Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


sábado, 14 de diciembre de 2024

AMOR VIVO

 Tus manos recorren los recuerdos de mi piel y en el silencio ronco de la trémula sensación de su roce, encuentras el hueco por el que colar tus labios hasta el borde de mi lengua, ansiosa de ti.

 

Miro a través de la ventana. Veo tus ojos de miel en el dulce brillo que los rayos de sol reflejan en ella. Cierro  los párpados y aprieto los dientes. 

 

Te quiero aquí y te quiero ahora, con tus delirios insufribles de realidad distorsionada, con tus locuras atadas al borde de mi cama, con aquellas palabras necias que sin ton ni son, me regalabas. Y saberte dentro, en el fondo de mi alma, jugando con efluvios que destellan y saltan al compás de tus feroces ganas.


    



 

Entonces se abre una puerta, cerrando yo la ventana y desde el otro lado del río llega el sonido de los ecos de las hadas, que hace mucho que se han ido buscando nuevas damas. ¿Será que llega despacito otro caballero que asalte mi torre alta?.

 

Un aroma de azares acama y mece los vagos rasgos de tu cara. Es la vida que brota de nuevo, la llama del amor eterno que nunca acaba, el dormir silencioso del dolor amargo que se transforma en dulces sabores de caramelos y manzanas.

 

¡Tú, a ti…que vas a llegar con la boca callada; tú que lo dirás todo, sin decir nada.!

viernes, 6 de diciembre de 2024

EL DULCE SILENCIO DE LOS " HUECOS"

 Cuando la vida discurre por los años que te avanzan, descubres, como un niño que abre sus ojos al mundo nuevo que lo acoge, que necesitas encontrarte cuando te pierdes. Entiendes, que cuando el camino se acaba y la pared negra de tus días oscuros te aplasta, necesitas espacios llenos de ti y de nada más.

 

         Hay que hacerse “huecos” entre el sucederse de la vida diaria. Lugares y puntos de encuentro con lo más genuino de nuestro ser. Apartados de todo y de todos, pero junto a ellos.

 

         No es necesario que vayas a un rincón especial a meditar, como imaginas. No es preciso que te alejes para quedarte sólo; ni siquiera es conveniente que pases de la actividad a la calma por ver si te sosiegas. Hay que aprender un método, una herramienta que te mantenga dentro, estando fuera.

 

¡Tantas veces no conectamos con la persona que tenemos enfrente, tantas la rechazamos, tantas vemos que no encajamos en las situaciones que tenemos que vivir…tantas necesitamos soñar para poder con la realidad!.

 

Acostúmbrate a crear espacios dentro de ti aunque estés entre la multitud, aunque te hablen de frente, aunque te involucren de cara. Aíslate por unos instantes. Míralos con tus ojos vacíos de palabras y llenos de ti. Aíslate en tus adentros y que nadie lo note.

 

         Tu solo tú, contigo. Si estás en un momento o situación amarga visualiza algo magnífico o simplemente piensa que ahí dentro está la calma, está la paz de estar a solas contigo mismo y nadie, pero nadie, puede violar ese espacio ni contaminarlo.

 




Vuelve tu mirada al cielo y sella tu boca con la dulzura de saber que las respuestas siempre son más simples, que la vida siempre es más sencilla, que el mundo, tu mundo, siempre será tu mejor refugio y ahí…hazte un “hueco” lleno de luz que te haga sentir la plenitud y la belleza que te acompañará siempre.

sábado, 30 de noviembre de 2024

LO QUE MATA LA TRISTEZA


 

Lo que mata la tristeza no es el tiempo, como dicen los sabios, ni el olvido que prometen los años. La tristeza se desvanece en pequeños instantes, en fragmentos de vida que se cuelan entre las sombras del dolor, como rayos de sol atravesando una ventana empañada.

 

La tristeza muere cuando una sonrisa inesperada rompe la monotonía del día, cuando el aroma del café recién hecho despierta los sentidos dormidos, cuando una melodía olvidada nos transporta a momentos que creíamos perdidos. Muere en los abrazos sinceros, en las palabras susurradas al oído, en las miradas cómplices que no necesitan explicación.




