Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


lunes, 28 de octubre de 2013

LA VOZ DE LA INTUICIÓN



Comenzamos una nueva semana y con ella, renovamos la fuerza de las vías de conocimiento interior. De todas ellas, la INTUICIÓN es posiblemente la más clarividente.
Me ha gustado lo que he encontrado sobre este instrumento de acercamiento a la verdad. Lo comparto con vosotros.

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              Todos tenemos sabiduría, simplemente sucede que con frecuencia nos desconectamos de ella. La intuición nos conecta con nuestra sabiduría interna. La voz de la intuición es la voz que está alineada con las leyes universales, es la voz del alma, es la voz creativa de tu ser. Es la voz del ser auténtico y es la voz que nos puede guiar con seguridad en un período de cambio y transformación. La intuición no es un impulso. La intuición es una información sutil que procede de lo profundo de nuestro ser.

              En los momentos en que se nos presentan retos, cambios o desafíos, nuestra intuición sabe lo que necesitamos. Para escucharla necesitamos distanciarnos de nuestras emociones, generadas por las situaciones que estamos atravesando. Necesitamos volver a tener confianza en nosotros mismos y en el universo. Necesitamos aceptar que hemos cometido errores, perdonarnos y seguir avanzando. Al confiar, nos fortalecemos y con confianza podemos seguir viajando para descubrir nuestro propósito, cuál es nuestra contribución a la vida.

             Para tener acceso a nuestra intuición, tenemos que crear una línea clara de comunicación entre la cabeza y el corazón. La voz de la intuición viene del corazón de nuestro ser y le transmite un pensamiento a nuestra mente. Así que necesitamos despejar el camino, apartarnos momentáneamente de este juego ilimitado de la vida e ir hacia el interior.

               Esta desconexión del mundo y de sus circunstancias tiene por objetivo liberar nuestra mente del constante ruido de los pensamientos mundanos, conectados con las interminables situaciones y escenas de la vida. Dejar por unos momentos que la vida siga su curso sin intervenir, entendiendo que no es necesario que estemos actuando todo el tiempo en el escenario. Podemos hacernos a un lado, mentalmente, y permitirnos esos momentos de reflexión y meditación para descansar y recargarnos.

          Ahí encontraremos la quietud interior necesaria para escuchar la voz de nuestra intuición, nuestra sabiduría interna. Después podemos retornar de nuevo al juego de la vida, refrescados y con nuevas soluciones.

Brahma Kumaris
Publicado en Buscadores de la Luz
http://espanol.groups.yahoo.com/group/buscadoresdelaluz


domingo, 27 de octubre de 2013

EL EFECTO PLACEBO



Siempre me ha sorprendido el efecto placebo.  Se trata de un mensaje de nuestro cerebro que codifica en términos de creencias. Efectivamente, uno tiene seguridad en algo y eso, en lo que uno cree, da un resultado.
No hay más remedio que creer. Necesitamos hacer un complot con nuestra mente para decirnos a nosotros mismos que si un día no sucede lo que debería es que nuestra fe ha dejado de implicarse como debiera.
Con los sentimientos podemos ejercer este juego tan eficaz como necesario para mantener el equilibrio homeostático de nuestra alma. Se trata de darle al corazón pedazos de bondades, trocitos de ternura y una dosis suficiente de afectos que se asemejen a lo real. Le servirá con creer en ellos porque esa verdad se hará efectiva en el momento en el que nos la creamos.
A veces las soledades que van pegadas al alma tienen  unas consecuencias terroríficas sobre nuestra conducta. Los temores, los miedos y la escasa seguridad en nosotros mismos nos invitan a la desolación. Hay que buscar sucedáneos que ejerzan este efecto placebo. Algo que nos sacuda la pereza y nos obligue a estar siempre atentos con nosotros mismos, dedicados a gustarnos para gustar, entregados a mejorarnos para mejorar el regalo que somos para los demás.
Si en nuestra vida nos están bien ajustadas las proporciones de los ingredientes que mantienen nuestra salud emocional, debemos revisar qué es aquello en lo que sentimos el déficit, dónde está la pérdida o qué estante está vacío. Cuando sepamos realmente que debemos reponer hay que ir en su busca aceptando lo que pueda reparar el alma a base de creer en ello. Porque al fin y al cabo, lo más importante es sentir seguridad con quién estamos, creer en lo que nos dice, estar convencidos de que lo nuestro no nos fallará para declarar la paz al corazón y la tregua al alma.
Es muy sencillo engañar a quién te ama pero si uno necesita hacerlo puede estar seguro de que ya ha perdido antes de empezar la partida. Por otra parte, si el engañado somos nosotros tal vez ni siquiera importe porque al final todo se resume en un pacto de la vida con el tiempo, en el cual, todo ocupa su justo lugar, tarde o temprano.
El efecto placebo nos ayudará mientras tanto a pasar las penas cuando creamos que lo que  tenemos  es lo único y mejor que podemos tener en este momento.
 El mañana nos dará la respuesta y también la solución.

