Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


miércoles, 1 de abril de 2015

EL VALOR DEL RIESGO



..Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.
Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
-¿Estás loco?
-¿Para qué?
-Tu padre está delirando...
-¿Qué vas a buscar volando?
-¿Por qué no te dejas de tonterías?
-Y además, ¿quién necesita?
Los más lúcidos también sentían miedo:
-¿Será cierto?
-¿No será peligroso?
-¿Por qué no empiezas despacio?
-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas. Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra...
Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé,
y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.

Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.

Si uno quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.

JORGE BUCAY

lunes, 30 de marzo de 2015

EL CIELO ESTÁ AQUI, EL INFIERNO TAMBIÉN



Acabo de leer este fragmento y me ha llegado dentro. Sobre todo estas dos primeras frases.
"El cielo está aquí, solo que tienes que saber cómo vivirlo. Y el infierno también está aquí, y ya tú sabes perfectamente bien, como vivirlo.”

Posiblemente lo peor es saber dónde y cómo llegar al cielo y sin embargo estar en el infierno. No sabemos muy bien por qué camino nos lleva la vida a oscilar entre uno y otro y si en realidad, es nuestra disposición la que no deja que el cielo brille ni que el infierno arda menos.

         “ Es solo un asunto de cambiar tu perspectiva, tu encuentro hacia la vida.”
Punto de vista, lugar de referencia, trazos que van de un lugar a otro, sentimientos que oscilan, deseos que se escapan entre dudas y sin sabores.
Posiblemente sí, la vida sea más sencilla que la imagen que vemos en nuestra mente de ella. Tal vez, todo se resuma en muy poco importante. Pero hemos de encontrar el punto idóneo desde donde verlo.

              “ La tierra es hermosa si tu comienzas a vivir su belleza. Disfrutando de sus dichas, estás en el paraíso.
Si tu condenas todo, entonces la misma tierra se torna en un infierno, solo para ti.”
Efectivamente es así. La condena continua, la duda permanente, la inseguridad constante y el temor perdurable nos llevan al desencuentro y al desequilibrio. No se puede ser feliz entre tanta incertidumbre.
Demasiado desgaste para el alma y aún para el cuerpo.

        “Depende de ti en qué estado vives. Es tu propia transformación, no es un cambio de lugar sino un cambio de espacio interior.”
Ciertamente, me doy cuenta de que todo pasa en el interior y que este se recupera mucho peor que el edificio físico. El cambio se produce tan dentro que apenas si se reconoce cuando ha sucedido.

      “Vive en gracia, sin culpabilidad.”
Esto es quizá uno de los aspectos más difíciles. La culpabilidad, el desasosiego de estar seguros de si lo hemos hecho mal o bien; la certeza del daño que quisiésemos borrar de un soplo.

         “ Vive en totalidad y entonces el cielo dejará de ser un concepto metafísico para convertirse en tu propia experiencia".”
Sí. Finalizamos prácticamente como empezamos. El cielo es una experiencia propia saboreada desde nuestro propio paladar que nos invade por completo cuando la vida es gozada como una continuidad irrepetible.

Tú eres el cielo y también el infierno. Todo lo resumes en ti

 (Texto en azul.-Osho-)

domingo, 29 de marzo de 2015

UN MINUTO DE CALMA



Me he acostumbrado a tomar aliento. A realizar una parada en la tempestad. A respirar profundo y liberar el miedo, la ira y el disgusto. A soltar lastre. A escribir frases cortas en mi mente. A visualizar líneas divisorias que puedo cruzar. A desmoldar estamentos. A dejar de lado prejuicios. A ver claro en medio de la oscuridad. A poder asumir derrotas. A dar por perdido lo que no puedo cambiar. A dejar que los otros sean mientras soy yo misma. A no cambiar silencios por bienestar. A dejar lo que no quiero y a reclamar lo que merezco.

He aprendido la técnica del campo de flores.
Consiste en parar en el centro del huracán. Detenernos solamente un minuto de reloj. Imaginarnos en el interior de un campo de flores aromáticas y deliciosamente bellas. Respirar profundamente los aires limpios de cargas pesadas, admirar la claridad de los colores y envolverme con ellos.

El minuto en mi campo me posiciona en un lugar diferente a la vuelta. Cuando regreso, todo está en su lugar. Aún perdura el enfado, la incomodidad y el desánimo. Puede que incluso me estén esperando dispuestos a  volver a la carga. Pero yo, en ese momento, soy otra ya. No los miro igual, ni me siento de la misma forma. Y si me descubro  parecida, al menos, puedo apartarlos a una orilla para entretenerme a ellos en otro momento.

Detenernos un solo minuto puedo hacernos conectar con la paz; con esa serenidad que nos haga verlo todo de otra forma o al menos iniciar el camino para que deje de dolernos o deje de importarnos.

He aprendido que no se puede dar todo porque entonces, sobra.  Por eso me quedo, de vez en cuando, con ese minuto lleno de flores que tanto me ayuda.

VIAJE A ÍTACA




Iniciamos hoy una saga de pequeños retazos viajeros a través del interior. Un recorrido narrativo por las vicisitudes de uno mismo en contacto con el camino.

         Lo importante nunca será el destino, nunca la llegada, nunca la tierra conquistada. Lo importante será el trayecto, la travesía jornada a jornada, el recorrido y los encuentros. La senda y su soledad. Las victorias y las derrotas. Las glorias y las miserias.

         Comenzamos con el conocido “Viaje a Ítaca” de Kavafis que dará nombre a esta sección nueva de los domingos de forma alegórica.

Espero aprender junto a vosotros a disfrutar de este itinerario al epicentro del ser mismo, en el cual, nuestro protagonista, Owen, partirá de un hipotético lugar sin nombre y se dirigirá a un destino lejano e impreciso de ecos legendarios y gloriosos.
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Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.


Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.


Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.


(Viaje interior, conversaciones con uno mismo, con el viajero interior y con los errantes que se encuentre en el camino.)

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.

Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña