el amor y por más alimento que ingiera mejor definido se encuentra.
         No se rompe el amor de tanto usarlo, como nuestra querida Rocío Jurado aseguraba en su canción, sino de lo contrario.
         Si amas debes hacerlo saber. Debes beberlo de un trago y digerirlo al instante para que sea parte de ti mismo. Una vez tomada la pócima, nunca más te abandonará.
         La medida del amor no existe. Lo que existe es el deseo de engrandecerlo siempre porque prodigiosamente, el amor, es el único bien que cuando se reparte aumenta.
         Estamos rodeados de amor, aunque no sepamos verlo. Estamos hechos de amor y por amor, aunque apenas lo sintamos como parte de nosotros. Y estamos abocados a vivir para encontrarlo dentro, fuera, arriba o abajo. En cualquier lado y en todas las partes porque aunque parezca que no está, él nos busca siempre y sin duda, algún día, nos encuentra.

COMENZAR LA SEMANA


Comenzar la semana se está convirtiendo en un rito. Las tardes noches del domingo son mortales. Uno trata de recomponerse a toda prisa para volver a la rutina y hasta los animales de compañía parecen notarlo.
         Empezar de nuevo, después de haber tenido la mente y el cuerpo en otros quehaceres parece que se trate de un castigo. Sin embargo, también podemos experimentar lo contrario, todo depende de lo que signifiquen las horas vacías de responsabilidades, broncas, horarios y decepciones. Y es que a veces, todo eso y más está dentro del hogar y lo que menos queremos es seguir en él como cubriendo un tiempo donde en muchas ocasiones, acompañados estamos solos.
         Para comenzar bien la semana solamente tenemos que colocar adecuadamente las herramientas mentales. Pensar que si vamos al trabajo, al menos lo tenemos, lo cual representa un lujo para muchas personas, hoy en día, en vez de un derecho.
         Por otra parte, salir de casa equivale a tener que relacionarnos con otras gentes, conocidas o no, y en ese ir y venir de relaciones podemos descubrir otras formas de pensar, ser y sentir que sin hacerlo manifiesto, nos ayuden a entender la vida o nos estimulen para continuarla.
         Lo mejor de todo, es comenzar con una sonrisa en el corazón porque vayamos al trabajo o no, seguimos viviendo y si aún estamos aquí seguramente es que debemos estar.
Tener una misión, aún no explícita, es lo que debe ayudarnos cada día para que los lunes puedan comenzar a llamarse de otra forma.

¡!FELIZ COMIENZO DE SEMANA
 FELIZ Lunes!!!




domingo, 19 de mayo de 2013

DOMINGOS LITERARIOS



CUANDO EL DÍA ESTÁ GRIS… 

         Cuando mi día se torna en gris
Pienso en ti
Cuando todo parece ir mal
Siempre estás en mí
Cuando amanece oscuro
Y no quiero seguir
Me izas al cielo para subir
Desde mi angustia
Hasta tu camisa
Desde mi locura
Hasta el borde de tu risa.
Desde mi deseo
Hasta el fin de tu ansia fría.
Cuando todo queda en silencio
Llega una voz y me grita
Sacándome de la pereza
De quedarme quieta
 y seguir dormida.
Porque tú nunca duermes
Siempre ganas, nunca pierdes
incansable me  buscas
Y me encuentras siempre
detrás de mis “no quiero”
en el café caliente
en el deseo inmenso y fiero,
en cada instante pendiente,
sin dejarme perdida y sola
en la estación del miedo.
Por eso te amo tanto
Por encima del mundo entero
Por eso te digo ahora
Eres mi mundo
Aunque lo seas despacito
 Poco a poco…
Y sin perder el tiempo
FLOR Y NATA
          