 

Se ahoga la tristeza en las pequeñas victorias cotidianas, en el logro de levantarse cada mañana y enfrentar el espejo, en la valentía de dar un paso más cuando el camino parece interminable. Se disuelve en las risas compartidas, en los encuentros casuales, en las conversaciones profundas que se extienden hasta el amanecer.

 

La tristeza encuentra su antídoto en el movimiento del cuerpo, en el sudor que limpia el alma durante una carrera matutina, en la respiración consciente que ancla nuestro ser al presente. Se desvanece en la práctica del arte, en los pinceles que danzan sobre el lienzo, en las palabras que fluyen sobre el papel en forma de poesía sanadora. Muere en los viajes inesperados, en las aventuras que nos sacan de la zona de confort, en los encuentros con desconocidos que se convierten en amigos del alma. La tristeza se disipa cuando nos atrevemos a cambiar rutinas, cuando adoptamos un nuevo hobby, cuando nos permitimos explorar terapias que nos ayudan a entender nuestras emociones. Se esfuma en la meditación diaria, en el yoga que conecta cuerpo y mente, en las afirmaciones positivas que reprograman nuestros pensamientos.

 

La tristeza se desvanece cuando aprendemos a abrazar nuestra vulnerabilidad, cuando aceptamos que el dolor es tan natural como la alegría, cuando comprendemos que cada lágrima derramada riega el jardín de nuestra fortaleza. Se esfuma cuando dejamos de luchar contra ella y la aceptamos como maestra de vida, como la sombra que hace brillar más intensamente la luz.

 

Muere la tristeza en los atardeceres contemplados en silencio, en el vuelo de los pájaros que cruzan el cielo, en el murmullo del viento entre las hojas de los árboles. Se disipa en la música que hace bailar el alma, en los libros que nos transportan a otros mundos, en los sueños que construimos día a día.

 

La tristeza se extingue cuando aprendemos a amarnos en nuestra imperfección, cuando perdonamos nuestros tropiezos, cuando celebramos nuestros pequeños triunfos. Se desvanece en la gratitud por lo simple, en la apreciación de lo cotidiano, en el reconocimiento de la belleza que nos rodea.

 

Se ahoga en el amor que damos sin esperar retorno, en la compasión que ofrecemos a otros, en la bondad que sembramos en el mundo. Muere en los proyectos que emprendemos, en las metas que alcanzamos, en los horizontes que nos atrevemos a explorar.

 

La tristeza se disuelve cuando aprendemos que no es nuestra enemiga, sino una compañera temporal que nos enseña a valorar la alegría. Se desvanece cuando entendemos que cada experiencia, incluso las dolorosas, nos moldea y nos hace más fuertes, más sabios, más humanos.

 

Y al final, lo que verdaderamente mata la tristeza es la aceptación de que la vida es un ciclo constante de luces y sombras, y que en cada sombra se esconde la promesa de un nuevo amanecer.

 

*La tristeza no muere, se transforma en la sabiduría de quien ha aprendido a vivir plenamente.*

domingo, 24 de noviembre de 2024

TODO OCURRE EN SU MOMENTO

 La vida no sucede como queremos. Ella tiene energía propia. “Todo ocurre en su momento”. Si esta frase estuviera instalada en nuestra mente, todo sería más fácil.

 

         En muchas ocasiones, nos encontramos con situaciones insólitas, desesperantes, molestas e incluso absurdas pero si esperamos, si logramos esa paciencia que nos ayuda tanto veremos que todo ocurre cuando tiene que ocurrir y no podemos hacer que una cosa ocurra antes que otra.




 

         Ahora es el momento que hay. “Lo que es, es y lo que hay, hay”, nos dice Enrique Simo en una de sus conferencias que me han inspirado hoy. Es una ley muy sencilla, pero muy práctica. No podemos vivir lo que no toca. Este es el momento exacto y no el futuro, ni en el pasado culpando a alguien, aunque tenga culpa.

