Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


jueves, 14 de junio de 2018

TODO SUCEDE CUANDO DEBE


 Leámoslo con detenimiento. En pocas palabras dice mucho. Repasemos nuestra historia. Encontremos los puntos de anclaje en ella.

 Feliz tarde!!



"En la INDIA se enseñan las "Cuatro Leyes de la Espiritualidad"
La primera dice: "La persona que llega es la persona correcta".
Nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación. 

 
La segunda ley dice: "Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido".
Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría
haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.
  

 
La tercera dice: "En cualquier momento que comience es el momento correcto".

Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

 
Y la cuarta y última: "Cuando algo termina, termina".
Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.

Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegó a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado

martes, 12 de junio de 2018

UN REFUGIO PARA TI

Cuando pensamos en algo cálido, tierno, reconfortante, seguro, delicado, compasivo, imperecedero … solamente hay un lugar al que todos acudiríamos: los brazos y el regazo de nuestra madre. 

Pero no nos imaginamos, tal vez, ahora, sino que la imagen que llega a nuestra mente es la de la niñez.



Ella lo tenía todo, lo podía todo, lo entendía todo.
Puede que ya no esté hace mucho tiempo o que esté contigo sin estar, o posiblemente no se encuentre en tu ciudad, o en tu espacio vital pero siempre va contigo.

Un aprendizaje que todas las madres nos enseñaron es el clave para vivir siempre instalados en esa seguridad. “No pasa nada, te tienes a ti”.

Efectivamente podemos encontrar en el interior el regazo que no está. Cerrar los ojos y comenzar a crear un escenario único en el que nos instalemos a nuestro gusto y al que invitemos a pasar solamente a aquella persona/s que nos provoquen las mismas sensaciones de bienestar.

La vida se complica mucho a veces. Las personas cambian, las situaciones también. En realidad, todo lo que tenemos es cambiable y mudable. 

Desde que nacemos nos empezamos a despedir; de personas, de juguetes, de paisajes, de lugares, de objetos. Seguramente si piensas en ti mismo/a y observas con detenimiento, no hay a tu alrededor nada de lo que había hace algunos años o muchos años. Todo se ha renovado hasta tu mismo cuerpo, cuyas células también han cambiado.

Nos apegamos a la seguridad de que nada cambie, a eso lo llamamos “todo va bien”, pero en realidad la vida muta continuamente y si no aceptamos el cambio nos arrastrará con él a la deriva.

El apego está en contra de la felicidad. Es difícil soltar cuando uno quiere lo que quiere. Es complicado querer la felicidad del otro cuando parece que va en contra de la nuestra. Pero cuanto más cerca estemos de aceptar los cambios, más serenidad llegará a nuestra vida.

Por otra parte, las personas que viven y mueren en el mismo cuadro vital se han perdido muchas cosas. Las experiencias son las que traen riqueza a nuestro saber. Son la forma de modelar la manera de estar y sentir en el mundo y la única manera de transformarnos y trascendernos.

Siempre hay un refugio para ti, dentro de ti.

Comienza a construir, emoción tras emoción, el templo que te cobije. 

Cuando todo vaya mal, refúgiate en él. Cuando todo vaya bien será aún más hermosa su acogida. No te alejes mucho, vuelve siempre.

Allí, dentro… te estarás esperando como la madre espera a su bebé.

 Encontrarás un refugio para ti en ti.


domingo, 10 de junio de 2018

CUANDO PIERDES SIEMPRE



Hay veces que tenemos la sensación de perder siempre. La convicción de que eso nos hace menos capaces y sobre todo la creencia de que nunca cambiará nuestra suerte.

          En realidad, solamente es una mala pasada de la mente. Nadie pierde siempre. Nadie gana siempre.

La vida es una escuela. Aprendemos, poco a poco, a recordar lo que hemos olvidado. Estamos diseñados para mejorar, para superarnos, para remontar las caídas y para avanzar.



Nos enseñan lo contrario. Nos hablan de la suerte, del destino y de reconocernos como menos capaces cuando repetimos errores muchas veces. Nos dijeron lo que somos y a lo que podíamos llegar o no según nuestros resultados, pero olvidaron hablarnos de lo que podemos llegar a ser, de la disciplina, el control mental y la fe absoluta en que las equivocaciones nunca son fracasos, sino oportunidades de mejora.

Uno tiene la sensación de menos precio cuando se compara con los demás y sale perdiendo en esa comparación. En realidad, el único elemento digno de ser comparado con nosotros es nuestra propia versión anterior.

Somos uno y somos muchos. Tantos como los que tengamos enfrente logren sacar lo mejor o lo peor nuestro. 

La persona que te conoce desde un ángulo, desde una posición y desde una perspectiva tiene una imagen de ti diferente a la de al lado, donde todo cambió.

Conocerse a uno mismo es el mayor reto que podemos tener. El mejor proyecto que podemos abordar. La mejor meta a la que podemos aspirar, pero para eso es necesario que nos enfrentemos a muchas situaciones diferentes, a muchas experiencias distintas.
 Solamente así podremos observar las versiones que de nosotros mismos aparecen en cada escenario.

Luego, míralas de frente, párate y respira.

Quédate con una para que sirva de colchón a tus emociones venideras.

El resto, incluidos tus errores no son más que pura ficción. 

Tú conoces tu mejor versión. 

Ejércela.