Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


martes, 8 de febrero de 2022

CUANDO TE QUEDAS A SOLAS

 Hay personas que siempre buscan la compañía, sea la que sea. Personas que temen quedarse a solas porque no quieren ver los vacíos, los miedos, los fantasmas que llevan en el interior.

 

Una de las situaciones más propensas al miedo a la soledad es la de aquellas personas que están en la cresta de la ola. Que son siempre protagonistas de algo con alguien. Que tienen las riendas de las risas y las lágrimas a su alrededor. 




 

La fama tiene un precio alto. Y me refiero a la fama en cualquiera de sus grados. La más alta o la más coloquial y de andar por casa. Cuando la gente que les rodea se va y se quedan a solas, en estos casos, no soportan la unicidad. Les faltan los aplausos, las lisonjas después de los discursos de autocomplacencia, la vidilla que da ser la guinda de la tarta y la tarta también.

 

Para estar a solas con uno mismo se necesita mucha valentía. Ver lo que hay dentro, escuchar la voz de la conciencia o toparnos cara a cara con la verdad.

 

La cobardía está en buscar siempre el apoyo de alguien. 

 

El silencio, la quietud y la confrontación con uno mismo tiene muchos beneficios. Comienzas a comprender muchas cosas sobre ti mismo y los demás, aprendes a respetar tiempos y espacios, diluyes las críticas y los juicios, avanzas hacia lo mejor de ti.

 

Repasa cómo es tu relación con la ausencia de personas. Qué sensación te asalta cuando estás solo/a y, sobre todo, si en ella sientes angustia o paz.


Ese es el primer paso que dar cuando quieres descubrirte sin apoyos; a solas contigo. En tu ser creativo y único.

domingo, 6 de febrero de 2022

EN EL CORAZÓN DE LAS PALABRAS

 MÁS ALLÁ DE TI

 

En los confines del universo,

A la vuelta de la esquina,

Más allá de lo suave y lo terso.

Detrás de tu imagen divina,

 

Por debajo de las penas,

Más alto que la alegría,

Lejos de ti y de todo cerca.

En el soñar dulce y en la risa,

 

 

Entre los pliegues de tu piel,

En el centro de tu granada,

En el roce de tus labios de miel.

Siempre mi mirada en tu mirada,




 

Así te siento, cerca y lejos,

En el filo de lo amargo,

En el anillo que de ti tengo,

En el humo negro y parco.

 

Y me encuentro contigo,

En el adentro de mi quejido

En el quebrado lamento

De lo que pudo ser y no ha sido.

 

Y llegan los aires de magnolias

Refrescando mis entrañas,

Poderosas y hambrientas,

De tu aroma, ya sombrío.

 

Cierro los ojos y miro,

Los recuerdos infinitos,

La luz del despertar tardío

Y ese único poderío.

 

De saberte hasta la muerte, mío

De encontrar tu mano bajo manta

Y tu corazón retozando conmigo

En el más puro y libre albedrío.

 

Así te siento, niño

Así, de mío.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 3 de febrero de 2022

EL AMOR PERMANECE POR SIEMPRE

 Cuando el amor aparece, nunca se va. Da igual que no esté la persona, que las circunstancias sean otras, que incluso no queramos que suceda así. Todo es inútil para borrar del corazón lo que se imprimió con el mismo fuego del que estamos hechos.

 

Cuando el amor es verdadero, nunca desiste. Aún sin palabras, sin encuentros, sin acciones. Ahí está. Presente. Latiendo con fuerza como motor de la vida. 

 




Cuando el amor aparece, se sabe bien que es algo distinto a todo. Una sensación infinita de plenitud y dulzura, una intensa confianza en que todo es posible, un clamor profundo de autenticidad plena.

 

Cuando el amor se instala en nuestras células se confunde con nuestro cuerpo, es uno con nosotros y ya no desaparece nunca. Con tan solo una vez que se  haya amado es suficiente. Ahí quedará impregnando cada segundo de la existencia.

 

Cuando el amor permanece, lo hace sin ti y a  favor o a pesar del otro. Lo hace porque está hecho de fusión, de cooperación íntima, de solidaridad infinita. Lo hace porque es lo único por lo que existe: convertir en su misma esencia todo lo que toca.

 

Cuando sientas el amor en ti, no te preocupes, no escapará nunca. Ahí seguirá por siempre. Esperándote. 

 

Regresa a él cuando quieras. No hace falta nadie más. La persona ha podido irse. Él no.

lunes, 31 de enero de 2022

AUNQUE NO HUBIESE NADA

 Aunque con certeza no hubiese nada, yo seguiría creyendo. 

 

No puede crecer la esperanza sin fe. No puede dejar al corazón tranquilo el vacío.

 

A veces, he debatido sobre este tema largo y tendido. He reflexionado sobre la conveniencia del temeroso de que no haya algún mundo diferente tras el paso de una vida a otra. 

 

Si no existe nada, tampoco se ha de temer nada. No hay gloria pero tampoco infierno y a determinadas conciencias les beneficia.

 

Pero la verdadera condena, si uno no cree, pasa en esta vida. No hay certezas, sin duda. No hay evidencias. No hay signos de nada de nada. Solo el silencio y la ausencia se descuelga de los recuerdos del que marcha. Por eso mismo necesitamos creer.




