Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


viernes, 1 de noviembre de 2013

UN DIA ESPECIAL



Los días especiales no les marca el calendario, al menos el mío. No me gusta que se determine, en algarada, cuándo hay que recordar a alguien, cuándo felicitarle, cuándo añorarle. Tampoco me gusta la escenificación del dolor. Posiblemente, no entienda que a veces es una catarsis colectiva sin embargo, más me parece una rutina con fecha, día y hora que hay que cumplir.
No me gustan las obligaciones por sistema, ni las costumbres hechas ley, ni siquiera me gusta las repeticiones de lo que me ha salido bien porque estoy convencida de que la siguiente vez será distinto y yo buscaré lo mismo donde ya no está.
Empiezo a creer que soy extraña. Que no me gustan los patrones hechos, ni asentir siguiendo el criterio de la mayoría cuando mi corazón dice otra cosa. Soy un ser libre al que le gusta atarse por decisión propia, por voluntad continua de seguir queriendo lo que amo, sin prescripciones de conveniencia, ni tolerancias de costumbre.
Hoy se celebra el día de todas las personas que ya no están con nosotros. Un día del amor, otro de la madre, otro del padre, del amigo…posiblemente esté bien que así sea porque tal vez habría personas que de no ser así ni siquiera se acordasen, pero también entiendo que si no tienen el recuerdo pegado al corazón continuamente, ¿de qué vale que hoy depositen flores en una tumba?.
Yo no necesito un día para recordar; recuerdo todos y a cada instante. Ni preciso flores para agradar porque los agrados hay que satisfacerlos cuando la persona está viva, frente a ti, en tu día a día. Los te quiero han de estar frescos y renovados para lanzarlos en cualquier momento, aunque los que amemos ya no estén con nosotros. No puedo decir…”Cuánto la quise…” yo sigo diciendo…”Cuánto la quiero”...sigue estando viva en mí y a través de mi. Por eso uso el presente. El pasado es un tiempo yermo que no tiene futuro, ni lo tendrá nunca.
El jardín de mi corazón florece de nuevo para todos los que sin estar ya, no se han ido nunca.

jueves, 31 de octubre de 2013

LOS JARDINES DE LA MENTE



Imagino, a veces, que la mente está distribuida en áreas verdosas  llenas de vegetación, con diferentes tonalidades colores y frescuras.
Hay zonas de nuestro mapa mental  que permanecen oscuras, atrapadas en lianas de indescriptible magnitud y emponzoñadas con aguas pantanosas que siempre incluyen arenas movedizas. Otras, aparecen radiantes, frescas y  relucientes. Regadas por abundantes aspersiones de ilusión y esperanza y  dispuestas siempre a reverdecer como si expresasen siempre una primavera perpetua.  
Hay lugares, por el contario, que ni siquiera podemos calificar porque permanecen cerrados, de acceso imposible y paso clausurado. Tal vez hemos tirado la llave que encaja en la cerradura que las aprisiona, hace mucho tiempo, o posiblemente no queramos abrir la caja de los gritos por temor a que invadan el jardín.
De cualquier forma, la tierra sobre la que se asienta nuestro vergel mental precisa ser trabajada, cada día, a cada instante.
Hay que sembrar para recoger. Hay que abonar para promover la abundancia de sus flores y regar y abonar lo que más tarde queremos que de fruto.
No es fácil permanecer en la brecha de comprender lo que tenemos alrededor y comprendernos a nosotros mismos, pero es el único camino para aceptar y mejorar mientras lo hacemos.
         Debemos dejar la mente libre y soltar y vaciar lo que sobra. Lo peor es que tenemos la costumbre de aprovecharlo todo. Nos parece que puede servir mañana, como lo hizo ayer, y que si vienen mal dadas es mejor lo “malo conocido que lo bueno por conocer”. Pero nos equivocamos. No puede entrar en aire fresco si tenemos la casa cerrada. No podemos ventilar el alma si los pestillos clausuran puertas y ventanas. No podemos dejar entrar la luz si las contraventanas permanecen puestas.
         Hay que levantarse cada día desprovisto de la sensación de saber lo que va a resultar en las horas que comienzan, desechando la previsión lo que es imprevisible, ni alentando los pensamientos negativos y menos, condenando lo de debe suceder.
Al menos, si no podemos ondear una bandera blanca en nuestro pensamiento en son de paz, dejemos abiertas las puertas abiertas para que pase lo bueno.  Para lo malo estaremos alerta. Seguro, porque por ello, en ocasiones solamente atendemos a nuestros fantasmas y ellos son los que quieren ganarnos la partida.
De nosotros depende que se esfumen como el humo o que lleguen a la categoría de monstruos. Hay que probar. Solo podemos ganar.

miércoles, 30 de octubre de 2013

FLORES SECAS



         No me gustan las flores secas. Me parece como tratar de momificar la vida. Es algo así como querer atrapar la belleza, siempre efímera y cambiante, en un instante perpetuo que pierde sentido con el paso del tiempo. Sin embargo, no dejo de sentir una especie de ternura por ellas y hasta un ápice de sentimiento de nostalgia.
         Todo tiene un tiempo en el que alcanza la plenitud. Todo pasa por fases en las que la magnificencia de su esencia está pletórica, radiante de brillantez y dulzura. Y qué duda cabe que toda esa fastuosidad sirve más tarde para deleitarnos de nuevo al pasar nuestra mente por ello cuando ya no está.
         Vivir de recuerdos es una actitud propia de las edades avanzadas, cuando el pasado es más dilatado que el presente y cualquier tiempo pasado parece mejor.
         Mi trabajo, mi vida en general, ha transcurrido, preferentemente entre gente mayor. He comprobado que solamente se llega dignamente a la vejez si has tenido una vida llena de ti mismo, de decisiones propias, acertadas o no, y voluntades cumplidas. Cuando no tienes que arrepentirte de lo que no has hecho y sobre todo, cuando te quedan ilusiones por cumplir. El cupo de los sueños nunca debe estar cumplido, de otro modo no habrá nada por lo que levantarse cada día, ni por lo que seguir vivo sin morir estando de pie.
         Me gustaría ir reviviendo etapas o recreando otras nuevas o rescatando juventudes entre las arrugas y las lentitudes cuando lleguen. No quiero negativas de mi corazón cuando pueda volver a vivir lo que se supone que ya no es de mi edad. Los sentimientos nunca envejecen, la ternura, el afecto y el amor tampoco.
         Si no me gustan las flores secas es porque no huelen. A nada. Y tengo una inmensa sensación de vacío cuando me enfrento a algo inodoro. Es como tener en las manos un recuerdo congelado, una presencia  enjuta que te acerca a una época de felicidad de cual, alguna gota queda perdida en la mirada pero imposible de rescatar en este presente vivo en el que quiero, solamente, todo lo fresco.

martes, 29 de octubre de 2013

LUNA DE MIEL



Siempre me ha encantado esta expresión. Será porque adoro a la luna y porque la miel me encanta. De cualquier forma, me gusta el romanticismo y el dulce me apasiona. Sin embargo, la luna de miel es una forma de imaginar la exquisita brevedad con la que se difumina, a veces, la pasión, la ternura y la entrega en las parejas que la viven cada vez que se formaliza un contrato de matrimonio.
         He pensado muchas veces, que en realidad para sentirnos unidos a una persona no es necesario un documento, ni una firma, ni un sello. Que esto, en ocasiones, en vez de unir, separa y obliga. Y que donde debería existir la palabra libertad, se colocan la palabra condena.
         En verdad, la luna marca un ritmo geovital increíble. Las mareas, el ciclo menstrual, los alumbramientos, las pasiones y los odios, la locura y la cordura quedan bajo su influjo. Sería genial que el amor que se profesan dos personas quedase alienado con ella y, de alguna forma, pudiese crecer cuando decrece y hacerse nuevo y lleno cuando necesita renovarse. De este mismo modo, la miel podría derramarse derrochando dulzura por los corazones de los que se entregan y libar de ella cuando las amarguras aparezcan.
         La luna de miel no puede durar una noche, ni unos días… es necesario que dure siempre y que mientras se renueva continuamente el cántaro de la dulce pócima, vayamos contando bajo la luz del astro de la noche, todas y cada una de las verdades que el otro deba saber. Desde expresar lo que sentimos hasta olvidar lo que nos ha hecho daño. Desde mirar a los ojos con limpieza y sencillez, hasta entregar lo mejor nuestro en cada acto por la felicidad de lo que más queremos.
         La luna debe estar siempre reflejada en los ojos del que nos mira con amor        y la miel no debe faltar nunca en el estante del corazón a pesar de las dificultades que nos sobrevengan.
         No cabe duda que con luz y con dulzura cualquier pena se supera, cualquier malestar se aminora y ninguna desgracia perdura por siempre.
         Así debe ser la Luna de Miel, de lo contrario esta expresión queda sin sentido.

EL ARTE DE NO ENFERMAR



Si no se quiere enfermar…

…Hablemos de nuestros Sentimientos.
Emociones y sentimientos que son escondidos, reprimidos, terminan en enfermedades como: gastritis, úlcera, dolores lumbares, dolor en la columna. Con el tiempo, la represión de los sentimientos degenera hasta el cáncer. Entonces, vamos a sincerar, confidenciar, compartir nuestra intimidad, nuestros “secretos”, nuestros errores!… El diálogo, el hablar, la palabra, es un poderoso remedio y una excelente terapia!


• …Tomemos  Decisiones.
La persona indecisa permanece en duda, en la ansiedad, en la angustia. La indecisión acumula problemas, preocupaciones, agresiones. La historia humana es hecha de decisiones. Para decidir es preciso saber renunciar, saber perder ventajas y valores para ganar otros. Las personas indecisas son víctimas de dolencias nerviosas, gástricas y problemas de la piel.


• …Busquemos Soluciones.
Personas negativas no consiguen soluciones y aumentan los problemas. Prefieren la lamentación, la murmuración, el pesimismo. Mejor es encender un fósforo que lamentar la oscuridad. Una abeja es pequeña, pero produce lo más dulce que existe. Somos lo que pensamos. El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedad.

• …No Vivamos de Apariencias.
Quien esconde la realidad finge, hace poses, quiere siempre dar la impresión de estar bien, quiere mostrarse perfecto, bonachón, etc., está acumulando toneladas de peso… Una estatua de bronce con pies de barro. Nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas. Son personas con mucho barniz y poca raíz. Su destino es la farmacia, el hospital, el dolor.

• …Aceptémonos.
El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima, hace que nos volvamos ajenos de nosotros mismos. Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable. Quienes no se aceptan a si mismos, son envidiosos, celosos, imitadores, competitivos, destructivos. Aceptarse, aceptar ser aceptado, aceptar las críticas, es sabiduría, buen sentido y terapia.

• …Confiemos.
Quien no confía, no se comunica, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas. Sin confianza, no hay relacionamiento. La desconfianza es falta de fe en sí, en los otros y en Dios.

• …No Vivamos Siempre Triste.
El bueno humor, la risa, el reposo, la alegría, recuperan la salud y traen larga vida. La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive. “El buen humor nos salva de las manos del doctor”. La alegría es salud y terapia.