Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


miércoles, 29 de mayo de 2013

UN CUENTO Y SU MENSAJE

EL GUSANO Y EL ESCARABAJO

Un gusano y un escarabajo eran amigos y se pasaban charlando largas horas.

El escarabajo era consciente de que su amigo el gusano era muy limitado en movilidad, tenía visión muy restringida y era muy tranquilo y pasivo comparado con los escarabajos.

El gusano, por su parte, era muy consciente de que su amigo el escarabajo venía de otro ambiente, y de que, en comparación con los gusanos de su especie, comía cosas desagradables, era muy acelerado, tenía una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez.
Un día, la compañera del escarabajo le cuestionó a éste su amistad con el gusano, preguntándole cómo era posible que caminara tanto para ir al encuentro de un ser tan inferior, un ser tan limitado en sus movimientos, y por qué seguía siendo amigo de alguien que ni siquiera le devolvía los saludos efusivos que el escarabajo le hacía desde lejos.

Pero el escarabajo era consciente de que, debido a lo limitado de su visión, el gusano muchas veces ni siquiera veía que alguien lo saludaba y, si acaso llegaba a notarlo, no distinguía si era o no el escarabajo, y por ello no contestaba el saludo. Sin embargo, el escarabajo calló para no discutir con su compañera.

Fue tanta la insistencia del escarabajo y tantos sus argumentos, cuestionando la amistad que su compañero mantenía con el gusano que el escarabajo decidió poner a prueba esa amistad alejándose del gusano para esperar a que éste lo buscara.

Pasó el tiempo, y un día llegó la noticia de que el gusano estaba muriendo, pues su organismo se había resentido por los esfuerzos que cada día hacía para ir a ver a su amigo el escarabajo y, como no lo conseguía durante toda una jornada diurna, el gusano tenía que volver sobre sus pasos para pasar la noche en el refugio de su propia casa.

Al saber esto, el escarabajo, sin preguntar a su compañera, decidió ir a ver al gusano.

En el camino se cruzó con varios insectos que le contaron de las diarias e infructuosas peripecias del gusano para ir a ver a su amigo el escarabajo y averiguar qué le había pasado. Le contaron de cómo se exponía día a día para ir a buscarlo, pasando cerca del nido de los pájaros. De cómo sobrevivió al ataque de las hormigas y así sucesivamente.

Llegó el escarabajo hasta el árbol donde yacía el gusano esperando ya el momento final. Y al verlo a su lado, el gusano, apenas con un hilo de vida, le dijo al escarabajo cuánto le alegraba ver que se encontrara bien. Sonrió por última vez y se despidió de su amigo sabiendo que nada malo le había pasado a éste.

El escarabajo sintió vergüenza por haber permitido que las opiniones de otros minaran su amistad con el gusano y sintió dolor por haber perdido las muchas horas de regocijo que las conversaciones con su amigo le proporcionaban y, sobre todo, por haberle puesto en una situación que le causó la muerte.

Al final entendió que el gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto de lo que él era, era su amigo, a quien respetaba y quería porque, a pesar de pertenecer a otra especie, le había ofrecido su amistad. Y así aprendió varias lecciones ese día:

•La amistad está en ti y no en los demás. Si la cultivas en tu propio ser, encontrarás el gozo del amigo.

•El tiempo no condiciona las amistades. Tampoco lo hacen las razas ni las limitaciones propias o las ajenas.

•El tiempo y la distancia no son los factores que destruyen una amistad. La destruyen las dudas y nuestros temores.

•Cuando pierdes un amigo, una parte de ti se va con él. Las frases, los gestos, los temores, las alegrías, las ilusiones... todo lo que ambos compartieron en el tiempo, se va con él.

El escarabajo murió poco después. Nunca se le escuchó quejarse de quien mal lo aconsejó, pues fue decisión suya el prestar oídos a las críticas sobre su amigo.