 

         La mayor seguridad está en uno mismo. Hay que seguir hacia delante, sin apegarnos a lo que creemos seguro. Debemos “soltar” lo que nos duele, por nosotros mismos, porque lo que tiene que ocurrir, ocurrirá cuando tenga que ocurrir.

 

         Es bueno entrenarse para tener paciencia, resiliencia, flexibilidad y adaptabilidad a lo que tenemos. No hay que apegarse a los resultados porque a pesar de todos nuestros esfuerzos las cosas salen como la vida decide. La presión, las exigencias no tienen efecto, no funcionan. 

 

         El arte de saber actuar y desapegarte a la vez, es la clave del éxito en la conquista de los estados emocionales de uno mismo. 


         Todo cambia, no sabemos cuándo, no podemos prever cómo se van a desarrollar las situaciones por mucho que parezcan previsibles. Nada es eterno y perpetuo en este mundo físico. Pero todo está, de alguna forma, previsto e incardinado en un devenir en el que todo pasa y todo llega en su momento. Cíclicamente si algo está comenzando…terminará alguna vez, por el contrario si algo está terminando, volverá a comenzar.

 

         Hay que regar las plantas pero no ponerlas demasiada agua porque mucho riego también les hace morir. Apliquémoslo a todas las situaciones de la vida  y no nos quedaremos atascados en el conflicto.

 

         Nada permanece eternamente mal, ni continuamente bien. Suelta. Fluye. 


Deja que ocurra lo que tenga que ocurrir.

domingo, 17 de noviembre de 2024

UN SILENCIOSO INFIERNO: LA SOLEDAD NO DESEADA

 En el vasto lienzo de la existencia, la soledad no deseada pinta trazos de gris sobre corazones que laten al ritmo de la incomprensión. Como hojas arrastradas por un viento hostil, algunos jóvenes deambulan por las calles de ciudades que les niegan su abrazo, marcados por el estigma de ser diferentes, de hablar con otro acento, de amar de forma distinta, de tener otro color de piel.

 

Sus pasos resuenan en pasillos de escuelas donde las miradas esquivas construyen muros invisibles. Sus voces, melodías de tierras lejanas, se ahogan en el murmullo de prejuicios ancestrales. Sus sueños, mariposas multicolores, chocan contra ventanas cerradas por el miedo a lo desconocido. En cada esquina, en cada plaza, la xenofobia teje sus redes de exclusión, mientras la diferencia se convierte en un peso que dobla sus espaldas jóvenes.




 

Y en el otro extremo de la vida, los ancianos, tesoros vivientes de sabiduría, se marchitan en la penumbra de habitaciones vacías. Sus historias, ricas en experiencias, se desvanecen en el aire sin encontrar oídos que las escuchen. Sus manos, curtidas por el tiempo, añoran el calor de otras manos. Sus tardes se alargan como sombras infinitas mientras el mundo exterior gira vertiginoso, olvidándolos en su prisa.

 

La soledad no deseada es un espejo que refleja nuestra propia humanidad fracturada, un recordatorio de que hemos construido sociedades que corren tan rápido que dejan atrás a quienes no pueden seguir su paso.

 

Pero en esta reflexión reside también la semilla del cambio: la soledad no deseada no es un destino inevitable, sino un llamado a la acción. Cada sonrisa compartida, cada mano tendida, cada momento de verdadera escucha, es un puente que atraviesa el abismo de la indiferencia. La verdadera riqueza de una sociedad no se mide por sus logros materiales, sino por su capacidad de tejer redes de afecto que no dejen a nadie fuera, que abracen la diferencia como un regalo y la vejez como un tesoro de sabiduría por descubrir.

sábado, 9 de noviembre de 2024

ACEPTANDO LO QUE VENGA

 La vida es movimiento, cambio e impermanencia. Nos empeñamos en que sea algo que no es. Queremos que nada cambie, que nos dejen como estamos, que no se muevan las coordenadas que con tanto esfuerzo hemos logrado disponer pero, sobre todo, que lo bueno siga estando en nuestras vidas.