sábado, 18 de mayo de 2013

NUESTROS FANTAMAS NOS ENCUENTRAN



Nuestros fantasmas siempre están deseando encontrarnos. Si hemos logrado esquivarles, van en nuestra búsqueda a toda prisa y siempre tratan de superarse en la carrera contra quién les ha dado la vida.
         Podemos evitarles por un tiempo e incluso creer que se han ido, pero en todo momento están ahí, acechando sin descanso para recordarnos que viven pegados a nuestra piel y que sólo despojándonos de ella podremos perderlos de vista.
         Pienso, a veces, que uno es lo que quiere ser. Qué las posibilidades de ser más y mejor están siempre en nuestras manos, de alguna forma, pero que los espectros de aquellas barreras que lo frenan siguen ahí para impedirlo, si no actuamos.
         Una persona cercana a mi entorno me recuerda, constantemente, que efectivamente nadie cambia si no quiere. Y que los cambios, a través de los cuales debemos transformarnos, son tan exigentes con nosotros que preferimos seguir cojeando de por vida.
         Cuando observamos la deriva a la que algunos individuos se someten, por no cambiar de actitud, nos provoca una inmensa impotencia que nos gustaría resolver con firmeza. Sin embargo, cada uno debe arar su terruño. Equivocarse en solitario para sufrir, también en soledad, las lecciones que le hagan, de verdad, variar su conducta.
         En realidad uno siempre está sólo. Sólo sintiendo, sólo sufriendo o amando. Sólo cuando duda o en el momento de gozar. Se puede compartir lo que manifestamos pero no lo que sentimos.
Ahí, adentro, siempre estamos solos. Sin embargo, es una paradoja inconmensurable porque ahí también, en esa soledad, es donde en mayor medida estamos acompañados. Custodiados por el amor de quienes nos han amado, por el calor de aquellos que nos han acogido en su alma y sobre todo, por la cercanía afectiva de los que tenemos la suerte de tener al lado, si es que nos la regalan.
         Los fantasmas siempre vuelven, otra cosa es que queramos darles paso o no. Por si acaso y mientras tanto, tengamos preparada la llave que cierra la puerta de acceso a nuestra demencia y tengamos la sensatez de cambiar todo aquello que no obre en nuestro favor.

jueves, 16 de mayo de 2013

RECONOCER EL SUFRIMIENTO EMOCIONAL



“El anciano maestro Zen puso un hermoso y valioso jarrón, antiquísima y única herencia familiar, delante del cónclave a la espera de encontrar un sucesor entre los asistentes. Les indicó que aquel jarrón no era más que un problema y se sentó a esperar… Un alumno se levantó y con determinación destrozó el jarrón con su sable. El que a priori parecía un loco temerario, resultó ser el elegido.
Un problema por muy antiguo, valioso y útil que sea seguirá siendo un problema y como tal debe ser eliminado, sentenció el maestro justificando así su elección y honrando el valor del nuevo abad…” Cuento budista


Lo importante es reconocer el sufrimiento para poder superarlo a través de sí mismo. Nuestro marco educativo nos ha condicionado para creer que el sufrimiento es innato al ser humano y, en consecuencia, no hay nada que se pueda hacer salvo adaptarse a él, haciendo uso de nuestra resiliencia. Si prestamos atención, existen muchas frases que hemos heredado de nuestros padres y abuelos y repetimos inconscientemente como si fuesen una verdad inmutable: “la vida es la escuela del dolor” “soy como soy, y a mi edad ya no se puede cambiar”, “el amor es sufrimiento”, “la felicidad es una utopía”, etc. Creencias que nos sitúan en el inmovilismo, la resignación y la desesperanza. No son sólo frases, es lo que se nos ha transmitido y forma parte de la personalidad con la que interpretamos la vida. El Dr. Miguel Ruiz lo define como “el libro de la ley”.
La actitud que mejor puede rescatar las oscuras sombras de nuestro corazón y sacarlas a la luz, es la sinceridad, entendida como un hermoso acto de generosidad con uno mismo a través del cual reconocemos que algo no va bien y nos ponemos en disposición de averiguar qué. Y es en ellas, en nuestras sombras, donde están todas las respuestas que necesitamos. Un ejercicio meditativo muy eficaz para empezar a obtener respuestas es formularnos la pregunta ¿soy feliz? O también ¿estoy en paz? Es igual cómo definamos o justifiquemos todo lo que encontremos, lo que no sea felicidad o paz, es sufrimiento. Si lo haces, recuerda que es solo un ejercicio de observación; no es necesario que lo cuantifiques, solo que lo identifiques. Será más que suficiente para que muevas tu voluntad hacia su superación.