Si tienes un amigo no pongas en tela de juicio lo que él es, pues sembrando dudas cosecharás temores. No te fijes demasiado en cómo habla, cuánto tiene, qué come o qué hace, pues con ello estarás echando en saco roto tu confianza.
Reconoce la riqueza de quien es diferente a ti y, aun así, está dispuesto a compartir contigo sus ideales y temores. La esencia del gusano y el escarabajo se volvieron una sola en el plano más allá de esta vida.
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"Voy a pasar por esta vida una sola vez. Cualquier cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer por alguien, debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por aquí".
MADRE TERESA DE CALCUTA .

martes, 28 de mayo de 2013

TODO PUEDE EMPEORAR




         Por muy mal que vayan las cosas, todo puede ir peor. Frecuentemente solemos abatirnos con los problemas que nos van llegando y a veces, muchas veces, éstos nunca llegan solos.    
         La vida nos demuestra que las cosas aún pueden ir peor, al igual que también pueden mejorar. Cuando estamos ante un problema, nada nos parece más grande. La mente es reduccionista con el dolor y atrapa lo máximo posible en un tiempo record. De inmediato creemos que nuestra desgracia es única o al menos, lo es para nosotros. Incluso cuando una desgracia es compartida y afecta a varias personas a la vez, seguimos creyendo que como nosotros no sufre el del al lado y que lo que sentimos allá adentro es inigualable.
         Nos volvemos egoístas y un tanto ciegos cuando sufrimos. Nuestras penas nos aíslan dentro de un caparazón de soledad en el que no creemos que lo que sucede sea comparable con lo que les ocurre a los demás.
         La vida es tan cambiante, como hemos dicho muchas veces, que nunca ni nada se repite en nadie, aunque todo parezca igual. Por eso es esperable que las circunstancias cambien, que se modifiquen los sentimientos, que los pensamientos se transformen y que las actitudes varíen. Y por esto no dejamos de ser nosotros mismos, eso sí, más capaces de adaptarnos a las situaciones y por tanto mejor vacunados contra los avatares y desgracias que el tiempo traiga.
         A todos nos suceden hechos que nos duelen. Todos pasamos por estados de soledad, apatía, abulia, ira, impotencia y rebeldía. Todos hemos vivido esas ganas de bajarnos del tren e iniciar otro viaje diferente. A nadie se le oculta el antifaz que se nos pone delante del corazón cuando sufrimos. No vemos nada más que el negro telón de fondo que lo tapa todo y que solícito extiende sus brazos para envolvernos dentro.
         La luz nunca está fuera, en estos casos, sino dentro. No hay más remedio que pararnos. Detenernos y frenar en seco. Posicionarnos delante de nosotros como si fuésemos otros y tratar de hablarnos como si la arenga la estuviésemos vertiendo sobre el de enfrente.
         Una especie de juego eficaz consiste en pensar qué palabras buscaríamos para calmar a un amigo. Qué pensamientos llegarían a nuestra cabeza, qué actitudes tomaríamos con él y cuánto afecto derrocharíamos en el intento de que mejorase.
Aplicarlo a nosotros mismos es un verdadero antídoto contra los efectos del malestar y la tristeza. Porque al fin y al cabo…¿algún amigo de nosotros mejor que uno mismo?.

lunes, 27 de mayo de 2013

SALAS DE ESPERA




         Acabo de recibir una carta de mi padrino de bautismo. Es una persona adorable, profundamente culta, y con ello aludo a su sabiduría para vivir desde siempre, e inmensamente entrañable.
A sus 94 años, me dice que solo podría soportar el presente si rescata del pasado todo lo mejor que ha habido en él. Cuando se tiene esta edad, el presente tiene un futuro muy corto, por largo que sea, y resistir la idea de la marcha solamente es posible con un pasado sólido y bien vivido. Entonces, es más sencillo conformarse con el momento al que hemos tenido la suerte de llegar.
A medida que avanzaba en la lectura de la carta, me iba dando cuenta de lo importante que es recibir aún estas joyas de papel. Su letra temblorosa, el cansado ritmo de sus palabras tras el último infarto y el imperioso deseo de seguir comunicándose me llevaron a pensar en lo tremendo que es estar en cualquier sala de espera.
La vida pasa muy deprisa y por larga que sea, siempre resulta corta. Estamos tan inmersos en el día a día que pareciese que acabamos de empezarla hace poco, pero nuestra biografía nos enseña los años que llevábamos a cuesta y sobre todo, las cicatrices que nos decoran.
Es delicioso poder llegar a la vejez con la lucidez mental plena y con el sentimiento de una vida suficientemente cumplida. Que nada de lo que nos apasione quede por hacer, que nada de lo que quisimos expresar haya quedado en el aire sin destinatario, que lo que gozamos sea el mejor equipaje y lo que amamos nuestro vehículo para que el viaje sea dulce y complaciente.
Las salas de espera, hasta ésta última, siempre nos enseñan a ser pacientes. Nos obligan a someter la prisa y a valorar cada instante ganado al tiempo de expectativa. Nos unen con los que están en circunstancias similares y entonces, las diferencias se borran.
Ansiosos por salir de ellas, ponemos en alerta a nuestro sistema defensivo y tratamos de ser benevolentes con nosotros mismos para no sucumbir a la impotencia de seguir esperando en un proceso que se dilata más de lo deseado.
Posiblemente, la sala de espera que nos lleva a la despedida final, sea la única de la que no queramos salir porque a pesar de los quebrantos de la vida, nadie quiere abandonarla. Sin embargo, estar en ella satisfecho de lo que hemos vivido atrás es un buen cojín sobre el que apoyar nuestra cabeza para seguir soñando aún el tiempo que nos quede.

