Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


domingo, 30 de noviembre de 2014

EL SUFRIMIENTO GRATUITO



Hay veces que sufrimos sin sentido. Nos montamos castillos en la cabeza sobre pilares de humo. Parloteamos insaciablemente con nuestros miedos y lo único que conseguimos es hacerlos más grandes. 

Lo que obviamos por encima y por debajo de todo lo que nos pase es que siempre tenemos el poder de elegir. Podemos optar por la fuerza del optimismo o por la fragilidad del pesimismo. En cualquier caso, el conflicto hay que definirlo y comunicarlo.

Frecuentemente, nuestros problemas no solo nos incluyen a nosotros. Hay más personas involucradas. Sufrimos por los otros, por nosotros mismos, por lo que pasa, por lo que pasó y por lo que pasará. Pero el fallo está en dos puntos que son necesarios considerar:


 1.- Abordar el problema de comunicación: ¿le he dicho a la otra persona lo que pienso, el miedo que tengo, lo que sospecho, lo que me sucede?, ¿escucho lo que la otra persona tienen que decirme al respecto? ¿Me he hecho entender?¿tengo voluntad de comprender al otro?.


2.- por otra parte, se da también un problema de interpretación de la realidad: ¿he observado bien, he estado atento al lenguaje no verbal ( no olvidemos que los gestos, las miradas, los ademanes o el silencio nos hablan de más de un 80% de lo que sucede), he analizado todos los aspectos, me he puesto en el lugar del otro?.


Lo importante es determinar la causa del malestar, comunicar nuestras razones y escuchar las alegaciones del otro. El miedo es el único que puede equivocarnos, pero ¿qué nos aporta el miedo? ¿en qué nos ayuda?...y la mejor pregunta…¿qué es lo peor que podría suceder si ocurriese lo que tememos?.
 
Si podemos contestar a todas estas cuestiones, tal vez se disipen los temores y el sufrimiento se esfume como por arte de magia.

Ante el próximo problema utilicemos este breve protocolo para vencer el círculo del miedo y evaluemos después los beneficios de seguir adelante a pesar de cualquier resultado.

DOMINGOS LITERARIOS



CIUDAD ENAMORADA
 
No podré olvidar aquellos días

En los que el amor se encarceló bajo tu tejado

E hizo prisionero sin rejas a lo más deseado

Y fui hada y ninfa, y tú fauno.

Ni aquel olor a especies y a sándalo

Ni las miradas bebiéndose el deseo a cada paso.

Ni podré borrar de mi piel las caricias juguetonas

Que saltaban con brincos de lado a lado

Y ese centro en el que depositaste ansioso tu legado.

Salpicaba la lluvia de inocente risa al amor enamorado.

Subiendo  cuestas de suspiros largos y callados

Mientras en el hogar se quemaban los leños encendidos,

Esperando nuestro regreso para sin sentido amarnos.

Y allí nació un nuevo mundo de guerreros al unísono

peleando batallas contra fantasmas y molinos,

haciendo de nuestro amor un único destino. 

De la ciudad enamorada, al rincón de los suspiros

De tu amor salvaje y sereno, 

al dulce olor a especias de nuestro diario delirio. 

Así te quise allí entonces, así ahora te quiero mío.

Con mi cabeza sobre tu pecho

 cuando aún estés dormido.

viernes, 28 de noviembre de 2014

ACEPTAR PARA LIBERAR



La única forma de liberarnos de lo que nos hace daño es aceptando. La aceptación implica comprensión, quietud y serenidad frente a lo que se resiste a marchar. 

No es fácil. Ni mucho menos pero estoy convencida de que es el único camino para alejarnos de lo que aprieta por dentro.
La frase “ lo que resiste, persiste” es un hecho. Cuanto más pensamos en lo que no queremos, en nuestros miedos, en las inseguridades… mas se manifiestan en nosotros. Más se niegan a ir, más pisan el alma, más nos subyugan, mas nos determinan.

Aceptar no es resignarse. No se trata de una sumisión pasiva a lo que no podemos cambiar. Se trata de entender a la otra parte, pero sobre todo de entendernos a nosotros mismos. Y si esto no es posible, al menos darnos un tiempo de vacío donde poder serenar nuestra queja y suavizar el dolor.

No es fácil “aceptar” pero no hay otro camino.  Lo que queda después de la resistencia es el mismo resultado que si lo hubiésemos integrado  pero con una cuenta de dolor añadido que nos perjudica mucho.

En definitiva, aceptar supone  un mecanismo de autodefensa. Se trata de protegernos, de ser cómplices de nuestro bienestar, de cuidarnos a nosotros mismos y de velar por nuestra serenidad.
Si tener pensamientos recurrentes sobre el temor que nos causa algo o la ira o el rencor hacia alguien nos induce a un malestar perpetuo hay que hacer algo. Lo primero ser consciente de que existe el problema. Más tarde analizar y priorizar si realmente es más importante que nuestra armonía y si responde a la magnitud que le asignamos.