 

Si creemos, ya estamos salvados aquí mismo. El desasosiego se calma. La necesidad de no haber perdido a los seres queridos se satisface por si misma. La confianza en seguir protegidos por aquello que sea en lo que creamos, se deja sentir como un bálsamo suave repleto de sensaciones cálidas.

 

A veces, uno no tiene nada más que la fe, pero es bastante si esta te acompaña porque pase lo que pase fuera, dentro de ti todo estará bien.

sábado, 29 de enero de 2022

EN EL CORAZÓN DE LAS PALABRAS

 ENTRE LOS OLIVOS QUIERO

 

Y si miro al mar  a ti te veo, 


Y si mis ojos cierro


Te llevo dentro


Y si mi boca sello


Te encierra entero.


Allá a lo lejos, 


entre los olivos tiernos







allá nos juramos


 amor eterno


amor sincero, 


amor del bueno.


Y entre sombras,


Dulces de membrillo y enebro,


Te di mi cuerpo


Te lo di, todito entero.


Mirándote a los ojos, niño


Como si fuese ese


El único momento.


Y llegué al mismo cielo,


Teniéndote entre mis brazos


Besándote hasta en el infierno.


Se apagó el día,


Y tu mano dejó mis dedos.


Llegó la noche,


Y ya en ningún lugar,


En ningún sitio,


 te encuentro.


Ojitos de miel y trigo,


Dame como agua tus besos,


Que de sed muero y muero.


Vente conmigo al huerto


En el que me juraste


Ser reina del firmamento.


Que si no vienes,


Te encontrará el averno


Y sin preguntarte


Te engullirá dentro.


Vente a los olivos, vente


Que ya más, poder no puedo.

 

jueves, 27 de enero de 2022

¿CAMBIAR AL OTRO?

 La fuerza de la costumbre es inexorable. Creemos que estamos libres de condicionamientos, que nada puede con nuestra libertad y que, si queremos, podemos con cualquier cosa.

 

         Esta es una teoría tan esperanzadora como irreal. Nada aboca más al fracaso que las relaciones en las que uno piensa que puede cambiar al otro, e incluso en la que el “otro” piensa que puede cambiar por ese uno.




 

         A lo sumo, hablaremos de amoldarnos, de acomodarnos o encontrar un hueco en un escenario que no es el nuestro y al que tenderemos a ordenar como propio, sin remedio, a pesar de los esfuerzos. Por eso, todo intento, en este sentido, es vano.

 

         Lo que para uno es correcto, para el otro es impensable. Lo que uno toma como necesidad, el otro lo toma como superfluo y es ese punto donde todo se estropea si no se entiende esto.

 

         “ Durante el reinado de Darío, éste convocó a los griegos y les preguntó por cuánto dinero accederían a comerse a los cadáveres de sus padres. Ellos respondieron que no lo harían a ningún precio. Acto seguido, Darío convocó a los indios llamados calatias ( que devoran a sus progenitores), preguntándoles por qué suma quemarían a sus padres; ellos se pusieron a vociferar, rogándole que no blasfemara.”

Píndalo hizo bien al decir que la costumbre es la reina del mundo. (“El infinito en un junco”. Irene Vallejo. Pág. 187).

 

         No puede estar mas claro.

lunes, 24 de enero de 2022

LA ASIMETRÍA DEL AMOR



La simetría perfecta del corazón, albergando sentimientos paralelos, es imposible. Siempre alguien quiere más, a alguien se quiere mejor o alguien nos prefiere sobre otros.

 

Ni siquiera se cumple con los hijos, ni con los padres. Parece que leer esto nos dejase un mal sabor de boca o incluso un impulso a repeler lo que contiene. Pero así es.

 

Por lo que sea, nos sentimos más unidos a unas personas que a otras; con más afinidades, con mejores cualidades amorosas. Puede que mucha gente piense que eso no es querer menos, pero de alguna forma es querer mejor y eso influye en su peso sutil para inclinar la balanza.

 



Nuestro legado cultural nos lleva a rechazar la imagen de repartir los cariños. Tampoco debemos aferrarnos a idea espartana de medir con exactitud las porciones de amor que se llevan los que nos rodean. 

 

No pasa nada por querer distinto. Ni tampoco por querer de forma desigual porque posiblemente lo que queremos de más a algunas personas se compense, en las otras, de igual rango, con estimaciones intensas de aspectos contrarios a nuestra forma de ser y sentir. 

 

Cuando sentimos afinidad por cariños que son más cercanos, solemos reconocer en ellos algo nuestro; algo que se asemeja a lo que somos, algo que lleva nuestra marca y nuestro mensaje. Y en ese infinito flujo de cercanías nos sentimos seguros y disponibles por medio de una corriente de correspondencias inigualables.

 

Lo anormal es calibrar al milímetro los afectos. No permitirnos ni la más mínima posibilidad de disparidad. Al fin y al cabo, importa la cualidad con la que se ama porque no va de cantidades el tema.

 

 Cuando se ama a alguien, se ama. Poner los adverbios:  “mucho”, “poco”, “algo”…no tiene sentido, como no lo tiene sentirse culpable por hacerlo de otro modo.