domingo, 26 de mayo de 2013

LA TÉCNICA DE LA TORTUGA




Hace escasos días hablábamos de la técnica de la Mecedora como ejercicio práctico para reconectar con la calma necesaria al encontrarnos dentro.
Hoy, siguiendo la pauta del control emocional propio, nos acercamos a la denominada “Técnica de la Tortuga”.    Inicialmente se ideó para enseñar a los adultos a manejar la furia, pero luego se extendió igualmente a los niños ya que era muy eficaz para reducir la frecuencia de las conductas agresivas.
Se compone de 4 pasos:
1.    Reconoce cuándo estás enfadado o fuera de control.
2.    Detente y piensa.
3.    Métete dentro de tu caparazón como una tortuga, respira tres veces profundamente y deja que en tu mente se deslicen pensamientos tranquilos.
4.    Sal de tu caparazón cuando estés tranquilo e idea una solución para tu problema.
En realidad, nuestra incapacidad para controlar nuestros impulsos emocionales es lo que origina muchos de nuestras equivocaciones y errores.
Las autoinstrucciones y el habla interior pueden ayudarnos. Continuamente nos damos una versión de nosotros mismos o de nuestras experiencias pasadas y en ocasiones pueden ser muy destructivas o paralizadoras.
Si una persona continuamente se repite “soy una inútil” o “mi vida es un fracaso”, se está vampirizando a sí misma destruyéndose continuamente.
Lo que nos diferencia como humanos es la capacidad de anticiparnos a los sucesos y la de elegir. Ambas reguladas por el lenguaje interno ante un mundo siempre cambiante.
Monet, gran pintor impresionista quiso pintar el paisaje de una manera nueva. Captando el cambio. No fijándose en la estabilidad de las cosas, sino en el cambio de ellas con la modificación de la luz, siempre activa, inquieta y variable…
…”Un paisaje, decía, no tiene la menor existencia como tal paisaje, ya que su aspecto cambia a cada momento. El sol va tan deprisa que no puedo seguirle. Esa luz que se escapa llevándose el color es algo espantoso. El color, un color, no dura ni un segundo”…
Estos pensamientos de Monet le llevaron a otra forma de pintar. Por medio de las pinceladas amplias y grandes pretendía captar la fugacidad de la luz y sus tonalidades; una forma de ver la realidad puede ayudarnos si tratamos de hacer un paralelismo con el paisaje interior.
 Nuestras emociones varían por momentos, nunca encontramos la misma respuesta ni siquiera, ante las mismas preguntas.
Es evidente que nuestros ojos miran según lo que queramos ver. Pensemos con pinceladas de trazo amplio y ayudémonos a captar lo mejor de cada momento para tenerlo dispuesto cuando dentro de nuestro caparazón de tortuga tengamos que serenarnos tratando de encontrar una solución.

DOMINGOS LITERARIOS



EN EL BORDE DE MI DESEO

He amanecido en ti. Sin saber cómo,
Apoyaba mi cabeza sobre tu pecho
Y las blancas manos de tus brazos
Rodaban juguetonas entre mi pelo
Te he mirado fijamente a los ojos
Con la mirada limpia del desvelo
Para preguntarte con ella
Si  tu amor es para siempre en el tiempo.
Y tú sonríes como si no supieras de otra cosa,
Más que amarme a cada instante
Con todas tus fuerzas y sin ningún duelo.
Te he besado lentamente, más tarde,
Para saber si eran míos tus besos
Y tu boca me ha confesado
El más íntimo de tus secretos:
Que siempre fui el único amor,
Que has sentido desde lo más dentro.
Cerré los ojos para empapar de miel,
el filo agudo de mi corazón inquieto,
Y así me encontré dormida de nuevo,
en el borde extremo de mi deseo. 

FLOR Y NATA