 

         En cualquier instante, todo puede cambiar y hacerlo de manera drástica e imprevisible. No estamos preparados para dejar de tenerlo todo o perder mucho. Nuestro modo de estar en este mundo pasa por el apego, por estar agarrados a cualquier mínima cosa, por no querer perder nunca y por no saber despedirnos con facilidad.

 





         Sin embrago, la vida decide por nosotros. No podemos manejar casi nada, en contra de lo que pensamos y, a veces, cuanto más nos empeñamos en algo menos se acerca a nosotros.

 

         Aprender a despedirse es madurar. Así de duro es que la vida pase por ti. Desde que nacemos estamos diciendo adiós a lo que nos rodea, hasta que lo digamos definitivamente. Deberíamos aprender a jugar con las reglas de la vida y no intentar poner nosotros las que nos vengan bien, porque la vida, la naturaleza, el entorno…todo estaba antes que nosotros y todo se regía por sus propias leyes, sobre las que no tenemos poder alguno.

 

         En ocasiones, no nos queda más que aceptar lo que llega, aprender a modelarnos para encajar de nuevo en lo que nos queda, ser camaleónicos y poder sobrevivir, porque en definitiva, llegamos sin nada y nos vamos igual.

 

         No nos aferremos tanto a nuestro coche, a nuestra casa, ni incluso a nuestros seres queridos; dejemos una brecha de apertura para lo que pueda llegar y sepamos encajar los golpes de la vida como parte de lo que significa “estar vivos”. 

 

Dejemos fluir el devenir de los acontecimientos con serenidad para que el impacto de lo que suceda no acabe con nosotros. 

 

sábado, 2 de noviembre de 2024

¿TE DEJAS INFLUIR POR LOS DEMÁS?

 La mejor espontaneidad está en la infancia. La persona adulta que cuida a un bebé o que se acerca a él, le imita, cambia la voz, la mirada… Eso quiere decir que cuando uno es auténtico comenzamos a influir en la vida de otros, a crear un ambiente determinado y a crear un entorno sano.

 

Cuando crecemos cambiamos tanto que sucede lo contrario. Nos dejamos influir, tratamos de seguir los patrones y pautas que otros nos dan para agradar, para no ser regañados, para cumplir las expectativas de los demás y así dejamos de ser auténticos, nos perdemos en lo que el resto quiere que seamos y nos cuesta mucho trabajo definir lo que por nosotros mismos queremos ser.




 

Cuentan que…”Gandi estaba meditando cuando una señora y su hija llegaron hasta él para pedirle ésta que hablase a su hija con el propósito de que dejase de comer tanta azúcar. Gandi le respondió que le dejasen dos semanas y volviesen al cumplir ese tiempo. Cuando ellas volvieron, le indicó a la niña indicó los daños del azúcar en el cuerpo y a la niña de repente lo acepta y se disponen a marchar. La madre le pregunta sorprendida por qué esto mismo no lo había dicho hace dos semana y les había hecho volver. Gandi le responde:… Porque hace dos semana yo comía mucha azúcar, pero entonces decidí dejar absolutamente el azúcar y ahora que he hablado con ella, tengo la autoridad de decir que no tome azúcar porque yo mismo no la estoy tomando; entonces, mis palabras tienen fuerza y no son solo palabras.”

 

Por eso, cuando tenemos la convicción de algo porque lo vivimos, no hace falta que demos un consejo, porque nuestras palabras tienen la inspiración de nuestros actos y eso se transmite.

 

Revisa tu vida. ¿Estás conectado con tu autenticidad?¿proyectas lo que eres?¿Tus palabras son tus actos?¿ Eres auténtico/a?... párate y obsérvate. Toma decisiones si no es así, porque cuando conectas con tu autenticidad, tu felicidad aumenta y sobre todo, tu seguridad en ti, tu fidelidad a ti y despertarás la mayor autoestima y autorrespeto hacia ti.