 Frecuentemente, con la distancia se ve todo mucho más pequeño. Por tanto, tomar distancia. Separar los hilos que nos pegan a ello y abrir el pensamiento para ponernos en el lugar del otro. Si aún así seguimos sintiendo lo mismo no queda más remedio que retirarnos por un tiempo y optar por dejarlo ir sin resistirnos a marchar detrás.

No sé cómo se hace. Solamente me sé la teoría pero estoy segura que saberla es un buen comienzo para empezar a aceptar lo que venga.

jueves, 27 de noviembre de 2014

LO QUE YO QUIERO...



Quiero creer que soy un resumen concentrado del Universo. Un polvo de estrellas maquetado en un plano definido. Un caldo de cultivo excelso de cualidades que desde el confín de los tiempos viven en mí.

Quiero creer que todo lo sé ya, aunque no lo recuerde de golpe. Que el tiempo solo es un lazo que se deshace en su transcurrir derritiéndose en mis manos. Que el espacio es continuo e infinito y que lo he compartido con todos los seres humanos que han poblado la historia.

Quiero creer que las emociones que me provocan algunas personas vienen de lejos. Que no siento la misma química con todas las que pasan por mi vida porque algunas solamente son parte de breves pasajes de ella y no integrantes de mi destino. 

Quiero creer que el amor late con fuerza ante la inmensidad de mi interior cuando tiene oportunidad de multiplicarse y expandirse. Y sobre todo, que la esperanza siempre está deseosa de ser llamada para reinar en el alma y reinventar la vida.

Quiero creer firmemente en mí, pero también en ti y en el otro y en los que aún no conozco y formarán parte de algunos de mis días. Quiero ser un ramillete fresco y esplendoroso de gratitudes. A todo y ante todo.

Quiero poder mirar a los ojos y derramar un mar de ternuras para aminorar la carga del resto. Quiero estar ahora por alguna razón y descubrirla. Quiero que la vida tenga un sentido y dárselo a cada instante.
Quiero vivir siempre descolgada de la crítica, la angustia y el desatino; y dejar un rastro, una estela de finísimas partículas de amor que se vayan pegando al resto de las almas que pasen cerca de mí o que venga a mi paso.

Por querer quiero que el universo que me constituye me guíe siempre por la inmensa satisfacción de vivir con pasión a cada instante y que cuando cierre mis ojos no sienta tras de mí una vida perdida, sino todo un coro de sensaciones infinitas de bienestar del amor que he sentido en cada momento, e irme plácidamente con el corazón estallando de dicha.

Todo esto que quiero es lo que por debajo de cada circunstancia escribe mi historia. 

Privilegiado destino saber lo que uno quiere.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

LOS TORBELLINOS DE LA EXISTENCIA



         Nos encontramos, en ocasiones, en el centro de un huracán sin darnos cuenta. Nos atrapan las emociones, nos desajusta la pasión, nos engulle el ego, la pertenencia y lo que nos atribuimos como nuestro, lo sea o no.

         Seríamos más felices pudiendo mirar por encima de la ira, del rencor, de los celos y las vendettas. 

         Desde Platón hasta el momento, muchas son las teorías existencialistas que nos hablan de la migración del alma de cuerpo en cuerpo. Elegimos una existencia concreta en la que nos presentamos, cada vez, con un vestido distinto. Distinto cuerpo, distintos rasgos, distinta forma de usar el libre albedrío…pero una sola alma decidiendo lo mejor para su evolución constantemente.
         Quienes así lo pensamos deberíamos tener el camino más fácil. Si efectivamente solo cambiamos de templo, entonces todo lo que nos suceda a través de él solo puede tener una misión y un destino: mejorarnos.

         Este crisol no debe empañarse nunca porque esa será la clave para relativizar lo que en un momento determinado parece invadirlo todo para destruirnos por dentro. Las circunstancias negativas solo son un pasaje más. Posiblemente de lo más eficaz para crecer y avanzar. Lo que duele no se olvida. La felicidad tampoco debería olvidarse pero la relegamos más pronto al cuarto de atrás en base a la ansiedad de volverla a vivir. Es como si se esfumase nada más que pasa dejando hueco de nuevo a una ansiedad perpetua de ella misma.

         Cada emoción negativa, cada dolor, cada vivencia escabrosa, cada retortijón del corazón es un paso adelante en el trabajo de la mirada amplia sobre la compasión y la benevolencia con unos mismo y con los demás. 

La comprensión, que nunca es gratuita pero que da unos exquisitos frutos, es el premio mejor cuando todo ha pasado ya porque no hay mejor preparación que ello para abrazar de nuevo la felicidad.