La vida funciona por contrarios. No sabríamos lo que es el dulce si no hubiésemos probado lo salado, ni el amargo o el ácido, si no se contrapusieran entre sí. No apreciaríamos el calor, si no hubiésemos temblado de frío o la riqueza, si no hemos sentido lo que es no tenerla.
Con el placer sucede lo mismo. Su intensidad, la apreciación de su fulgor, el dulce embargo al que nos lleva no sería tal si fuese permanente, indefinido y eterno. Todo placer, tarde o temprano conlleva su dolor. Es como si todo engendrase su contrario y lo tuviese hibernando dentro para hacerlo estallar en mil pedazos en algún momento.
Una persona cercana me hizo esta reflexión hace ya mucho tiempo: …” No hay nada peor, que recordar el placer en el tiempo del dolor”; no era suya. Parafraseaba, no recuerdo ahora, de algún pensador, pero anunciaba una realidad inapelable que es que todo se transforma en su contrario, alguna vez.
Estaremos pensando en la pena que produce sentir que lo que un día fue algo tan bello y gozoso, ahora apenas el simple recuerdo lo ensucia con el momento presente, carente de cualquier ápice de aquella maravilla que llenaba nuestro mundo. Sin embargo, algo innegable también es el hecho de que es mejor “ haber vivido”, lo que sea, placer, goce, dolor, ira… que no haberlo hecho nunca. Sin duda, son mejores los recuerdos que una mente vacía de ellos. Nada peor que no haber tenido experiencias buenas, malas o peores porque de todas se aprende, de todas podemos extraer esas gotas de pura vida que, en su momento, nos hicieron tocar el cielo con los dedos sin necesidad de llegar a él.
Si ahora estás gozando, disfruta de ello como si no hubiese un mañana. Si estás sufriendo, soporta con paciencia el momento presente, porque ello también te anuncia su contrario. No olvides que lo lleva dentro esperando silenciosamente para, en cualquier momento, darte una sorpresa inmensa.

Hay que disfrutar cada momento,sea bueno malo o regular
ResponderEliminarGracias 🌹🌹🌹🌹🌹