DOMINGOS LITERARIOS


ALFA Y OMEGA

Cada vez que miro tus ojos
 me trago de un sorbo
toda la miel de tu mirada
me empapo del dulce sabor
a deseo, entrega y algarada.
No quiero mirar atrás
ni estar siempre adelantada
quiero gozar la hora, el minuto,
el instante en el que me amas.
A veces siento que te pierdo
En enredos, miedos y telas de araña
Otras, te quiero niño mío
Abrazado siempre a mi falda
Pegadito al alma mía
Queriendo para dormir, una nana
Y que te arrope cuando temes
Que mañana yo me vaya.
Y quiero ser gata entonces
En tu tejado de nata
Y ronronear sobre tu oído
Las únicas y verdaderas palabras
Que te digan para siempre
Lo que me gusta…
ser tu niña mimada,
La que queriendo ganar no puede
con la locura que le embarga.
La que estará contigo
Desde la noche a la mañana,
Desde el alfa hasta el omega
Desde el infinito a la nada
Desde el filo de mi boca
hasta el eterno borde
de tu alma enamorada.





sábado, 26 de octubre de 2013

APRENDIENDO LECCIONES



         Hay mañanas que uno no se levantaría. Notas el ambiente frío a tu alrededor, la ventana te devuelve un gris opaco a punto de llorar y la vuelta en la cama se convierte en un refugio amable en el que, curiosamente y a pesar de todo,  tampoco deseas estar demasiado.
         Uno se viste por dentro antes de salir a la vida de nuevo. Estoy convencida que importa mucho el tono de los colores que uno elija para cada día. Al menos a mi me pasa. Mis ropas siguen mi estado emocional, muchas veces.  Aunque he de decir que no me gusta el gris, ni el medio, ni el agua tibia, ni el lado suave de la orilla, ni lo excesivamente blando, ni lo light.
Soy una persona de emociones fuertes y contrastadas que lucha por encontrar un equilibrio en ellas. No es fácil y no siempre lo logro pero ahí está mi reto.
Muchas veces me resisto a los cambios simplemente por la comodidad que da la seguridad de continuar en lo mismo, pero me he dado cuenta que ese temor a romper las rutinas, a desmontarnos de lo que ya se ha instalado en la mente como definitivo, sea bueno o malo, nos pasa una factura muy alta.
La vida es cambio siempre. Ni un solo segundo es idéntico a otro, ni nosotros somos los mismos de hoy para mañana. Creemos conocernos. Pensamos que somos de una forma determinada y que sabemos hasta dónde y cómo podemos llegar y sin darnos cuenta y sin sentirlo como amenaza, de pronto, nos encontramos frente a un abismo que nos devorará en el siguiente paso.
         He aprendido a dudar de mi misma. A esperar y mostrarme cada vez más cauta ante lo que pueda llegar, a no creerlo todo conseguido, ni todo perdido, a sufrir para algo y no gratuitamente, a tener presente que todo en la vida pende de un fino hilo a punto de deshilacharse. Que nada es seguro y que la fatalidad puede llegarte de donde menos lo esperas.
 Pero también he aprendido a tener confianza, a creer que la gente podemos equivocarnos y restablecer la cordura, a valorar la renuncia y a agradecer el amor aunque llegue en  partículas finísimas rociando el alma.
No lo he aprendido todo. Sé que aún me queda mucho, pero procuro ser buena alumna y no repetir aquello, que sin querer, hace daño a otros y, en definitiva, a uno mismo. En ese empeño continúo.

viernes, 25 de octubre de 2013

EL OMBLIGO DEL MUNDO



 Hay personas que se creen el ombligo del mundo. Gente prepotente y descarada que va adelante arrasando a los demás y vistiendo del color del triunfo sea lo que sea o quién sea, lo que caiga.
         No entra en mi corazón actitudes tan despiadadas como las de algunas personas que corren tras su objetivo sin importarles nadie ni nada. Son una especie de depredadores, de tiburones con fauces infinitas que todo lo engullen y que si reciben una pequeña contrariedad se revuelven  serpenteando sobre su ponzoña para seguir adelante con su presa.
         Creerse el centro del universo es tan malo como ubicarse en sus antípodas. La sobreestima propia llega a ser tan dañina como la baja autoestima y peor aún si ambos comportamientos se balancean en una misma persona. Ésta es gente dolorosa. Personas que causan daño gratuito solamente porque otros no sean felices. Gente sin alma que no se ablandan con la pena ajena ni con nada que no represente el beneficio propio.
         Me cuesta ceder a mi tozudez y desmontarme del tópico de que “todo el mundo es bueno”. Me cuesta estar con la espada levantada, la puerta medio abierta y el escudo en alto. Me cuesta reconocer que me engañan, pensar que por detrás de la sonrisa hay veneno que va directo a eliminar lo que molesta. Me cuesta aún, mirar a los ojos y divisar la niebla, pero sobre todo me cuesta hacer opaca la transparencia que me recorre en la mayoría de las ocasiones.
         No hay más remedio que endurecer la cáscara. No hay otro camino que el del amor que sabe defenderse, no hay más opción que ayudarse a uno mismo y comenzar a darnos todo el cariño, el afecto y la confianza que hemos derrochado en otras personas que no lo merecían.